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Carlos Ginocchio / Huachafería


La RAE define ‘huachafería’ como ‘cursi’, de uso en Perú y Bolivia. El Diccionario de Americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española, agrega es la ‘manera de comportarse afectadamente o aparentando pertenecer a una clase superior’, describiendo al arribista. Otra definición es la ‘persona de modales toscos, escasa educación y, por lo general, perteneciente a la clase social baja’.


Según Lucio Pezet, su origen “se remonta a la Revolución Industrial inglesa del siglo XVIII, en Whitechapel, barrio de obreros que trabajaban en las fábricas textiles de la zona. Algunos acumularon dinero y, lucían ostentosos atuendos y joyas, siendo denominados “chapsfromWhitechapel” y, luego, “whitechaps”. Hacia principios del siglo XIX, Perú contrajo una deuda con Inglaterra, y como pago entregó la administración de los nuevos ferrocarriles. Durante esos años, arribaron al Perú ingenieros y operarios ingleses para la administración de ferrocarriles. Estos señores, cuando observaban a gente vestida con pretensión e imitación de la moda europea, pero sin buen gusto, los calificaban como “whitechaps”, como en su país de origen. Este término fue asimilado fonéticamente por los limeños, quienes lo adaptaron como “huaychafs”; luego, “huaychafis”; finalmente, “huachafis”. Posteriormente, se le añadió el género y culminó su transformación en “huachafo” o “huachafa”.


En el Perú, se denomina de ese modo a quien, supuestamente (es subjetivo), cae en cursilería pretenciosa y peca de mal gusto, y sin importar clase social, etnia, origen, profesión, o recursos. Cristina Dreiffus Serrano, autora de ‘Producción cultural huachafa’ (Universidad de Lima), afirma que “los términos chicha o huachafo designan actitudes, bienes de consumo, productos culturales e, incluso, obras de arte, cuya imagen se remite a las características mestizas de nuestra sociedad. La combinación de tradiciones, caracteres locales, afanes modernizadores y la búsqueda de pertenencia a un entorno global son algunas de las fuerzas que confluyen en los productos mencionados”.


El término ‘chicha’ es la modernización de ‘huachafo’ e, incluso, se habla de una ‘cultura chicha’ que equivaldría a la cultura de la huachafería. Si puede ser considerada ‘cultura’, no es pretensión de este escrito, sino describir comportamientos que caen o resbalan en dicha categoría, algunos de la web ARKIV, que la describe como “algo sutil y complejo, una de las contribuciones del Perú a la experiencia universal; quien la desdeña o malentiende, queda confundido respecto a lo que es este país, a la psicología y cultura de un sector importante, acaso mayoritario de los peruanos. Porque la huachafería es una visión del mundo a la vez que una estética, una manera de sentir, pensar, gozar, expresarse y juzgar a los demás”.


Comportamientos huachafos, a mi parecer, y algunos de ARKIV como fuente:

- Los conductores televisivos que destrozan el idioma, y lo pervierten arrogándose actitudes intelectuales, reemplazando el correcto ‘motu proprio’ por ‘de motu propro’, o el vocablo ‘preveer’ en vez de ‘prever’. Los deportivos se llevan el título, cuando ‘entramos a la recta final’ (a los 40 minutos de un partido de fútbol), ‘la gordita’ (la pelota), y ‘se formaron las parejas y no es para bailar en un tiro de esquina los defensas eligen delanteros para marcarlos). Los entrevistadores que no permiten responder a sus invitados, o para una pregunta, anticipan un extenso argumento. No faltan quienes envían saludos por televisión a su mamita, primito, esposita, hijitos, y compadres.

- Mayores de 50 con chiquillas menores de 20 y, viceversa. ¿Quiénes son más huachafos, los mayores o los chiquillos?, se pregunta la web ARKIV. ¿Quiénes confunden ‘juventud’ con ‘billetera’ o quienes disfrazan esta con ‘amor’?

- Las morenas que se tiñen el cabello de rubio. Hace una década, un ejecutivo de una distribuidora de tintes me indicaba que, porcentualmente, el Perú era el país de América del Sur con mayor cantidad de rubias. En 2010, David Johnston, de la Universidad Tecnológica de Queensland, descubrió que, tras unos años de vida laboral, el sueldo de las trabajadoras rubias era superior al de otras asalariadas, pese a tener todas ellas el mismo nivel educativo. Ahí está el detalle.

- El uso abusivo del ‘ito’: en el Perú no solicitamos permiso o un beso, sino ‘permisito’, un ‘besito’, y que no sea rápido, sino ‘rapidito’, y en un ‘ratito’. ¿Un traguito?

- El uso exagerado de palabras en inglés: Ok, delivery, issue, catering, casting, marketing, test, cool, chat, faul, celebrity, lifting, selfie, software, spot, coach, footing, aerobic. La lista es interminable.

- Las personas con apellidos latinos, españoles y andinos con nombre anglosajón: Jefferson, Washington, en ocasiones mal escritos, Jhon o Walther.

- Monumentos que imitan temas como el beso, trabajo, el amor, o animales, como la paloma, el burro, el can, aunque algunos han servido para atraer turistas, como el huaco erótico en Moche.

- Congresistas con propuestas intrascendentes para establecer días del árbol, el cebiche, o el pisco sour. No es monopolio nacional, existen: día del Orgullo Zombie (4 febrero), tortilla de patatas (9 marzo), picnic (18 junio), llevar el perro al trabajo (21 junio), mujeres sin ropa interior (22 junio), trabalenguas (14 noviembre), camisa arrugada (20 diciembre).

- Quienes presumen de usar ropa de marca, aunque la cartera ‘Louis Vitton’, el ‘Rolex’, y la camiseta ‘Lacoste’, sean imitaciones. La pandemia nos trajo a los usuarios de mascarillas con adornos, etiquetas, o símbolos deportivos. La cereza es cuando mencionan cuánto les ha costado algún producto o su vivienda en Miami.

- Padres que consideran ‘no es por nada, pero sus hijos son lo máximo’ y te hacen soportar al niño cantando o declamando una poesía, fungiendo hipocresía, camino a convertirse en un Pavarotti.

- Quienes se refieren a sí mismos en tercera persona, como si estuviesen narrando una novela, pero de las malas.

- Los, las y les que inventaron un lenguaje supuestamente inclusivo, pero que solo conocen ellos.

- Nuevos oficios de formación desconocida: ‘senderólogos’, analistas políticos, prospectólogos. ARKIV propone la aparición de los ‘guachafólogos’.

- Súper relacionados que siempre conocen al personaje del momento, han estado tras un acontecimiento de importancia, y cuando una autoridad les llama la atención, recurren a la expresión: “usted no sabe quién soy yo”.

- Madres que definen a las parejas de sus hijas como ‘buen partido’ solo por un ingreso económico elevado, sin importar sea ignorante, alcohólico o maltratador.

- Los políticos alcanzan mayores niveles de ‘huachafería’: sus asistencias a programas cómicos, cuando se camuflan con las poblaciones pretendiendo ganar votos, menciones a citas y nombres de personajes famosos para justificar decisiones, incluyendo nefastos como Hitler. Cuando se premian entre ellos u otorgan las llaves de la ciudad, o hijos ilustres.

- Los cuadros de padres coloreados y retocados en las salas, el Corazón de Jesús y La Última Cena. La modernidad incluye el arreglo de las fotos con el ordenador.

- El uso de prendas amarillas en Año Nuevo, medias blancas con terno oscuro, falda sin medias, saco a cuadros con camisa con rayas.


Finalmente, quien realiza el esfuerzo de escribir un artículo como este.


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