Pablo Secada / La Peste
- Análisis Efectivo
- 18 mar 2020
- 2 Min. de lectura

Mi Viejo también me compró La Peste, me la presentó y la comentamos. Me impresionó mucho. Aplica al coronavirus, las heladas, los huaycos, los presidentes, gobernadores, alcaldes y congresistas que elegimos. No solo acá: Trump, Johnsom, Brexit, la Liga, Erdogan y tantos más.
«Las plagas, en efecto, son una cosa común pero es difÃcil creer en las plagas cuando las ve uno caer sobre su cabeza. Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas. El doctor Rieux estaba desprevenido como lo estaban nuestros ciudadanos y por esto hay que comprender sus dudas. Por esto hay que comprender también que se callara, indeciso entre la inquietud y la confianza. Cuando estalla una guerra las gentes se dicen: "Esto no puede durar, es demasiado estúpido." Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre, uno se darÃa cuenta de ello si uno no pensara siempre en sà mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad: no creÃan en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan, y los humanistas en primer lugar, porque no han tomado precauciones. Nuestros conciudadanos no eran más culpables que otros, se olvidaban de ser modestos, eso es todo, y pensaban que todavÃa todo era posible para ellos, lo cual daba por supuesto que las plagas eran imposibles. Continuaban haciendo negocios, planeando viajes y teniendo opiniones. ¿Cómo hubieran podido pensar en la peste que suprime el porvenir, los desplazamientos y las discusiones? Se creÃan libres y nadie será libre mientras haya plagas.»
(La peste, Albert Camus)
