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Embajador Jorge Castañeda / Seguridad alimentaria peruana 

  • Embajador Jorge Castañeda
  • 30 mar
  • 7 Min. de lectura

Actualizado: 30 mar

La seguridad alimentaria en el Perú: desafíos y oportunidades

 

La seguridad alimentaria es fundamental para un país, ya que garantiza el acceso a alimentos nutritivos y seguros, reduce la pobreza y la desigualdad, y fomenta el desarrollo económico y social. En el Perú, este tema es complejo y enfrenta desafíos económicos, ambientales, sociales y políticos que afectan la disponibilidad y acceso a alimentos saludables. Entre ellos destacan:

 

La desigualdad económica y la pobreza son factores significativos que afectan la seguridad alimentaria especialmente en áreas rurales. Aproximadamente el 30% de la población rural vive en condiciones de pobreza, lo que limita su acceso a alimentos nutritivos y variados. En algunas regiones de las zonas andinas y amazónicas, la pobreza extrema supera el 40%. Además, en áreas urbanas, la inflación y la volatilidad de los precios de alimentos importados, como arroz y trigo, afectan significativamente a las familias de bajos ingresos, reduciendo su capacidad para adquirir alimentos básicos y nutritivos.

 

La agricultura y los sistemas productivos: La agricultura familiar fragmentada es un desafío significativo, ya que el 75% de los productores son pequeños agricultores con acceso limitado a tecnología, créditos y mercados. El cambio climático agrava esta situación, con fenómenos como El Niño y sequías que reducen las cosechas y el retroceso de glaciares que afecta el suministro de agua para riego. Además, la pérdida de biodiversidad es preocupante, ya que la expansión de monocultivos y la deforestación amenazan la agrobiodiversidad, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria del país.

 

Desafíos nutricionales significativos.

La doble carga de malnutrición es un desafío significativo, donde coexisten la desnutrición crónica y el sobrepeso/obesidad. La desnutrición crónica afecta al 12% de niños menores de 5 años a nivel nacional, y alcanza el 25% en regiones como Huancavelica. Además, el sobrepeso y la obesidad afectan al 60% de adultos en zonas urbanas, mientras que la anemia afecta al 40% de niños de 6 a 36 meses en áreas rurales.

 

Infraestructura y acceso. La limitada conectividad y la falta de infraestructura son desafíos críticos. El 70% de las carreteras rurales son trochas, lo que dificulta el transporte de alimentos y productos agrícolas, afectando la disponibilidad y el acceso a alimentos frescos y nutritivos. Además, la falta de almacenamiento adecuado provoca la pérdida de hasta el 30% de las cosechas de papas y maíz, impactando negativamente en la economía de los productores y la seguridad alimentaria del país.

 

Factores políticos e institucionales limitan la efectividad de las políticas y programas contra la inseguridad alimentaria. Políticas fragmentadas, como Qali Warma y AgroPerú, tienen una cobertura limitada en zonas remotas, dejando a muchas comunidades sin acceso a servicios básicos de alimentación y nutrición. La corrupción también es un problema persistente que desvía fondos destinados a programas sociales y agrícolas, perpetuando la inseguridad alimentaria y la desigualdad en el acceso a alimentos nutritivos.

 

Crisis globales que han exacerbado la inseguridad alimentaria. La seguridad alimentaria ha sido afectada por crisis globales, exacerbando la inseguridad alimentaria y vulnerabilidad de las poblaciones más desfavorecidas. La pandemia de COVID-19 aumentó la inseguridad alimentaria del 20% al 33% entre 2019 y 2021, según la FAO, debido a la disrupción de cadenas de suministro y pérdida de ingresos. Además, la crisis de fertilizantes provocada por la guerra en Ucrania ha elevado los costos de insumos, afectando a pequeños agricultores y agravando la inseguridad alimentaria y pobreza rural.

 

Vulnerabilidad de las poblaciones amazónicas. Las poblaciones amazónicas, como las comunidades shipibo-Konibo, enfrentan inseguridad alimentaria debido a la contaminación de ríos y la pérdida de tierras, afectando su capacidad para producir y acceder a alimentos nutritivos. Además, las mujeres rurales son un grupo vulnerable, con menor acceso a créditos y tierras, a pesar de ser responsables del 60% de la producción de alimentos en el país, lo que limita su capacidad para contribuir a la seguridad alimentaria.

 

Principales avances logrados para hacer frente a los desafíos de la seguridad alimentaria en el Perú

Perú ha logrado avances significativos en seguridad alimentaria, aunque persisten desafíos estructurales. La desnutrición crónica infantil disminuyó del 28% en 2008 al 12.1% en 2022, gracias a programas como Qali Warma y campañas contra la anemia infantil. El país también se consolidó como líder agroexportador, con ventas que superaron los USD 12,700 millones en 2024. Iniciativas como el Programa Sierra y Selva Alta fortalecieron a pequeños agricultores mediante técnicas sostenibles y acceso a mercados. Sin embargo, persisten retos como el acceso a alimentos nutritivos en zonas rurales, la vulnerabilidad ante fenómenos climáticos y la dependencia de fertilizantes importados. La Ley de Seguridad Alimentaria y Nutricional (2021) y alianzas con organismos internacionales buscan articular políticas integrales para consolidar los avances y garantizar una seguridad alimentaria sostenible.

 

Soluciones para enfrentar los desafíos de la seguridad alimentaria

La seguridad alimentaria en el Perú requiere un enfoque multisectorial que priorice la inversión en infraestructura rural, fortalezca la agricultura familiar resiliente al clima y combata la desigualdad mediante políticas inclusivas. La articulación entre Estado, sector privado y comunidades es fundamental para garantizar el acceso a alimentos nutritivos y sostenibles. Para mejorar la seguridad alimentaria en el Perú, es esencial diseñar soluciones adaptadas a su realidad geográfica, cultural y socioeconómica. A las medidas viables para abordar los desafíos identificados, pueden ser:

 

Fortalecimiento de la agricultura familiar

Es crucial fortalecer la agricultura familiar resiliente al clima y asegurar la disponibilidad de agua, especialmente ante el retroceso de glaciares andinos. En ese sentido, la tecnificación sostenible, como sistemas de riego por goteo y recuperación de infraestructuras ancestrales, puede optimizar el uso del recurso y mitigar la escasez hídrica. La implementación de sistemas de cosecha de agua es crucial en zonas altoandinas, y proyectos como "Siembra y Cosecha de Agua" han demostrado ser efectivos.

 

Es fundamental capacitar a los agricultores familiares en manejo de suelos y uso de biofertilizantes para reducir la dependencia de insumos importados. También es crucial promover la agrobiodiversidad mediante la incentivación de cultivos nativos adaptados al clima, como la papa nativa y la quinua. La creación de bancos de semillas comunitarios permitirá preservar variedades locales y garantizar la disponibilidad de semillas para futuras generaciones, fortaleciendo la agricultura familiar resiliente al clima y mejorando la seguridad alimentaria en el Perú.

 

Adaptación al cambio climático y reducción de pérdidas postcosecha  

El monitoreo climático es esencial para alertar a los agricultores sobre eventos climáticos extremos, y la tecnología satelital ha demostrado ser una herramienta valiosa. La creación de bancos comunales de semillas nativas resistentes a sequías y heladas puede ayudar a los pequeños productores a mantener su producción. Además, la expansión de seguros agrícolas y la reducción de pérdidas postcosecha son cruciales para aumentar la disponibilidad de alimentos. Establecer centros de acopio refrigerados y capacitar en técnicas de procesamiento pueden ayudar a los productores a diversificar sus productos y acceder a nuevos mercados, mejorando la resiliencia de la agricultura peruana frente al cambio climático y aumentando la seguridad alimentaria.

 

Políticas públicas con enfoque territorial y cultural  

Es fundamental integrar las compras estatales con productos de la agricultura familiar, priorizando cultivos locales como la anchoveta, la sangrecita y los tubérculos andinos. Un ordenamiento territorial que zonifique cultivos según aptitud climática, como café y cacao en la selva alta y vid en la costa sur, permitiría una gestión más eficiente. Además, la inclusión de planes de seguridad alimentaria en presupuestos participativos de gobiernos locales garantizaría una gestión descentralizada y más efectiva para abordar las necesidades alimentarias de las comunidades.

 

Políticas integrales contra la malnutrición. Para combatir la malnutrición es necesario fortalecer programas como Qali Warma, que brindan alimentos ricos en hierro y suplementos en zonas rurales. La promoción de huertos escolares y familiares también puede contribuir a diversificar las dietas con hortalizas y frutas locales. Además, la regulación de la publicidad de alimentos ultra procesados y la imposición de impuestos a bebidas azucaradas pueden ayudar a combatir la obesidad.

La educación alimentaria e innovación inclusiva son fundamentales para mejorar la seguridad alimentaria en el Perú. Revalorar las dietas tradicionales ricas en hierro y proteínas, y promover recetas saludables y nutritivas pueden ser efectivas para combatir la anemia. Los huertos escolares interculturales y las escuelas de campo para mujeres también pueden desempeñar un papel crucial en la transmisión de conocimientos agroecológicos.

 

Inclusión financiera y acceso a recursos: La seguridad alimentaria en el Perú requiere la inclusión financiera y el acceso a recursos para los pequeños agricultores y comunidades rurales. Es fundamental simplificar los trámites para acceder a créditos y crear fondos rotatorios gestionados por las comunidades, lo que permitirá a los pequeños agricultores acceder a financiamiento para mejorar sus producciones y aumentar su resiliencia ante fenómenos climáticos adversos. La implementación de seguros agrícolas y la titulación de tierras también son esenciales para proteger a los agricultores de pérdidas y mejorar su productividad y competitividad.

 

La innovación tecnológica es una herramienta valiosa para promover una alimentación saludable, sostenible y equitativa. Plataformas digitales para pronósticos climáticos y aplicaciones móviles que conecten a los pequeños productores con los compradores, como aplicaciones móviles como AgroMarket, pueden acercar la tecnología a las comunidades rurales. Además, el uso de drones para mapear cultivos y detectar plagas puede mejorar la eficiencia y la productividad. La bioeconomía ofrece oportunidades para impulsar industrias locales de súper alimentos, como la maca y el camu camu, generando ingresos y empleos para las comunidades rurales.

 

La seguridad alimentaria también puede ser fortalecida mediante sinergias entre biodiversidad, economía y turismo. Potenciar marcas colectivas y denominaciones de origen puede agregar valor a los productos nativos y promover la conservación de la biodiversidad. Proyectos agro turísticos vinculados al pisco o al cacao pueden diversificar los ingresos de las comunidades rurales y fortalecer la identidad cultural.

 

Empoderamiento de mujeres y comunidades indígenas: La seguridad alimentaria requiere un enfoque de género que promueva la igualdad y la participación de las mujeres rurales. Es fundamental capacitarlas en gestión empresarial y garantizar su participación en cooperativas agrícolas para mejorar su calidad de vida. Incluir cuotas de liderazgo femenino en programas como Agroideas también es esencial. Además, proteger los territorios indígenas es crucial para garantizar la seguridad alimentaria de las comunidades amazónicas, combatiendo la minería ilegal y la tala para preservar la biodiversidad y los ecosistemas.

 

Conclusión  

La seguridad alimentaria es un desafío complejo que requiere soluciones integrales y sostenibles. Es fundamental combinar políticas públicas efectivas, innovación contextualizada y participación activa de las comunidades. La biodiversidad del país es una ventaja estratégica para promover sistemas alimentarios resilientes y sostenibles, respetando saberes locales y tradicionales, e incorporando tecnologías e innovaciones para mejorar la productividad y eficiencia. La clave está en construir sistemas alimentarios que vinculen campo y ciudad, tradición y tecnología, garantizando un acceso equitativo a alimentos nutritivos y seguros en todas las regiones del país.


 

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