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Zulema Manrique / Superando el hambre emocional

Comer es un placer. La primera justificación que puede llevar a una persona a ingerir alimentos es la supervivencia (comemos para vivir, ¿no?). Pero, si nos planteamos por qué comemos, y nos paramos a pensar con detenimiento la respuesta, seguro que surgen muchas razones que llevan a una persona a comer más allá de por tener hambre.


“El hambre emocional es aquella sensación que lleva a comer de forma injustificada. Sin hambre real, sin motivo o situación real. Se trata de un estado de "confusión interna", según el cual el sujeto une la comida a las emociones”, explica África Urbano, psicóloga de la Unidad de Obesidad del Hospital Universitario HM Montepríncipe, en Boadilla del Monte (Madrid).


¿Qué lo desencadena?

Aburrimiento, soledad, estrés, ansiedad, tristeza, ira, enfado, abatimiento, depresión o baja autoestima son algunas de las emociones y situaciones que llevan con más frecuencia a una persona a comer de forma impulsiva sin mirar las consecuencias, según los expertos; aunque Urbano añade que también puede ocurrir que la persona asocie estados confortables y placenteros con la comida. Por ejemplo, no poder dejar de comprar palomitas cuando va al cine.


“Es cierto que se produce una calma momentánea, pero el problema sigue ahí, y las consecuencias tanto físicas como psicológicas son mayores. A medio y largo plazo, al dejarnos llevar por el hambre emocional se produce un aumento de sentimientos negativos, se recurre a


¿Cómo se puede diferenciar el hambre emocional del hambre real?

“Sentir hambre no es lo mismo que tener hambre. Cuando el sujeto come de forma organizada (cinco veces al día) sabe que entre una y otra ingesta no puede tener hambre, aunque la sienta o sienta el impulso de comer”, apostilla Urbano.


- Aparece de repente, al contrario que el hambre real, que aparece de forma paulatina.

- Demanda alimentos hipercalóricos. “No nos va a pedir 1 kg de brócoli, sino 5 donuts probablemente. Con el hambre emocional tenemos antojos por un alimento concreto.

- Con el hambre real te sientes bien cuando terminas de comer, en cambio con el hambre emocional sientes culpa, vergüenza e insatisfacción.



¿Cómo Frenar el Impulso de Comer?


1. Reconoce, cómo te sientes. Observar la emoción que nos impulsa a comer y ser conscientes de cómo nos sentimos es el siguiente paso para no derivar la emoción hacia la comida. "La mayoría de las relaciones desequilibradas con los alimentos vienen causadas por el hecho de no ser conscientes del hambre del corazón. Para colmarla debemos aprender cómo alimentar nuestros corazones" Lleva un dietario para anotar qué comes cuando te sientes solo, triste, enfadado o nervioso.


2. Obsérvate bien, antes y después. Antes de picar, ¿qué ocurre? Justo cuando sientes la necesidad de comer algo fuera de las horas habituales de comida, fíjate en qué sentías antes. Y pregúntate si ese tentempié o bebida ha conseguido cambiar tu estado de ánimo.


3. Reconforta tu hambre de Corazón. Cuando sientas hambre, intenta descubrir de qué tipo es. Si es emocional, elige ese alimento que te reconforta. Pero solo una porción pequeña, como un trocito de chocolate, una sola trufa o un helado de una sola bola.


4. No niegues tus emociones, dales una salida. La mejor manera de hacer frente a tus compulsiones es dar una salida real a las emociones que se experimentan: si se está deprimido, triste o solo, primero se puede llorar, desahogarse, pero después conviene salir con amigos, apuntarse a talleres para hacer nuevas amistades o ir al cine o al teatro. Si tienes ansiedad, caminar o hacer deporte ayuda a superarla. Si estás aburrido, busca una afición y explora todas sus posibilidades (tocar un instrumento, escribir…).


Se trata, por tanto, de buscar actividades que "te alimentan" como persona cuando sientas este tipo de hambre: hacer cosas que nutran tu corazón, hablar con alguien a quien quieras, jugar con tus hijos o tu mascota, trabajar un rato en el jardín o el huerto, escuchar tu música favorita o hacerte un pequeño regalo. Es importante buscar siempre actividades enfocadas a satisfacer la emoción, pero no a negarla


Referencias:

muysaludable.sanitas.es

infosalus.com/nutrición


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