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Zulema Manrique / Blanca Leonor Varela Gonzáles

Poetiza peruana más importante


Nació en Lima un 10 de Agosto de 1926. En el seno de una familia de escritores y artistas (biznieta de Manuela Antonia Márquez, nieta de Delia Castro e hija de Serafina Quinteras) Poetisa peruana considerada la más importante voz poética femenina del Perú, en buena medida por la difusión internacional que alcanzó su obra. La destacada representante de la poesía peruana fue considerada como una de las voces poéticas más importantes del género en todo Latinoamérica. Sus escritos han sido traducidos a diferentes idiomas como el alemán, francés, inglés, portugués, ruso e italiano. Formó parte del Generación del 50 y, en el año 2016, fue la primera mujer en ganar el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca.


El poder de sus descripciones cautiva a sus lectores y los lleva a mundos de un misticismo que se esconde tras palabras cercanas y tangibles; esto se puede apreciar en los poemas "Es fría la luz", "Morir cada día un poco más" y "Visitación".


A los dieciséis años ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos para seguir estudios de letras. En la universidad entró en contacto con los escritores de la generación del 50, especialmente con los poetas Sebastián Salazar Bondy, Jorge Eduardo Eielson y Javier Sologuren, con quienes formaría el grupo de los llamados "poetas puristas", en contraposición a los "poetas sociales" de la época. Conoció también a poetas como César Moro, Emilio Adolfo Westphalen y Manuel Moreno Jimeno, quienes la iniciaron en la tradición surrealista y en otras vanguardias, presentes en una parte de su obra. Al tiempo que comienza a asistir a la tertulia de Peña Pancho Fierro, dirigido por Alicia y Celia Bustamante.


En 1947 finalizó sus estudios y dos años después se casó con el pintor peruano Fernando de Szyszlo, en 1949 los esposos parten rumbo a Francia. Una vez en París conocen a Octavio Paz. En 1954, viajan a Florencia, para volver al Perú un año más tarde, conoció allí de primera mano el movimiento existencialista francés y demás posturas estéticas de la posguerra. También vivió algunos años en México, dirigiendo la sucursal peruana del Fondo de Cultura Económica de ese país.


De 1957 a 1960, residió en Washington. En 1962, volvió a Lima donde se estableció definitivamente, con contactos muy esporádicos con el ambiente literario. Colaboró en la revista Oiga de Lima, en la que escribió críticas de cine con el seudónimo de Cosme, y fue miembro del comité de redacción de la revista Amaru (1967-71), dirigida por Adolfo Westphalen. En 1996 recibió la Medalla Internacional Gabriela Mistral, otorgada por el gobierno chileno a personalidades destacadas de la cultura.


Su obra poética está formada por unos pocos libros, publicados sin prisa y cuando la mayoría de sus compañeros de letras ya habían editado sus trabajos. A los treinta y tres años, y luego de algunas pocas colaboraciones en revistas, publicó a insistencia del escritor mexicano Octavio Paz su primer poemario con el título Ese puerto existe (1959), con prólogo del mismo Paz. En este libro encontramos poemas de influencia surrealista que la escritora suprimió en ediciones posteriores, como los de la primera sección, denominada "El fuego y sus jardines", posiblemente por considerar que no se ajustaban a su lenguaje poético posterior.


En 2001, recibió el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo; en 2006, el Premio de Poesía Federico García Lorca, y un año después fue galardonada con el Premio Reina Sofía de Poesía Hispanoamericana, también recibió la Medalla de Honor por el Instituto Nacional de Cultura del Perú. Publicó los poemarios Luz de día (1963), Valses y otras falsas confesiones (1972), Ejercicios materiales (1993), El libro de barro (1993) y Concierto animal (1999). De las varias recopilaciones de su poesía, merecen mencionarse Canto villano (1996) y Como Dios en la nada (1999)

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Blanca Varela es una poetisa que no se complace en sus hallazgos ni se embriaga con su canto. Con el instinto del verdadero poeta sabe callarse a tiempo. Su poesía no explica ni razona. Tampoco es una confidencia. Es un signo, un conjuro frente, contra y hacia el mundo, una piedra negra tatuada por el fuego y la sal, el tiempo, la soledad. Y, también, una exploración de la propia conciencia. En sus primeros poemas, demasiado orgullosa (demasiado tímida) para hablar en nombre propio, el yo del poeta es un yo masculino, abstracto. A medida que se interna en sí misma –y, asimismo, a medida que penetra en el mundo exterior- la mujer se revela y se apodera de su ser. Cierto, nada menos "femenino" que la poesía de Blanca Varela; al mismo tiempo, nada más valeroso y mujeril: "Hay algo que nos obliga a llamar mi casa al cubil y mis hijos a los piojos". Poesía contenida pero explosiva, poesía de rebelión: "Los números arden. Cada cifra tiene un penacho de humo, cada número chilla como una rata envenenada…". Y en otro pasaje: "El pueblo está contento porque se le ha prometido que el día durará 25 horas. Esto es la inmortalidad." La pasión arde y se afila una frase que es, a un tiempo, un cuchillo y una herida: "Amo esta flor roja sin inocencia" – Octavio Paz


Falleció a los 82 años, el 12 de marzo de 2009, en Lima.


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