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  • Foto del escritorCarlos Ginocchio

Carlos Ginocchio / Comentarios reales 



El escritor Carlos Fuentes afirmó, en una entrevista, que “la realidad es más que cualquier libro, y existe sin necesidad de la ficción, la ficción crea una nueva realidad”. Vargas Llosa manifestó que “cuando la realidad se vuelve irresistible, la ficción es un refugio. Refugio de tristes, nostálgicos y soñadores”, y Tom Clancy alegaba que “¿la diferencia entre realidad y ficción?, la ficción tiene mayor sentido”.

 

Escritores y cineastas predijeron situaciones hoy comunes: robótica, genética, realidad virtual,  taxis aéreos, y drones, como también tuvieron aciertos en temas sociales, como la globalización, masificación de las ideas, fugacidad de las cosas, las democracias quiméricas, y el reemplazo del ‘ser’ por ‘estar, donde lo que importa es ‘aparecer’ – prensa, redes sociales, eventos – aunque sea por cualquier disparate o superficialidad; pero pocos vaticinaron que la ficción reemplazaría a la realidad, la intrascendencia a la sustancia, y lo virtual a lo presencial. De ahí que cada persona tiene su propia verdad y opinión, por lo que Clint Eastwood manifestó sabiamente que “las opiniones son como los ‘traseros’, cada uno tiene el suyo’. Los abuelos, recordando la ‘Ley Campoamor’ (poema LIX en ‘Las dos linternas”) comentaban que “nada es verdad, nada es mentira, todo depende del color con que se mira”, y hoy la gama es infinita. Dada la permanente colisión de criterios, en la prensa y las redes sociales, en vez de un parecer, es más esclarecedora la pura realidad, lo que permitirá conclusiones evidentes

 

Según el contralor, en 2021, 13.6% del presupuesto general de la República se fue en actos de corrupción, y en 2023, el perjuicio que esta causó fue de S/ 24,268 millones, aproximadamente 11% del presupuesto público de ese año.  Aplicando a la corrupción similar porcentaje a 2023, el 10% de la suma de los presupuestos públicos, en el período 2000-2023, esta se habría apropiado de 251,000 millones de soles. La brecha de infraestructura, para el período 2016-2025, ha sido calculada en US$159,549 millones por la Escuela de Gestión Pública de la Universidad del Pacífico, lo cual representa 590,000 millones de soles. En tal sentido, la corrupción sólo en el siglo XXI ha impedido reducir en 40% dicha brecha. Si consideramos un período mayor – 1968, desde el gobierno de Velasco hasta 2023 – y los montos de corrupción de cada época a valor presente, nuestra brecha de infraestructura estaría resuelta, y ello sin considerar el uso de recursos a obras intrascendentes, mal ejecutadas o inconclusas.

 

Un dato adicional es que el presupuesto público se ha cuadruplicado en 2023 en relación al año 2000, e incrementado 2.6 veces en relación a 2010; no obstante, los servicios públicos – educación, salud, acceso a energía, agua, y seguridad – no han mejorado en calidad ni siquiera la mitad de esas proporciones. Basta revisar esta información para percatarse que las soluciones para el Perú no están en la modificación de la Constitución o las leyes, sino en el cambio de las personas, y en todos los niveles de gobierno e instituciones públicas. Parodiando a nuestro expresidente Pedro Castillo, una ley que obligue a cumplir las restantes.

 

No es lo único.  En 2020, un informe de Sunat estimó que el contrabando en el Perú ‘movió’ US$ 565 millones de dólares, monto similar a 2014, por lo que podríamos inferir que en los últimos 10 años la cifra ha alcanzado más de 5,650 millones de dólares, casi 20,000 millones de soles. Entre enero y noviembre de 2023, según la SBS, se registraron operaciones sospechosas relacionadas con la minería ilegal que ascienden a un valor aproximado de 805 millones de dólares. Agreguemos el producto de la tala ilegal, el narcotráfico y la trata de personas.

 

Refiere DESCO que, entre 1980 y 1991, “la subversión habría ocasionado la pérdida de dos mil millones de dólares al destruir la estructura de las torres de electricidad de alta tensión. Otro estudio sobre «Economía y Violencia», elaborado por la institución Constitución y Sociedad en el año 1993, llegó a estimar en US$ 21,000 millones de dólares las pérdidas económicas para el país durante el periodo 1980-1992 (Cf. Puican 2003:12)” (Fuente: Capítulo 3, ‘Secuelas económicas’, CVR).

 

De otro lado, según noticia reciente de un diario limeño, ‘se perdieron S/ 35,000 millones de soles por la criminalidad en 2023’, sin mencionar la deficiente utilización de recursos destinados a obras sin impacto social, como pueden ser coliseos de gallos o los monumentos de huacos eróticos en Virú.

 

Si nos remontamos a los inicios de la República, los casos del guano, el contrato Dreyffus, y la compra de buques que no sirvieron para el conflicto con Chile (no me refiero al Huáscar), por mencionar algunos casos de descomposición, concluiremos que esta se ha apoderado de una cantidad de recursos que nos habrían resuelto todas las brechas de infraestructura.

 

La corrupción también se presenta en las instituciones privadas, en la elusión y evasión tributaria de malos empresarios, jefes de compras que reciben ‘comisiones’ por sus adquisiciones, inclusión de gastos ajenos a la naturaleza del negocio, y hasta cobros excesivos por sus productos y servicios a los usuarios, materia de otra columna.

 

Alfonso W. Quiroz, en su obra ‘Historia de la corrupción en el Perú”, primera edición 2013, señala en su ‘Prefacio’, que “enfoques innovadores demostraban, con rigor analítico, el negativo impacto de los altos índices de corrupción en el crecimiento económico y en el capital humano, particularmente en los países menos desarrollados”. Agrega, “la corruptela es importante a la hora de explicar el subdesarrollo, y el control de sus raíces sistémicas o institucionales, mejora las posibilidades que se produzca un desarrollo balanceado”, y que “la corrupta rapiña y abuso del poder beneficia a pocos a expensas de amplios intereses públicos”.

 

El colofón es que dejemos de lado las propuestas de cambios de la Constitución o de modelo económico,  y avoquémonos a combatir la corrupción y el crimen, y la puerta de ingreso a estas, como son las faltas éticas, morales, y una perversa tolerancia (claro ejemplo son los ‘mocha sueldos’ que son consentidos en el Congreso), y como escribe Alfonso Quiroz, “aunque algunas sociedades han tenido más éxitos que otras en ponerle freno a las corruptelas, ninguna ha logrado eliminar por completo este arraigado aspecto de las relaciones humanas”, pero si sumamos todos los perjuicios causados por este mal durante nuestra era republicana, con solo reducir los efectos a la mitad, nuestra brecha de infraestructura sería ‘cero’ y el Perú, realmente, una potencia mundial.

 

A modo de un excelente remedio para el optimismo, les recomiendo la película irlandesa ‘El club de los milagros’, en Hbo Max, dirigida por Thaddeus O'Sullivan, con Maggie Smith y Kathy Bates, donde un sacerdote les explica a los peregrinos al santuario de Lourdes, que, si no obtienen el milagro, sí la fe que les de fuerzas para esperarlo. Esperémoslo también.


 

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