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Alejandro Narvaez / Presupuesto inflado (3 de 3)


Proyecto de presupuesto de 2021 con PBI inflado



¿Qué hacer?

Estamos en guerra, como dije en un artículo anterior mío. No se trata de una guerra convencional. Es una guerra contra un enemigo invisible y desconocido (aun no derrotado). Esta guerra, además de víctimas (oficialmente más de 32,400 mil muertos), nos está causando una profunda crisis económica y social. Necesitamos algo parecido al Plan Marshall (programa de reconstrucción de Europa después de la II Guerra Mundial) o quizás como al New Deal (nuevo trato) que puso en marcha de F. Roosevelt para salir de la gran depresión de 1929. Decía A. Einstein: “Si buscas resultados distintos no siempre hagas lo mismo”.


La política monetaria expansiva del BCR está agotada. Si en algo puede ayudar a recalentar nuestra congelada economía, es que no sólo debe bajar la tasa de interés de referencia a cero (quizás hasta negativo), sino que, debería mantenerse en cero durante algunos años, como recomienda el propio Ben Bernanke, a los jefes de los bancos centrales del mundo. En los años venideros, las tasas de interés cero, serán la norma, no la excepción. Ello quiere decir, que la política monetaria desaparece como instrumento de gestión de los ciclos económicos.


En los años 90, el consenso entre los economistas estaba claro: la política monetaria se ocupaba de la gestión de los ciclos de la economía, la política fiscal tenía como único objetivo reducir a toda costa el déficit fiscal y la deuda pública. Ahora, estamos en un escenario completamente distinto del que se estudiaba en los viejos y desfasados manuales de economía y que sirvieron de base para diseñar políticas económicas neoliberales desde la época de Ronald Reagan (1981 -1989) y Margaret Thatcher (1979 -1990).


El riesgo hoy y en los próximos años, no es que suba el precio del dinero (tasa de interés), ni mucho menos. El verdadero riesgo es que la economía global no se recupere durante algunos años. Por tanto, es la era de una política fiscal activa que combine el estímulo de la demanda y del crecimiento potencial, la reducción de la desigualdad social y la disciplina fiscal a medio plazo como mínimo. Con las tasas de interés cero y por debajo de las cifras de crecimiento del PBI, el objetivo de la política fiscal ya no debe ser reducir el déficit fiscal y la deuda pública a toda costa, sino contribuir a la gestión del ciclo económico, mejor aún, ayudar a recalentar la economía. Gregory Mankiw, profesor de Harvard al referirse a la crisis actual, dijo: “hoy no es el momento para preocuparse de la deuda pública”.


A la deuda pública hay que tenerle respeto, pero no miedo. Se trata de afrontar la crisis con la convicción de que resulta más útil actuar con los instrumentos económicos disponibles, incluso a riesgo de equivocarse. Ello no significa despilfarrar recursos, ni abandonar las reformas de modernizaciones necesarias. La obsesión de los burócratas desfasados del MEF y del Consejo Fiscal con el equilibrio financiero a toda costa, es ignorar que el modelo de más mercado y menos Estado no va más. ¿Los “sólidos fundamentos macroeconómicos” han servido de algo? Estamos en la cola en todo. Peor no podíamos estar: número de muertos, recesión económica, pobreza, desempleo, desigualdad, hambrientos, etc. No lo ven. El coronavirus no ha hecho más que poner en vitrina internacional nuestras miserias más profundas.


Finalmente, es imperativa una respuesta de país coordinada y de gran magnitud. Se trata de actuar rápido y sin vacilaciones. Esto exige cinco líneas de actuación: i) salvar vidas sigue siendo la prioridad, ii) proteger a los pobres de los embates de la crisis, iii) salvar el empleo y a las empresas de la quiebra que les amenaza, iv) proteger a los deudores financieros (familias) ante el acecho de los bancos, y v) rehacer el proyecto de presupuesto de 2021. Este importante instrumento de gestión pública debe ser realista, creíble, flexible y retador, donde la inversión pública será la clave para reactivar la economía. El congreso tiene la palabra.


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