Juan Escobar / La tormenta perfecta
- Juan Escobar
- hace 13 minutos
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Crisis petrolera, fertilizantes y Niño Costero amenazan al Perú
La guerra en Medio Oriente ha desencadenado una crisis que, para el Perú, va mucho más allá del encarecimiento de los combustibles. A la interrupción del suministro mundial de petróleo y fertilizantes se suma la amenaza de un Niño Costero que podría prolongarse hasta el verano de 2027. El país enfrenta así dos choques simultáneos: uno externo, originado en la crisis energética, y otro climático, capaz de afectar la producción y la infraestructura nacional.
Conducir la economía en estas condiciones será particularmente difícil. El Gobierno deberá sostener el rumbo del desarrollo, atender las emergencias y proteger a la población frente a acontecimientos internacionales sobre los cuales tiene escasa capacidad de influencia. Para ello se requerirán anticipación, prudencia fiscal y una rigurosa definición de prioridades.
Antes del conflicto, cerca del 20 % del petróleo mundial transitaba por el estrecho de Ormuz. La interrupción prolongada de una parte tan importante de la oferta debería producir un aumento considerable de los precios.
Si el petróleo no ha subido en la misma proporción, no significa que la crisis esté controlada. El impacto ha sido contenido temporalmente mediante la liberación de reservas estratégicas, el uso de inventarios comerciales, algunas rutas alternativas y la expectativa de que el conflicto pueda terminar.
Las reservas no son infinitas y la producción de otros países no puede aumentar inmediatamente. Cuanto más se prolongue la interrupción, mayor será la posibilidad de un nuevo salto del petróleo. Para el Perú, importador neto, esto significa combustibles, transporte, producción y alimentos más caros.
La crisis también afecta al gas natural, la urea y el amoníaco. Por el estrecho de Ormuz transitaba alrededor de una tercera parte de los fertilizantes comercializados mundialmente. La reducción del tráfico marítimo limita su disponibilidad y eleva los costos de producción, transporte y seguros.
La urea no es propiamente un derivado del petróleo, pues se produce principalmente a partir del gas natural. Sin embargo, forma parte de la misma cadena energética afectada por la guerra. En el Perú, organizaciones agrarias han informado que el saco de urea de 50 kilogramos pasó de aproximadamente S/90 a S/150.
Cuando aumentan simultáneamente la urea, el combustible, la maquinaria y el transporte, se elevan los costos del arroz, la papa, el maíz y otros alimentos. Si el agricultor no puede asumirlos, reduce la fertilización o el área sembrada, lo que posteriormente disminuye la producción.
Debe precisarse, sin embargo, quiénes utilizan estos insumos. Las empresas agroexportadoras de la costa, por desarrollar una agricultura intensiva y tecnificada, se encuentran entre los mayores consumidores de fertilizantes por hectárea. No obstante, estos también son utilizados por pequeños y medianos productores, especialmente en la costa y en cultivos comerciales de la sierra.
A la crisis internacional se añade un peligro interno. La Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño mantiene la alerta por El Niño Costero. Sus evaluaciones señalan que podría prolongarse hasta el verano de 2027, con una probabilidad importante de alcanzar una magnitud entre moderada y fuerte.
Un evento fuerte puede afectar cultivos, canales de riego, defensas ribereñas, puentes, carreteras y centros de acopio. También puede interrumpir el transporte de alimentos y aislar zonas productoras. Si esto ocurre mientras los combustibles y fertilizantes permanecen caros, los dos choques se reforzarán mutuamente.
El agricultor podría pagar más para instalar su campaña y luego perder parte de la producción por lluvias, inundaciones, plagas o daños en las vías. Al mismo tiempo, el Estado tendría que financiar subsidios, ayuda humanitaria, rehabilitación y reconstrucción. Esta combinación constituye la verdadera tormenta perfecta.
En estas condiciones, el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles resulta necesario para evitar que los aumentos extraordinarios se trasladen inmediatamente al transporte y a los alimentos. Sin embargo, debe aplicarse de manera temporal, focalizada y transparente. No puede convertirse en un subsidio general y permanente.
Los recursos públicos son limitados. Por ello, las exoneraciones tributarias otorgadas a determinadas actividades agroexportadoras deben evaluarse según sus resultados efectivos en inversión y empleo. También corresponde revisar o reprogramar gastos de menor urgencia, como adquisiciones militares, remodelaciones de instalaciones y aumentos del presupuesto del Congreso.
Petroperú también debe ser parte de la solución y no una fuente adicional de inestabilidad. Cualquier respaldo estatal debe condicionarse a una reestructuración con metas financieras y operativas, reducción de gastos improductivos, auditorías independientes y responsabilidades concretas para sus directores y gerentes. Es indispensable ponerle dientes a su ordenamiento: el apoyo público no puede continuar siendo un cheque en blanco.
El Perú debe asegurar los inventarios de fertilizantes, diversificar proveedores y priorizar el apoyo a los pequeños productores y a los cultivos destinados al mercado interno. Los biofertilizantes pueden reducir progresivamente la dependencia externa, pero no sustituyen de manera inmediata toda la urea. Su promoción debe estar acompañada por análisis de suelos, control de calidad y asistencia técnica.
Frente al Niño Costero, la intervención debe comenzar antes de las lluvias. Es necesario limpiar cauces, proteger bocatomas y canales, reforzar defensas ribereñas, asegurar caminos rurales y preparar reservas de semillas, fertilizantes y alimentos en los territorios que podrían quedar aislados, todo con la mayor trasparencia.
También se debe recuperar la exploración petrolera. La posibilidad de encontrar nuevas reservas en el norte constituiría un verdadero alivio para el Perú, aunque debe reconocerse que su confirmación y explotación tomarían varios años. Se trata de una respuesta estratégica de mediano plazo y no de una solución inmediata.
Gobernar en medio de estas amenazas será un trabajo complejo. Sostener el timón del desarrollo no significa responder a cada problema con más gasto, sino anticiparse, priorizar y concentrar los recursos en la protección de la vida, la producción, el empleo y la seguridad alimentaria.
El peligro no es únicamente que aumente el precio del petróleo. Es que la crisis energética y el Niño Costero se combinen en combustibles caros, menor producción agrícola, interrupciones del transporte, alimentos más costosos, inflación y deterioro fiscal.
El Perú todavía tiene tiempo para actuar, pero ese margen se reduce. Las reservas estratégicas de petróleo no son infinitas, los recursos fiscales tampoco y las lluvias no esperarán a que el Estado termine de organizarse. La diferencia entre una crisis manejable y una emergencia nacional dependerá de las decisiones que se adopten desde ahora.




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