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Fabiola Morales / Venezuela sin Maduro 

  • Foto del escritor: Fabiola Morales
    Fabiola Morales
  • hace 2 horas
  • 3 Min. de lectura

En la madrugada del 3 de enero, se produjo una intervención militar del gobierno de los Estados Unidos en Venezuela, cuidadosa y largamente planificada, para capturar al dictador Nicolás Maduro y Cilia Flores, su esposa, acusados de “conspirar para cometer narcoterrorismo, importar cocaína y poseer dispositivos destructivos” contra el país del norte, ahora presos y procesados.

 

La noticia, que no acaba de comentarse en todo el mundo, ha causado la reacción festiva de la diáspora venezolana, en primer lugar. Hemos visto cómo en Lima y en las principales metrópolis donde viven alrededor de 8 millones, han salido familias enteras a celebrar la caída de la cabeza del “chavismo”, que gobierna Venezuela desde hace 27 años gracias al terror desatado por la fuerza de las armas, produciendo la detención, muerte y desaparición de miles de personas.

 

En Venezuela, la reacción de la ciudadanía ha sido la del miedo, motivo por el cual han preferido quedarse en sus casas y solo salir para abastecerse de alimentos y medicinas, sabiendo que el chavismo los vigila barrio por barrio, casa por casa, por medio de sus agentes vecinales muy bien entrenados por el gobierno comunista de Cuba, cuyas estrategias y especialistas han dado sostenibilidad al régimen a cambio de petrodólares para mantener la precaria economía de la isla de los Castro.

 

Pero el poder mediático, en el mismo Estados Unidos, se ha mostrado dividido, porque si bien no han podido negar el éxito de la operación veloz y quirúrgica militar que ha tenido éxito en su objetivo, sin producir bajas civiles, logrando descabezar a un gobierno amigo de agrupaciones terroristas, narcotraficantes y de delincuentes que mantienen en vilo a todo el continente; no les ha gustado que el protagonista del guion haya sido el gobierno republicano, ni menos Donald Trump con Marco Rubio.

 

Los especialistas en derecho internacional también dividieron sus opiniones entre quienes suscriben que hubo “violación del derecho internacional” a la no intervención en otros países y quienes han explicado la figura jurídica usada por el gobierno de Trump, invocando la legítima defensa de la seguridad nacional del narcotráfico y la delincuencia, lo cual justifica el uso de la fuerza militar sin consultar al Congreso para proteger a la nación y que ello no implique una acción prolongada.

 

Los líderes europeos y latinoamericanos también han emitido opiniones divididas en base a sus ideologías; mientras China y Rusia casi no han hecho ruido, la reacción de la ONU ha sido tardía y la reunión del Consejo de Seguridad se tradujo en un mero trámite que debía cumplirse, terminando en el fracaso al que ya nos tiene acostumbrados.

 

Venezuela y el mundo, ahora sin Maduro, observan el desarrollo de un proceso costoso, muy bien planeado y calculado, en el cual Estados Unidos está logrando recomponer su posicionamiento en esta parte del continente, restando a China, Rusia e Irán sus posibilidades de expansión política, social y, sobre todo, económica; ya que la riqueza del petróleo venezolano, como lo ha manifestado Trump sin pelos en la lengua, es un tesoro demasiado valioso para dejárselo arrebatar.

 

El pueblo de Venezuela, mientras tanto, todavía no ve la luz al final del túnel. Sin Maduro, que al parecer ha sido traicionado por los mismos chavistas, esperan unas elecciones limpias cuyos resultados se respeten; elecciones en las cuales, sin duda, la lideresa Corina Machado, Premio Nobel de la Paz, quien fue sacada de carrera por el chavismo, tiene muchas posibilidades de conducir hacia la democracia y el desarrollo un país llamado a volver a su prosperidad.


 

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