Alfonso Velásquez / Orden económico o decadencia
- Alfonso Velásquez

- hace 2 días
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El año termina y el Perú sigue atrapado en el mismo dilema: u ordenamos la economía, o seguimos administrando el caos. No es una discusión ideológica. Es una discusión práctica, productiva y urgente.
El número 12, con el que hoy postulo a diputado por Lima, simboliza orden. Y el orden es exactamente lo que le falta a nuestra economía. Hemos tolerado durante demasiado tiempo la informalidad, la ilegalidad y la improvisación como si fueran inevitables. No lo son. Son el resultado de malas decisiones —y de la falta de decisiones.
El Perú es un país rico. Muy rico. Agroexportación de clase mundial, minería estratégica, pesca con enorme potencial industrial, turismo diverso y una posición geoeconómica privilegiada en el Pacífico. Pero esa riqueza no se transforma automáticamente en desarrollo. Requiere reglas claras, inversión, infraestructura y un Estado que no estorbe.
Pero la riqueza principal del Perú es su gente. El bodeguero de la esquina, los comerciantes de Gamarra, los cocineros de cada distrito, los miles de emprendedores que salen cada día a ganarse la vida. Los oficinistas, los vendedores, los empleados, los colaboradores, las amas de casa, los jóvenes profesionales. El trabajo, la constancia y el ingenio están en el ADN de cada peruano. Y ese es el capital principal que debemos valorar para dar viabilidad a este nuevo enfoque de desarrollo. Darle a la gente lo que ellos esperan de sus dirigentes: valor real.
Hoy más del 70 % del empleo es informal. Eso no es inclusión: es estancamiento. La informalidad reduce productividad, limita el acceso al crédito, destruye la recaudación y perpetúa la pobreza. Y junto a ella crece la economía ilegal, que compite sin reglas, corrompe instituciones y expulsa a los empresarios formales del mercado.
La ilegalidad —minera, forestal, comercial, logística— es uno de los principales enemigos del crecimiento. No paga impuestos, no respeta normas, no cuida el ambiente y no genera futuro. Ningún país se desarrolla premiando al ilegal y castigando al que cumple.
Por eso el Perú necesita reafirmar el modelo económico que hoy le da sustento y competitividad como nación, pero dándole un giro más práctico y claro: menos trámites, menos permisos absurdos, menos discrecionalidad burocrática. Más inversión. Más producción. Más empleo formal. Las MYPES no necesitan discursos: necesitan acceso a mercados, financiamiento y reglas simples para crecer.
Respaldo la propuesta económica de Rafael López Aliaga porque plantea lo que muchos evitan decir: disciplina fiscal, seguridad jurídica, inversión privada como motor del crecimiento y un Estado que vuelva a cumplir su función básica. Sin despilfarro. Sin populismo. Sin romanticismos.
Un Perú potencia no se construye repartiendo pobreza ni tolerando la ilegalidad. Se construye produciendo, exportando, industrializando y ordenando. El crecimiento debe ser sostenido, pero también limpio y legal.
Cerrar el año es una oportunidad para decir las cosas como son. El Perú no necesita milagros. Necesita orden económico. Necesita confiar en su capacidad productiva. Necesita entender que sin ley no hay mercado, y sin mercado no hay empleo digno.
El 12 es orden. El orden es crecimiento. Y el crecimiento, bien hecho, es progreso real.
El próximo año debe ser el año de las decisiones firmes. O ponemos la economía en orden, o seguiremos perdiendo tiempo, oportunidades y futuro.








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