Julio Schiappa Pietra / Curso de historia y soberanía
En tiempos de que la soberanía electoral, militar y cultural se disuelve en las redes sociales, por acciones concertadas de la tecno oligarquía, la élite del poder financiero y los gobiernos del nuevo eje del mal que quiere gobernar el mundo, el Perú debe defenderse. Medidas muy simples, como restaurar el curso de Historia del Perú son vitales para defender la cohesión del país y la identidad nacional. Con todos los recursos maravillosos de la realidad virtual, la IA y la tecnología, los niños y jóvenes podrán hablar con los héroes y personajes, en un aprendizaje en vivo y directo.
La reincorporación de la Historia del Perú como asignatura obligatoria y autónoma en colegios y universidades es una urgencia pedagógica y un acto de soberanía cultural. La fragmentación curricular de las últimas décadas, fomentada por el Primer Fujimorismo, diluyó el estudio del pasado en conceptos abstractos, restando espacio a la memoria nacional y alejando a los estudiantes de sus raíces milenarias.
El conocimiento del pasado no representa un ejercicio puramente erudito, sino el pilar sobre el cual se edifica la ciudadanía. Países que han convertido la enseñanza histórica en eje de su sistema escolar demuestran la efectividad de esta estrategia. En Japón, por ejemplo, el plan curricular refuerza los valores cívicos y el respeto a la continuidad histórica nacional, conectando el aprendizaje de la tradición con la innovación tecnológica. En Francia, la enseñanza de la historia patria en la escuela básica es obligatoria y busca cohesionar a la sociedad republicana mediante un relato compartido de derechos, luchas y valores cívicos.
La historiadora peruana Carmen Mc Evoy ha enfatizado con frecuencia la necesidad de mirar el pasado para construir el porvenir, señalando que los jóvenes deben reencontrarse con la memoria republicana y las aspiraciones de justicia que fundaron la patria. Del mismo modo, el historiador Jorge Basadre advertía que una nación que olvida su trayectoria queda a la deriva frente a las crisis de representatividad. Revalorizar el legado incaico y precolombino implica comprender que la civilización andina desarrolló soluciones avanzadas en gestión del agua, agricultura y organización social; saberes que constituyen una reserva técnica y moral vigente.
Defender la soberanía en democracia es reafirmar el conocimiento de quienes somos como nación. Y prevenir que nuestras mentes no sean colonizadas por Cerimedo y sus patrones, a la hora de elegir.




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