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Embajador Jorge Castañeda / Puente entre CAN y ASEAN 

  • Embajador Jorge Castañeda
  • hace 4 horas
  • 4 min de lectura

Perú: la oportunidad histórica de ser el puente entre la CAN y el ASEAN

 

¿Por qué la Comunidad Andina debería dirigir su mirada al Sudeste Asiático? La respuesta no es geográfica sino estratégica y profundamente pragmática. Mientras la ASEAN, fundada en 1967, agrupa a once países (desde Brunéi hasta Vietnam) con más de 680 millones de habitantes y un PIB de 3,9 billones de dólares, la CAN, creada en 1969, reúne a cuatro naciones sudamericanas con una economía combinada de 0,93 billones. Lejos de ser un lastre, esta desproporción constituye, a mi juicio, la base de una oportunidad singular: la ASEAN demanda materias primas y alimentos para sostener su entramado industrial, mientras nosotros requerimos su tecnología, inversión y capacidades logísticas. En esa ecuación de necesidades recíprocas reside el verdadero potencial para tejer alianzas que trasciendan el mero intercambio comercial y se conviertan en una asociación de desarrollo compartido.

 

Las economías de ambos bloques no compiten; se complementan. Mientras la ASEAN ha perfeccionado una estructura basada en la exportación de bienes industriales y redes de producción regionalizadas, la CAN mantiene un perfil exportador centrado en materias primas y manufacturas de cada país por separado. Precisamente ahí radica el valor del intercambio: no se trata de vender lo mismo, sino de aprender mutuamente. La transferencia de conocimientos en encadenamientos productivos podría ser el verdadero motor de esta relación.

 

En mi opinión el Perú tiene la posibilidad de erigirse como el nexo natural entre la Comunidad Andina (CAN) y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) gracias a su doble condición: miembro activo de la CAN y Socio para el Desarrollo de la ASEAN —un estatus que solo poseen seis países en el mundo y a la circunstancia actual que los Gobiernos de los 4 países de la CAN son promercado y que el Perú ejerce la Presidencia de la CAN para el periodo 2026-2027,

 

 Aprovechar esta posición privilegiada exige pasar de las buenas intenciones a los hechos. Para ello es necesario impulsar que la Secretaría General de la CAN, establezca con la ASEAN un mecanismo de diálogo birregional periódico —como reuniones anuales entre secretarios generales o viceministros para intercambiar buenas prácticas en facilitación aduanera y comercio digital. De esta manera, al el Perú no solo refuerza su liderazgo dentro de la CAN, sino que sienta las bases para una cooperación amplia y estructurada entre toda la Comunidad Andina y el bloque asiático

 

En ese sentido, el diálogo institucional y la cooperación bilateral pueden estructurarse en torno a tres ejes estratégicos que permitan aprovechar esas sinergias. En el Ámbito comercial la diversificación de los flujos de bienes, y servicios, el fortalecimiento a las micro, pequeñas y medianas empresas mediante redes de apoyo, la mejora de la conectividad logística y las cadenas de suministro para hacerlas más eficientes y resilientes. Paralelamente, en materia Sostenibilidad y transición la cooperación en el intercambio de técnicas agroindustriales y de seguridad alimentaria, la ejecución de proyectos conjuntos para enfrentar el cambio climático y acelerar la transición energética, así como el desarrollo de mecanismos de asistencia humanitaria coordinada y reducción de riesgos.

 

Por último, el pilar social y digital con la cooperación en la innovación tecnológica y el gobierno electrónico, la cooperación educativa y cultural mediante la homologación de marcos de referencia y la preservación del patrimonio, y la incorporación de políticas de género que promuevan el empoderamiento económico de la mujer, de modo que todos estos frentes converjan en una asociación integral y de largo plazo

 

Sin embargo, el camino no es sencillo. La falta de diálogo birregional sostenido, la distancia geográfica y la ausencia de un acuerdo marco han lastrado cualquier avance. Pero ¿son estos obstáculos insalvables o meras excusas? Se argumenta que la distancia y la conectividad son barreras, pero en la era de los mega -buques y el comercio digital, esa distancia se mide en horas de conectividad, no en kilómetros. Y aquí es donde el Puerto de Chancay cambia las reglas del juego. También se dice que la CAN (con su integración profunda) y la ASEAN (con su enfoque flexible) son incompatibles; sin embargo, la diversidad de modelos nunca ha impedido el diálogo entre la Unión Europea y el Mercosur. Lo que falta no es un molde único, sino voluntad política para construir puentes sectoriales.

 

La presidencia del Perú en la Comunidad Andina durante el periodo 2026-2027 constituye una plataforma privilegiada para asumir un rol de articulador con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, lo que no solo refuerza el liderazgo del país en el bloque andino, sino que también eleva su peso diplomático y su capacidad negociadora al actuar como el nexo oficial entre ambas regiones. Este posicionamiento estratégico se complementa con el potencial de la infraestructura portuaria peruana, en particular el Puerto de Chancay, que se perfila como un activo clave para potenciar la conectividad y facilitar el intercambio comercial con el dinámico mercado asiático. Si bien los frutos de esta apuesta no serán inmediatos, sus efectos serán graduales y de gran alcance, ya que la cooperación con la ASEAN no constituye un fin en sí misma, sino un medio para profundizar la inserción del Perú en el Asia-Pacífico, sumándose a su participación en foros como APEC y el tratado CPTPP, y para consolidar al país como el centro logístico que enlace a la Comunidad Andina con el Sudeste Asiático, proyectando así una influencia regional que trasciende lo meramente comercial.

 

Ahora bien, el escenario global no es un camino de rosas. La competencia entre Estados Unidos y China, las tensiones arancelarias y la reconfiguración de las cadenas de suministro podrían desviar la atención de los países miembros de la ASEAN y de la CAN. Pero, precisamente por eso, considero que Perú no puede darse el lujo de esperar un "momento perfecto" que nunca llegará. La inacción, en tiempos de incertidumbre, es el peor de los riesgos.


 

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