Juan Escobar / Más allá de la pobreza monetaria
- Juan Escobar
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Más allá de la pobreza monetaria: productividad, desigualdad y desarrollo regional en el Perú
La reducción de la pobreza monetaria en el Perú durante el año 2025 debe ser reconocida, pero también analizada con cuidado. Según el INEI, año de referencia 2025, la pobreza monetaria nacional alcanzó el 25,7% de la población, cifra menor al 27,6% registrado en 2024. Esto significa que alrededor de 567 mil personas dejaron de ser consideradas pobres. Sin embargo, el mismo INEI advierte que el 32,8% de la población se encuentra en condición de vulnerabilidad; es decir, puede cubrir una canasta básica de consumo, pero está en riesgo de caer nuevamente en pobreza ante un cambio desfavorable en su economía. Por tanto, el avance existe, pero sigue siendo muy frágil.
La información territorial muestra con claridad la magnitud del problema. De acuerdo con el INEI, pobreza monetaria regional, año de referencia 2025, las mayores tasas se registran en Cajamarca, con 41,0%; Loreto, con 40,1%; Puno, con 37,5%; Pasco, con 36,4%; y Huánuco, con 35,7%. En contraste, las menores tasas corresponden a Ica, con 4,5%; Madre de Dios, con 7,3%; y Moquegua, con 7,8%. El promedio nacional, por tanto, oculta fuertes brechas entre territorios.
A esta brecha se suma una marcada asimetría territorial. Lima concentra una parte importante de la actividad económica, los servicios especializados, la infraestructura, la educación superior, el sistema financiero y los centros de decisión pública y privada. En cambio, muchas regiones aportan alimentos, agua, energía, minerales, biodiversidad, cultura y trabajo, pero capturan poco valor agregado. Por ello, la pobreza regional no debe leerse solo como falta de ingresos, sino también como resultado de una estructura territorial desequilibrada.
Las cifras de productividad laboral regional refuerzan esta lectura. Según información del INEI, productividad laboral regional, año de referencia 2025, el promedio nacional alcanza S/ 32 784 por trabajador. Sin embargo, las diferencias son muy pronunciadas. Las regiones con mayor productividad laboral son Moquegua, con S/ 114 946 por trabajador; Tacna, con S/ 43 797; Ica, con S/ 40 325; Arequipa, con S/ 39 423; y Lima, con S/ 39 278. En el extremo opuesto se ubican San Martín, con S/ 12 805; Amazonas, con S/ 14 259; Ucayali, con S/ 14 358; Puno, con S/ 15 632; y Cajamarca, con S/ 15 731. Esta brecha no expresa mayor o menor esfuerzo de las personas, sino desigual acceso a capital, tecnología, infraestructura, educación, conectividad, servicios productivos y mercados.
El caso agrario es aún más revelador. Según información del INEI, productividad laboral agraria, año de referencia 2025, la productividad agraria nacional alcanza S/ 9 037 por trabajador. Las regiones con menor productividad agraria son Cajamarca, con S/ 3 088; Huancavelica, con S/ 3 346; Cusco, con S/ 3 759; Apurímac, con S/ 3 811; y Áncash, con S/ 4 104. En cambio, las regiones con mayor productividad agraria son Ica, con S/ 32 199; Tacna, con S/ 23 523; Lima, con S/ 22 173; Arequipa, con S/ 18 510; y Junín, con S/ 16 574. Es decir, muchas regiones con alta pobreza también presentan una base agraria de baja productividad.
Esta relación es decisiva. La pobreza rural y regional no se explica por falta de trabajo, sino por la precariedad de las condiciones productivas. Un pequeño productor sin riego tecnificado, asistencia técnica, semillas de calidad, sanidad, crédito accesible, caminos adecuados, asociatividad, información comercial o acceso competitivo a mercados difícilmente podrá elevar sus ingresos de manera sostenida. La desigualdad, por tanto, no solo está en el ingreso final, sino en las condiciones iniciales para producir, competir y agregar valor.
Por ello, la respuesta pública no puede limitarse a servicios muy básicos, bonos o programas sociales. Estos pueden aliviar emergencias, pero no transforman la estructura económica. Si más de un tercio de la población se encuentra en condición de vulnerabilidad, el país necesita políticas que reduzcan el riesgo de recaída en pobreza y, al mismo tiempo, construyan capacidades productivas permanentes.
En el momento hay 2 grandes amenazas de talla mundial: Una es el fenómeno del Niño que se avizora y los costos de la guerra en el medio oriente que nos pueden desbalancear fuertemente y que no hay previsión a la vista. Las recomendaciones son concretas. Primero, vincular la política social con una política productiva territorial. Segundo, fortalecer la agricultura familiar con riego, asistencia técnica, sanidad, crédito, asociatividad y comercialización. Tercero, conectar universidades, institutos tecnológicos y centros de innovación con las cadenas productivas regionales. Cuarto, promover valor agregado en agroindustria, turismo, forestación, acuicultura, artesanía, biodiversidad y servicios ambientales. Quinto, mejorar la infraestructura económica regional: caminos, conectividad digital, energía, almacenamiento, logística y mercados. Sexto: Reformular el presupuesto de la república de forma urgente
El Perú no necesita únicamente reducir pobreza monetaria, también necesita construir su futuro. Necesita construir capacidades para que cada región produzca más, agregue valor, eleve su productividad y convierta sus recursos en bienestar. El verdadero desafío es pasar de un país que mide pobres a un país que construye oportunidades. Ese debe ser el nuevo pacto: producir más, distribuir mejor y lograr que nacer fuera de Lima no signifique vivir con menos posibilidades de desarrollo.
Referencias:
INEI, pobreza monetaria nacional y regional, año de referencia 2025.
INEI, población en condición de vulnerabilidad, año de referencia 2025.
INEI, productividad laboral regional, año de referencia 2025.
INEI, productividad laboral agraria, año de referencia 2025.
Dr. Dennis Pereyra




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