Alfonso Velásquez / Resiliencia del agro
- Alfonso Velásquez

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Resiliencia del agro frente a las anomalías climáticas
Una lluvia atípica volvió a desnudar la fragilidad de nuestra capital. Las avenidas de Villa El Salvador se convirtieron en ríos destructivos: pistas colapsadas, comerciantes perdiendo el trabajo de toda su vida y familias atrapadas con el agua al cuello dentro de sus propios hogares. La escena es trágica y recurrente. Sin embargo, la verdadera tragedia no la provoca el cielo; la provoca la indolencia del Estado.
Mientras el agua destruye viviendas y sofoca la economía familiar, informes de la Contraloría General revelan una realidad indignante: más de cien municipalidades registran un vergonzoso cero por ciento de avance en prevención de desastres. A nivel nacional, la inversión en el Programa Presupuestal 0068 ni llega a la mitad de lo asignado. Los recursos económicos estuvieron disponibles en las arcas públicas, pero la incapacidad municipal dejó a miles desprotegidos. La gestión pública tiene la obligación inexorable de anticiparse.
Pero aquí está el dato que enciende esperanza: mientras el Estado tambalea, la inteligencia empresarial del sector privado ha marcado un camino de resiliencia extraordinaria. En el norte y centro del país, productores visionarios construyen reservorios de geomembrana para almacenar excedentes hídricos. Instalan invernaderos con control climático para proteger cultivos de alto valor. Reconvierten aguas en acuicultura y piscigranjas. Con visión técnica, gobernanza productiva y encadenamientos estratégicos, estos empresarios transforman la amenaza del Fenómeno del Niño en reservas de productividad. No esperan al Estado; actúan. Innovan. Salvan sus negocios y crean empleo en sus comunidades.
Este es el drama nacional: el pequeño agricultor no puede dar este salto transformador solo. Carece del capital inicial para invernaderos o geomembranas. Carece de acceso a la asistencia técnica especializada. Carece de las líneas de financiamiento que el productor mediano y grande pueden autogenerar. Sin embargo, posee la capacidad, la voluntad y la raíz territorial para innovar. Aquí el Estado tiene su papel insustituible: facilitar, no reemplazar. Invertir en el paquete tecnológico que la emergencia climática ya demanda con urgencia.
Exigimos tres acciones inmediatas que transformen crisis en oportunidad productiva. Primero: Ley de Drenaje Pluvial Urbano Obligatorio que prohíba financiar cualquier obra de pavimentación vial sin incluir sistemas subterráneos de captación de agua. Segundo: Sanción y rediseño de municipalidades con cero ejecución presupuestal en prevención; transferencia de obras a entidades técnicas capaces antes de temporada de lluvias. Tercero —y central para rescatar el empleo rural—: Paquete tecnológico urgente financiado por el Estado para pequeños agricultores: geomembranas, sistemas de drenaje agrícola, cadenas de frío para conservación.
El clima no va a cambiar para hacernos la vida fácil. Los ciclos de El Niño volverán. Las lluvias atípicas seguirán cayendo sobre nuestras ciudades sin drenaje y nuestros campos sin infraestructura. Pero el Perú sí puede cambiar su respuesta. El productor nacional ya demostró que es posible transformar amenaza en oportunidad: resiliencia operativa, innovación tecnológica, gobernanza productiva en toda la cadena de valor. Lo que falta es un Estado que camine a su lado, facilitando, invirtiendo, garantizando mercados. De la improvisación reaccionaria a la prevención productiva planificada. Eso salva nuestras ciudades. Eso rescata la economía del Perú. Eso es lo que el país demanda hoy.




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