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Fabiola Morales / El ciudadano merece confianza


La “cuarentena” decretada por el gobierno peruano es una de las más largas del mundo; sin embargo, los resultados son bastante discutibles, las cifras oficiales de contagiados por la pandemia del Covid-19 es más alta que la de países como Italia y España; y los fallecimientos más que por la enfermedad se han producido, en muchos casos, por la falta de oxígeno, de camas y de ventiladores mecánicos.


Por tanto, seguir exigiendo el cumplimiento estricto de un confinamiento en las casas, por más tiempo, no tiene sentido; sobre todo porque es necesario y urgente reactivar la economía empezando por quienes tienen menos recursos y que, toman las calles ofreciendo sus productos, a pesar de la dura persecución, para poder ganarse el pan del día para ellos y su familia.


También la pequeña y mediana empresa formal necesita salir adelante, sin tanta traba como le está poniendo el gobierno con protocolos tan absurdos como imposibles de cumplir. ¿Cómo se puede exigir tener un médico a una pequeña empresa para abrir sus puertas, cuándo se necesitan tanto estos profesionales en los hospitales que se han quedado al 50% de atención, entre otros motivos, porque muchos han fallecido en esta pandemia? Si bien el Ministerio de Economía, parece tener más visión para apurar la recuperación económica del país, el de Trabajo no acompaña este esfuerzo cuando coloca trabas inflexibles burocráticas y populistas que, entre otras cosas, van a producir mayor informalidad, además de colocarle freno a la iniciativa privada con la consecuente pérdida de más puestos de trabajo.


Los emprendedores están haciendo su esfuerzo, tanto en creatividad para empezar nuevos negocios, como en el cuidado de la salubridad de sus clientes. Las ventas de productos y servicios por delivery, son un ejemplo del empuje y de responsabilidad de los peruanos en este sentido. Todos acuden a los domicilios de los consumidores con mascarillas, máscaras trasparentes, gel y respetan la distancia.


Hace rato que muchas personas, especialmente mujeres y jóvenes, se han puesto a la labor de idear productos y nuevos servicios, compitiendo con los supermercados grandes y las tiendas comerciales, todavía cerradas. Utilizan muy bien las redes sociales para publicitar su mercadería; recurren a las App para difundir sus catálogos y precios, así como para recibir pedidos y pagos por trasferencias en el sistema financiero. La resiliencia ha sido la respuesta inmediata a la crisis económica de las familias que han perdido el empleo o han visto recortado su sueldo significativamente. Si bien, tal vez, no estábamos prevenidos, muchos han sabido reaccionar casi inmediatamente, ya sea invirtiendo sus ahorros, o sus adelantos de jubilación del Sistema Privado de Pensiones.


En las zonas populares más pobres, donde se han cansado de esperar los prometidos bonos y las canastas de primera necesidad flameando banderas blancas, también se han organizado entre vecinos y han paliado el hambre con las “ollas comunes” para alcanzar al menos una ración al día, especialmente para las personas mayores y los niños.


Todo lo cual prueba que el gobierno, tiene mucho que aprender de los ciudadanos. De todos aquellos que han podido sobrevivir estos 100 días de encierro sin ninguna ayuda, sino más bien con trabas estatales. No confiar en que las personas y en su capacidad de cuidar su salud y la de su familia, a estas alturas, es un despropósito; como lo es, no permitir abrir las Iglesias para que los católicos podamos acudir a Misa, con los debidos cuidados, como se está haciendo en todo el mundo.


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