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Fernando Villarán / La picadura del escorpión (1 de 7)


Introducción a la segunda edición

Esta segunda edición de La picadura del escorpión, que sale bajo el sello editorial de mi alma mater, la Universidad Nacional de Ingeniería, conserva el título de la primera edición, que salió a la luz en el año 2012. La razón para mantenerlo es muy clara, pues la fábula a la que alude es inmejorable para retratar la conducta de los grandes bancos y corporaciones en los últimos 30 años. La única diferencia entre ambas versiones es el instante en el que el escorpión clava su aguijón a la rana.


En la primera edición se lo clava en tierra firme, después de que la rana cruzara el río con él a cuestas, salvándolo de una muerte segura. En esta segunda edición el escorpión, sin medir el peligro de sus actos y cegado por sus instintos, le clava el aguijón cuando ambos están en medio del río ocasionando la muerte de la rana, pero también la suya.


Esta fábula me permite ilustrar la ciega conducta que «los escorpiones», es decir los grandes bancos y las grandes corporaciones, siguen manteniendo. El año 2008 fueron los responsables de la crisis económica que detuvo el crecimiento en el mundo y lo redujo a la mitad en los años siguientes y, a pesar de ello, han persistido en ese mismo modelo que profundiza la desigualdad y, peor aún, agrava la crisis ambiental que amenaza con extinguir a toda la humanidad. Obsesionados por maximizar sus ganancias y anteponer sus intereses privados al bienestar general, se empeñan en sostener que «la rana», es decir el Estado, limita el desarrollo al obstaculizar sus objetivos, que lo más conveniente sería que desapareciera.


Para ellos, pagar impuestos, garantizar los derechos de los trabajadores, buscar el pleno empleo, promover la diversificación productiva y proteger la naturaleza, son frenos y obstáculos para la inversión privada y el crecimiento económico. Por tanto, sin medir las consecuencias de sus actos, clavan su aguijón a la rana, sin percibir que de ese modo su propia sobrevivencia está también en riesgo.


Lo sucedido con estos «escorpiones» económicos y políticos fue bastante revelador. Aunque fueron obligados a reconocer sus delitos y a pagar sendas multas a sus respectivos países, mantuvieron sus mismas prácticas, y ninguno de sus ejecutivos fue removido de su puesto y tampoco recibió condena alguna. ¿Cómo puede esto explicarse? Muy sencillamente: todos ellos compraron una buena cantidad de políticos y funcionarios públicos aplicando el viejo y renovado mecanismo de la corrupción.


Es más, los gobiernos de George Bush Jr, de Barack Obama, en Estados Unidos, de Gordon Brown, en el Reino Unido, y de los otros países desarrollados, aprobaron paquetes económicos gigantescos para salvarlos del descalabro. En el caso de Estados Unidos el «paquete de salvataje» alcanzó 1.5 trillones (millones de millones) de dólares. El arquitecto de estos paquetes fue nada menos que Henry Paulson, ministro de Economía ese año y expresidente de Goldman Sachs, el más influyente banco de inversión del país; en un evidente conflicto de intereses, lo primero que hizo fue salvar a su propio banco y a todos sus colegas.


Charles Ferguson, director de la extraordinaria película Inside Job (Trabajo confidencial) que describe y explica muy bien la crisis financiera, en plena ceremonia del Óscar, el 27 de febrero de 2011, al recibir el premio al mejor documental, se preguntaba lo siguiente: «¿Por qué después de tantos meses no hay un solo banquero de Wall Street en la cárcel?». Pregunta que hasta el día de hoy permanece sin respuesta.


En el 2014, el Bank of America (BOA) pagó 16.6 billones (miles de millones) de dólares al Departamento (ministerio) de Justicia de los Estados Unidos como parte del «arreglo» (settlement) por los fraudes financieros cometidos por esa institución durante la crisis financiera de 2008 (1). Fue, en su momento, la mayor multa en la historia de Estados Unidos. De este total, siete billones de dólares se destinaron a apoyar a los dueños de casas, prestatarios y comunidades afectados por los malos manejos financieros de la institución.


En estas negociaciones, BOA reconoció que manipularon de diversas maneras los instrumentos financieros (i) RMBS (Residential Mortgage Backed Securities) Garantías respaldadas por hipotecas residenciales, y (ii) CDO (Collateralized Debt Obligations), Obligaciones de deuda colateralizadas, afectando a millones de clientes individuales, institucionales, empresas y al propio gobierno.


Estos dos instrumentos financieros fueron los principales responsables de la crisis financiera. Ambos fueron creados, empaquetados, publicitados y vendidos por BOA y los principales bancos de Estados Unidos y del mundo. Poco antes de que reviente la burbuja financiera en setiembre de 2008, las cifras alcanzadas por estos instrumentos eran gigantescas: 8.9 trillones (millones de millones) de dólares invertidos en MBS y 683 trillones de dólares invertidos en CDO, 11 veces el PBI mundial de ese año.


Refiriéndose a este «arreglo» entre BOA y el Ministerio de Justicia, una funcionaria de esta última institución, Anne Tompkins, afirmó lo siguiente: «El acuerdo de hoy comprueba que el fraude estuvo presente en todos los niveles de la industria financiera. Incluso instituciones con buena reputación como el BOA cedieron ante las perniciosas fuerzas de la codicia y de “cortar camino” (cutting corners), poniendo las ganancias por delante de sus clientes» (2).


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