Alfonso Velásquez / Más allá de la ley
- Alfonso Velásquez

- hace 4 días
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El sistema integral para unir al Perú productivo
A las puertas de una decisión electoral decisiva este domingo 7 de junio, el Perú no solo elige gobernantes; elige el modelo de desarrollo que definirá nuestro futuro. En este escenario, es urgente elevar el debate sobre el agro nacional y desterrar mitos. Algunos candidatos, por desconocimiento, repiten que nuestro sector es un simple exportador de materias primas brutas. Nada más alejado de la realidad. Lo que defendemos hoy es una agroindustria moderna, un ecosistema de altísima sofisticación tecnológica e innovación que constituye el mejor ejemplo de eficiencia y valor agregado en el país.
Las cifras y los hechos son contundentes: en los últimos 20 años, el sector ha crecido a un ritmo imbatible del 15% anual, superando ya los 15,000 millones de dólares en envíos globales. Detrás de cada arándano, uva o espárrago que llega a las mesas de Asia, Europa o Estados Unidos, hay un despliegue monumental de valor añadido: genética de vanguardia, ingeniería hidráulica de precisión, cadenas de frío automatizadas, certificaciones internacionales y una inteligencia comercial que conquista los mercados más exigentes del planeta. Esto es manufactura biológica de primer nivel.
Este milagro de competitividad nació de la estabilidad jurídica y de un sistema de promoción que incentiva la reinversión de utilidades en la misma tierra. Sin embargo, esta agroindustria del conocimiento ocupa apenas el 5% de la superficie agrícola nacional. Para conquistar las 4.5 millones de hectáreas adicionales que esperan ser puestas en valor, requerimos una firme decisión política gubernamental que potencie este motor y expanda sus fronteras.
El gran desafío histórico es lograr que la agricultura familiar de la sierra y la selva se incorpore a esta modernidad. Esto exige una profunda corresponsabilidad social del empresariado, saliendo al encuentro del pequeño productor para transferirle este "know-how" tecnológico y conectarlo a las cadenas globales. No es asistencialismo; es asociatividad productiva para democratizar el valor agregado.
Esta visión integral debe unirnos desde la costa hasta la montaña. Los incentivos de este modelo deben motivar también al sector minero a dar el gran salto en sus zonas de influencia: escalar sus proyectos de desarrollo agrario local hacia verdaderas cadenas agroindustriales de valor permanente.
La verdadera transformación del Perú no vendrá de repartir subsidios ni de multiplicar programas asistenciales. Vendrá de generar riqueza sostenible en cada territorio, creando oportunidades para que millones de peruanos produzcan más, vendan mejor y prosperen con dignidad.
Este domingo tenemos la oportunidad de consolidar un Perú que compite por su inteligencia y su capacidad de producir con calidad global. Apostemos por un sistema que nos conecta con el mundo y, sobre todo, nos une como hermanos en un solo esfuerzo de progreso y modernidad.




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