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Fabiola Morales / El silencio de los culpables


Nos solidarizamos con los periodistas Eduardo Quispe y Elmer Valdiviezo, del Programa “Cuarto Poder” de América Televisión, quienes por 5 horas fueron secuestrados, según sus propios testimonios, en manos de ronderos de un distrito de Cajamarca que los obligaron a leer y transmitir un comunicado para las audiencias de este canal.


Irónico que este grave atentado contra la libertad de información se produzca justo en el mismo programa y en el mismo canal donde, como todos lo recordamos, durante la última campaña electoral y bajo la dirección de la colombiana Clara Elvira Ospina, mostrara en un largo y bucólico reportaje: a un campesino de esa tierra, humilde maestro rural, cuidando sus pequeños cultivos y sus gallinas; mientras era candidato a la Presidencia de la República.


La protesta del medio, ahora bajo la dirección del experimentado Gilberto Hume, ha sido clara y contundente, calificando el hecho como “un acto de extorsión” que, por supuesto, es por demás abusivo, preocupante y que compromete al Gobierno, porque los periodistas mencionados, estaban investigando la injerencia de la “cuñada-hija” del presidente José Pedro Castillo, en las labores deberían realizar los funcionarios de los ministerios en coordinación con las autoridades locales.


Eduardo Quispe ha relatado el hostigamiento que sufrió él y el camarógrafo, por parte de los ronderos, desde que llegaron al pueblo con la finalidad de ampliar la información que habían presentado el domingo en el citado programa. Afirmó cómo, poco a poco, se vieron rodeados por numerosos hombres armados con machetes que los amenazaban, les llenaron la camioneta de piedras y los amedrentaron con distintos eslóganes, propios de las rondas, hasta que los obligaron a redactar y leer un texto en el que “desmentían” lo afirmado en el reportaje trasmitido en el programa dominical.


Un hecho abusivo que no se puede cometer contra periodistas, ni contra nadie en este país donde todos los peruanos, también las llamadas “minorías”, deben respetar; porque vivimos bajo un Estado de Derecho y la misma Carta Magna que nos obliga a todos. Por tanto, no es un asunto que sólo afecte la libertad de la información; sino también el libre tránsito y la libertad de decisión al que todas las personas tenemos derecho y a no ser coaccionadas por nadie.


Es preocupante, porque nos recuerda a las épocas en que el terrorismo marxista leninista imponía por la fuerza su ideología a los pueblos más humildes de la sierra y no admitía un paso atrás, bajo la amenaza del fusil. Y, si alguien piensa que exageramos, los invitamos a recordar cómo lo primero que apareció como señal de lo que ocurrió después, fueron perros muertos y colgados en los postes de luz.


Compromete al Gobierno, porque el hecho que los periodistas investigaban implica directamente a la familia del Presidente y porque el manifiesto que los ronderos obligaron a difundir, en la señal abierta de la televisión peruana, fue precisamente el “desmentido” a una investigación de hechos noticiosos y sospechosos de corrupción, al que todos los ciudadanos en una democracia tenemos derecho a conocer.


Es el momento en que todos los peruanos -incluidos los caviares, los “niños”, los más timoratos, los tibios y los inocentones- respecto de lo que podemos esperar de este gobierno, abran los ojos y protesten de manera contundente ante un Presidente que, frente a estos graves hechos, ha callado en siete idiomas; un presidente del Consejo de Ministros que duda y un ministro del Interior que lo único que atina a balbucear es que la “Fiscalía investigue”.


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