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Zulema Manrique / ¿Que nos deja el covid19 tras a un año de crisis? (2 de 3)

Las tres lecciones que dejó tras un año de pandemia


 “Primero, debemos salvaguardar nuestra infraestructura digital”. “Ha sido nuestra salvación durante esta pandemia, pero pronto podría ser la fuente de un desastre aun peor”.

¿Cómo sería eso posible? Cuándo se hacen estimaciones para prever o prepararse para la pandemia que siga, habría que pensar en un ataque a la red tecnológica global, porque es “la principal candidata” a ser “el próximo COVID-19″.

La informatización permitió que la humanidad resistiera en distintos planeos al ataque material del SARS-CoV-2, pero “también nos volvió más vulnerables al malware y la ciber guerra”, explicó. “Al coronavirus le llevó varios meses diseminarse por el mundo e infectar a millones de personas. Nuestra infraestructura digital podría colapsar en un solo día”.

 En segundo lugar, “cada país debería invertir más en su sistema de salud pública”. los políticos y los votantes a veces logran ignorar las lecciones más obvias”. Una de las lecciones que dejó el COVID-19 es que los países deberían invertir más en su sistema de salud pública, algo que, por más que suene obvio, no siempre se recuerda.

 Por último, sería conveniente establecer “un poderoso sistema global para monitorear y prevenir las pandemias”. “En la guerra inmemorial entre los humanos y los patógenos, el frente recorre el cuerpo de todos y cada uno de los seres humanos. Si esta línea se traspasa en cualquier lugar del planeta, nos pone a todos en peligro”. De ahí que “aún la gente más rica en los países más desarrollados tiene un interés personal en proteger a la gente más pobre en los países menos desarrollados. Si un nuevo virus pasa de un murciélago a un humano en un pueblo pobre de una selva remota, en pocos días ese virus se puede dar una vuelta por Wall Street”.


La estructura desnuda de un sistema anti plaga como ese existe, conformada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y varias otras instituciones sanitarias globales. Pero sus recursos económicos son más que escasos. “Tenemos que darle a este sistema algo de peso político y mucho más dinero, de manera tal que no dependa completamente de los caprichos de dirigentes autocomplacientes.


No les corresponde a ellos, porque son expertos y no autoridades elegidas por el voto popular, tomar decisiones sobre políticas de salud. “Eso debería seguir siendo prerrogativa de los políticos”, concluyó. “Pero alguna clase de autoridad sanitaria global independientes sería la plataforma ideal para recopilar información médica, monitorear riesgos potenciales, hacer advertencias y dirigir la investigación y el desarrollo”.


Patrones puntuales tras un año de pandemia:

1) La cloroquina y la hidroxicloroquina no son útiles en el tratamiento. Al comienzo de la pandemia, la cloroquina, un fármaco tradicionalmente utilizado para combatir la malaria, y su derivado, la hidroxicloroquina, fueron vistos como una esperanza en el tratamiento de la enfermedad causada por el nuevo coronavirus y llegaron a utilizarse, incluso en combinación con otros medicamentos, como antibióticos.


Didier Raoult, médico y microbiólogo responsable del estudio realizado en Francia, llegó a admitir en enero de este año que estas sustancias no reducen la mortalidad ni la gravedad de la enfermedad. Hace dos semanas, dio marcha atrás y defendió la medicación y sus efectos.


En julio del año pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) decidió suspender las pruebas con hidroxicloroquina después de descubrir que no había reducción en la mortalidad en pacientes con covid-19. Es decir, hasta ahora no existe una eficacia probada en el uso de estos fármacos para el tratamiento del covid-19.


Defensor abierto de la cloroquina desde el inicio de la pandemia, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, dijo durante a principios de este mes que no se arrepentirá de haber indicado el fármaco contra el covid-19 incluso con pruebas de su ineficacia contra la enfermedad. Según Bolsonaro, el uso puede demostrarse eficaz en el futuro o puede considerarse un placebo, pero "si no hace mal, ¿por qué no tomarlo?". "Por lo menos no maté a nadie", agregó. "Pero si la aprueban [la eficacia] quienes me criticaron, parte de la prensa, serán responsables".


Pero no es tan simple: además de no aportar beneficios, la cloroquina puede causar arritmias y otros daños al corazón de los pacientes.


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