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Zulema Manrique / Las mentiras tienen un precio

Quién no ha dicho alguna vez una mentira. “Ese corte de pelo te queda genial”, “Cómo lo siento, pero no puedo ir a tu cena, justo tengo otro plan”, “Fue algo de último momento e improvisado”.


Pero lo creas o no, hacerlo tienen un precio. Y no se trata de una nariz más larga o de algún cargo a tu conciencia. Más bien de tu cerebro. Pues según la ciencia, cada vez que mientes pones en marcha un mecanismo mental que te resta capacidad intelectual.


Según Timothy Levine psicólogo de la Universidad de Alabama en Birmingham (EEUU). Centrado en estudiar el engaño, sus investigaciones apuntan que tres cuartas partes de las personas rara vez mienten, siendo hasta el 90% mentiras piadosas.


Mentir es uno de los logros más sofisticados y exigentes del cerebro humano. Nada más soltar el engaño, tu cuerpo libera cortisol en tu cerebro. Solo unos minutos más tarde, tu memoria va a toda marcha tratando de recordar tanto la mentira como la verdad. La toma de decisiones se vuelve más difícil. A la larga y en función, de lo grande o seria que sea la mentira, podría afectar a tu sueño o niveles de ansiedad.


Decir la verdad no requiere una capacidad mental fuera de lo común. Piensas lo que quieres decir y lo dices. Mentir, sin embargo, conlleva mucho más trabajo.


Gran parte de ese trabajo cerebral se realiza en una región llamada corteza prefrontal, explica en Science News for Students Jennifer Vendemia, neurocientífica de la Universidad de Carolina del Sur, en Columbia.


Es la parte encargada de la memoria de trabajo, la cual es un poco como el espacio de almacenaje temporal del computador. Almacena cosas solo por un corto tiempo mientras las usa. Además, la corteza prefrontal también se ocupa de tareas como la planificación, la resolución de problemas, la concentración y el control de impulsos.


Todas estas actividades se conocen como “función ejecutiva”, la cual entra en juego cuando decides mentir. ¿Cómo? Activando "el autocontrol para evitar soltar la verdad, permitiéndote recordar todos los detalles de una mentira para no caer en un desliz. Haciéndote pensar varios pasos por delante para asegurarte de que la mentira que estás diciendo resista el interrogatorio".


Lo cual reduce la capacidad cognitiva para otras tareas. Un estudio encontró que el cerebro es más lento y más propenso a cometer errores cuando tiene que cambiar entre mentir y decir la verdad. Según la investigación de Vendemia, la carga de trabajo mental de alguien será más pesada y su tiempo de reacción será más lento cuando miente.

Cuando la corteza prefrontal está ocupada con tareas relacionadas con mentir tiene más dificultades para realizar otras tareas que requieren planificación, autocontrol o memoria de trabajo, señala la neurocientífica, destacando la relevancia de esto en jóvenes donde esta área no está totalmente desarrollada.


Las mentiras piadosas

Son conocidas formalmente como mentiras blancas de Pareto. Básicamente, tratan de ocultar una verdad para que otra persona no sufra o se vea perjudicada.


Tienen un fin altruista y desinteresado, como cuando un familiar o amigo nos muestra una prenda de vestir o un objeto decorativo que, en realidad, nos parece desagradable. No se lo decimos, para no herir sus sentimientos y para conservar el lazo social establecido.


Sin embargo, aunque pensamos que todas estas mentiras piadosas o blancas son absolutamente desinteresadas, en realidad muchas de ellas pueden tener una motivación egoísta y buscar un beneficio individual. ¿Cómo podemos saber el verdadero trasfondo que subyace en este tipo de actitudes? Al parecer, el cerebro nos delata.


Actividad cerebral y mentiras piadosas

De acuerdo a una nota de prensa, los científicos analizaron mediante fMRI (imagen por resonancia magnética funcional) la actividad cerebral de un grupo de voluntarios. Previamente, se les solicitó que pensaran en distintas situaciones en las que tenían que mentir, bien en beneficio propio, bien de otra persona, o bien en beneficio de ambos.


Los resultados mostraron que la corteza prefrontal medial es la región cerebral que esconde nuestras motivaciones reales para mentir. En las imágenes, los investigadores descubrieron que una mayor actividad en la zona ventral y rostral de esta región cerebral muestra una motivación egoísta en las mentiras piadosas. Las diferencias son notables en la subregión rostral, cuando se comparan con el registro de las mentiras altruistas.


Esta «huella» cerebral podría funcionar casi como un «detector de mentiras» neurológico o, como mínimo, ayudar a repensar ciertos comportamientos y actitudes que llevan adelante las personas y que pueden esconder intereses deshonestos, ya sea en beneficio individual o en búsqueda de aprobación social.


Aprobación social y motivación egoísta

Las mentiras piadosas no son las únicas que usamos. Como animales sociales, en determinadas ocasiones podemos sostener mentiras pensando también en beneficiar a nuestro grupo de pertenencia: en estos casos, estamos forzando una situación que en algún momento explotará. Quizás dicha cuestión se podría haber resuelto mejor si hubiera sido afrontada con la verdad desde el principio.


Llamadas «mentiras azules» por algunos especialistas, para diferenciarlas de las mentiras blancas (altruistas) y de las negras (egoístas), estas mentiras persiguen el bien del grupo social al que pertenecemos, aunque en realidad contradigan ciertas reglas o comportamientos honestos.


Al igual que las mentiras piadosas, las mentiras azules son «trampas» que se cometen cuando sentimos bajo amenaza nuestra pertenencia a un grupo o la supervivencia de ese mismo colectivo social. En sentido contrario, podemos cometer los mismos comportamientos nocivos cuando nos sentimos amenazados en forma individual o pensamos únicamente en alcanzar una ventaja personal.


Cuando mentimos: pensamos que está justificado, aunque, en realidad, pueden perjudicar a otras personas. Al cerebro no lo engañamos.


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