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Magali Carrillo / Descontento en el interior

Descontento en el interior, ¿qué es lo que no estamos viendo?

Estos días de reflexión tienen consigo siempre una sobremesa interesante, en la que muchas veces con ojo crítico analizamos lo que sucede a nuestro alrededor, en nuestras vidas, en nuestra ciudad, en nuestro país; uno de los puntos más intensos de recordar son los eventos resultantes de las protestas en el interior del país, los que nos han dejado sumidos en una enorme conmoción y con un luto que duele.


Hace más de 20 años, aprendí a querer mi profesión cuando empecé a recorrer las zonas altoandinas de mi querido Perú, todos esos lugares olvidados de la sierra de mi amada tierra, en la que se evidenciaba la pobreza y pobreza extrema, esa que se enquista en la población y se consolida por el poco conocimiento de las personas, de sus derechos, y el limitado acceso los servicios que el Estado debe brindarles para satisfacer sus necesidades básicas.


Luego de recorrer el país, una constante se repite es que justo la gente con menor capacidad adquisitiva es la que se encuentra más limitada para acceder a servicios básicos de salud, educación, saneamiento; siendo esta población la que debe recorrer largos trechos e invertir más dinero (que es lo que menos tienen) para poder acceder a servicios que todos nosotros damos por descontados.


Hoy, a pesar del tiempo transcurrido, aún existen muchas necesidades en la población, necesidades gravemente desatendidas a lo largo de estos años, que generan descontento, desesperación y desesperanza, las mismas que sumadas a la poca eficiencia de las autoridades tanto del Gobierno Central como de los Gobiernos subnacionales traen consigo la falta de confianza, hasta el rechazo a la clase política que en poco o nada contribuye a la solución de los problemas.


Siempre la pobreza inequidad y el descontento social es un caldo de cultivo para la generación de protestas y conflictos sociales, cuando se tiene una población que está segura no es escuchada y menos atendida; es entonces donde se tiene un espacio fácil de aprovechar por personas y organizaciones inescrupulosas que generar los rencores y división entre hermanos, que exacerban los ánimos ya de por si caldeados y contribuyen con el agravamiento de crisis como las que acabamos de pasar en diciembre del año pasado.


En definitiva, existen reclamos justos de nuestros compatriotas que son afectados por el ineficiente cierre de brechas en servicios que existen en nuestro país y son directamente afectados por ellas. Sin embargo, nada justifica la presencia de grupos y organizaciones que, en busca de conseguir sus propios intereses, se aprovechen de esta situación para buscar un mayor impacto en las protestas que terminan desangrando nuestro país.


Hoy como todos, debo pedir en este nuevo año busquemos redimir y trabajar con más esmero a fin de atender a los menos favorecidos, sabiendo que es un esfuerzo de largo aliento, y tan dinámico como la sociedad misma. No podemos esperar óptimas soluciones cuando tenemos un país en convulsión constante, las decisiones políticas que deben adoptarse en este periodo de transición no pueden verse condicionadas a intereses de grupos políticos que creen que generando conflicto pueden imponer sus ideas con violencia.


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