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Yaneth Arteta / "Quien olvida su historia esta condenado a repetirla"


A propósito del COVID-19: Epidemias y pandemias, la incidencia histórica en los departamentos peruanos


Perú, no está al margen de la presencia histórica de epidemias y endemias acontecidas en el mundo. El imperio de los Incas vio gravemente afectado su demografía por la viruela de 1586, posteriormente por la difteria en Cusco en 1591, según el historiador Cristóbal Aljovin de Lozada. Entre 1852 a 1854, el Dr. Hermilio Baldizan relata que Lima y Callao se vio afectada por el ¨flagelo amarillo¨, cuyo número de enfermos fue muy elevado aunque la mortalidad tan solo de 810 muertos en total. 15 años después, un nuevo brote de fiebre amarilla dejo cerca de 6000 muertos en el Perú. Por este escenario de morbilidad y mortalidad, Don Manuel Pardo Presidente de la Beneficencia Pública de Lima de ese entonces, tuvo la intención de construir una moderna Política Pública referido a la salud, y es así que incorporando acciones de salubridad en el recojo de basura, agua y alcantarillado, y el tratamiento de aguas residuales, contribuyeron con la ¨salud publica¨ peruana, en el siglo XIX.


El acontecimiento de posteriores eventos sanitarios en el siglo XX, da lugar a modernizar el sector de la salud con nuevas políticas públicas ante la exigencia cada vez más compleja de una población que diversifica sus necesidades de salud. En nuestro país, las intervenciones para dar respuesta a estas necesidades, se promueve prioritariamente en Lima, las principales ciudades básicamente las del norte y Arequipa en el Sur.


Es sabido que en un estado de ¨normalidad¨ de atención de salud, los indicadores de morbilidad y mortalidad, se muestran menos favorables entre la población de los departamentos del sur (excepto Arequipa, Tacna y Moquegua), en relación a Lima y el norte, por una oferta sanitaria que aparentemente es más consistente en ellos, sin embargo, cuando la presencia histórica de epidemias y endemias cambia el escenario de indicadores epidemiológicos en el norte peruano y Lima, increíblemente eventos que parecieran elegir esta zona de nuestro país. Veamos el siguiente cuadro por elaboración propia y tratando de analizar dicha incidencia.

Recogimos estadísticas del acontecimiento de estos eventos de morbilidad por departamentos, desde la epidemia del Cólera en 1991, H1N1 en el año 2009 y actualmente el COVID-19, con la intención de identificar la mayor incidencia histórica de estos eventos según departamentos. Independientemente de la causa de enfermedad por bacteria, virus u otro, vemos que la casuística del cólera que recae principalmente en Lima, seguido de los departamentos del norte, La Libertad, Lambayeque, Piura, Ancash, Cajamarca; San Martin y Loreto de la Selva, Junín del Centro y Arequipa del Sur, 10 primeros departamentos con el mayor número de casos de la infección en el año 1991, frente a la mayoría de departamentos ubicados en el centro y sur peruano. Considerando esta referencia de los 10 primeros departamentos de mayor número de casos de cólera, la presencia de la gripe H1N1 del año 2009, acontece nuevamente en Lima y 6 departamentos más donde antes se presentó la epidemia del cólera, es decir incide en el 70% de los anteriores. Hoy 11 años después, año 2020, el COVID -19 vuelve a tropezar con una mayor casuística de infectados y muertes en el 80% de los departamentos que sufrieron la mayor incidencia del cólera y de la gripe H1N1. Pareciera que las epidemias y pandemias se ensañaran con Lima y el norte de nuestro país principalmente, sumándose los del oriente de la selva peruana


Dada la ocurrencia histórica de morbilidad y mortalidad en los departamentos antes identificados, nos lleva a reflexionar en lo siguiente:


La salud pública y epidemiológica de los últimos 30 años, no ha reparado en la incidencia histórica de acontecimientos tan letales en cada zona del país, ¨QUIEN OLVIDA SU HISTORIA ESTA CONDENADO A REPETIRLA¨ (frase sin clara atribución del autor), y este olvido resta importancia a los antecedentes funestos de los eventos epidemiológicos, y hace que las intervenciones sanitarias no tengan un sustento solido de ayer para hoy y menos para mañana. Se necesita innovar la salud pública, primero rescatando la noción de sistema como tal, aun cuando cada una de sus partes elabore su propio actuar, cada cual está profundamente relacionada en el sistema, las que a su vez se encuentra en un contexto, nada nuevo, pero si olvidado. Segundo, al parecer las intervenciones sanitarias no se han movido por asociación de procesos y menos considerando largos periodos de tiempo, ni contextos, que en buena cuenta ahora vemos el gran daño que estamos recogiendo en las zonas de repetida incidencia.


La salud pública necesita volver la mirada a nuestra historia sanitaria y reconstruyendo el pasado fortaleceremos nuestro presente, epidemias y pandemias las volveremos a vivir, pero fortalecidos para enfrentarlas, la salud no necesita tintes políticos, la salud necesita mirada humana e interés ético.


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