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Alfonso Velásquez / 90 Días para Recuperar 

  • Foto del escritor: Alfonso Velásquez
    Alfonso Velásquez
  • hace 3 días
  • 4 min de lectura

Los 90 Días Que Perú Necesita Recuperar

 

La Orden Que No Llega

Juan es productor de palta en Ayacucho. Hace tres semanas recibió un mensaje de un exportador de Lima: "Tengo cliente en Nueva York. Necesito 50 toneladas de palta de sierra en la siguiente ventana. Me das producto a USD 2.00 por kilo, yo lo vendo a USD 2.80 FOB. Ambos ganamos."

 

Juan hizo la cuenta rápido. 50 toneladas son USD 100,000 de ingreso bruto. Es la oportunidad que ha estado esperando. Pero hay un problema: para tener esas 50 toneladas listas en 60 días—riego, mantenimiento del cultivo, cosecha, empaque, transporte al puerto—necesita USD 45,000 en capital de trabajo. Dinero que no tiene.

 

Va al banco. Pero los bancos no prestan a pequeños agricultores—el riesgo, para ellos, es demasiado alto. Juan no tiene opciones formales. Su única alternativa es el prestamista informal: 15% mensual. Para USD 45,000 durante 90 días, eso significa USD 20,250 en intereses. Su margen se convierte en negativo. Es ruinoso. El exportador de Lima no puede esperar—necesita el producto en 60 días y tiene otras opciones en la costa donde los productores acceden a crédito más barato. La orden se pierde.

 

Esta es la historia de miles de productores en la sierra peruana hoy.

 

Lo Que Funcionó

Hace cuarenta años viví una realidad diferente. En los años ochenta, cuando trabajaba en Proex—Promotora de Exportaciones—el Perú tenía dos herramientas que cambiaron todo: el FENT y el SECREX.

 

El FENT—Fondo de Exportaciones No Tradicionales—era un crédito que el Banco Central de Reserva ponía a disposición de los bancos comerciales a tasas preferenciales. Un exportador como yo podía acceder a financiamiento de corto plazo—precisamente para eso, para los 90 días previos al embarque—a tasas de 4% a 6% anual. Dinero de verdad, en los plazos que necesitábamos.

 

El SECREX—el Seguro de Crédito de Exportación—era la garantía que los bancos necesitaban. Cubría hasta el 50% del riesgo crediticio. Para un banco, eso significaba: "Puedo prestar sin miedo, porque si algo falla, tengo cobertura."

 

Con FENT + SECREX, la ecuación cambió. Un pequeño exportador como yo podía ir a una feria internacional, cerrar una orden con un cliente real, regresar al Perú, acceder a crédito preembarque a tasa razonable, y con ese dinero financiar directamente al pequeño productor—a una tasa mucho menor que la usura informal (15% mensual), pero suficiente para que ambos ganaran. Luego embarcar en 60-90 días.

 

Eso fue lo que permitió que nacieran las empresas esparragueras. Las empresas de frijoles. Las conserveras. Las congeladoras. Las plantas de pulpas y deshidratados. Los productores de carmín de cochinilla. Toda esa explosión de valor agregado que puso a Perú en el mapa de la agroexportación mundial. No fue casualidad. Fue sistema financiero diseñado para eso.

 

Lo Que Se Perdió

En los años noventa, se eliminaron estos mecanismos. El impacto fue profundo. Sin crédito preembarque accesible, el pequeño exportador quedó descapitalizado. Las operaciones se hicieron más lentas, más riesgosas, menos atractivas. Algunos empresarios cerraron. Otros redujeron escala. La dinámica de formación de nuevos emprendimientos exportadores casi se detiene.

 

El Perú conservó sus operadores grandes, pero perdió el ecosistema que generaba nuevas empresas, nuevas marcas, nuevos productos. Eso retrasó por décadas la diversificación exportadora que podríamos haber logrado.

 

Ahora Existe La Oportunidad

Hace poco tiempo, el Perú aprobó la Ley 32434. Es una ley inteligente que crea incentivos para que el exportador moderno—el que tiene mercado verificado—compre directamente al pequeño productor, al agricultor familiar, a la asociación rural.

 

El objetivo es claro: eliminar intermediarios, conectar oferta rural con demanda global, generar ingresos directos en el campo.

 

Pero aquí está el problema. La Ley 32434 existe, pero está huérfana de herramienta financiera. El exportador que quiere ser empresa ancla—que quiere comprar a 100 pequeños productores de palta en la sierra—necesita dinero. Dinero para trasladarle al productor durante esos 90 días que median entre la compra y el pago del cliente internacional. Si el exportador no tiene crédito preembarque a tasa razonable, no puede hacerlo. La Ley 32434 se queda en papel.

 

La Solución Existe

Lo que el Perú necesita ahora—urgentemente—es restablecer una línea de crédito preembarque.

 

No es complicado. Es exactamente lo que teníamos con FENT + SECREX. Estructuramos así: Crédito preembarque de 90 días. Tasa: 5-6% anual (equivalente a 1.25-1.5% por trimestre). Destino: capital de trabajo para compra de producto a pequeños productores, procesamiento, empaque, transporte al puerto. Garantía: sistema de garantía estatal que reduzca riesgo crediticio para los bancos.

 

Con eso, el exportador tiene herramienta. Va a la sierra. Negocia con Juan. Le dice: "Te compro 50 toneladas a USD 2.00/kg. Te financio la operación durante 90 días a una tasa mucho menor que lo que los prestamistas informales te ofrecen (15% mensual es ruina). Cuando embarque y reciba dinero del cliente en Nueva York, te pago."

 

Juan está atrapado entre dos malas opciones: crédito bancario que no le dan (porque no confían en pequeños productores) o usura informal a 15% mensual. Con el crédito preembarque al exportador, hay una tercera opción. Una tasa justa.

 

Juan acepta. Produce. Cosecha. Exporta. Cobra. El exportador cobra. El banco cobra su tasa. El pequeño productor escapa de la usura y recibe precio justo, sin intermediario.

Eso es reactivación exportadora.

 

La Pregunta

¿Por qué esperamos? Tenemos la experiencia de los 80s. Tenemos la Ley 32434. Tenemos productores esperando. Tenemos exportadores con contactos listos. Tenemos demanda global verificada.

 

Lo único que falta es recrear la herramienta que funcionó: crédito preembarque, 90 días, tasa razonable, garantía que tranquilice a los bancos.

 

El FENT y el SECREX no eran asistencialismo. Eran inversión estructurada. Un banco presta dinero real, cobra tasa real, recupera capital. El exportador paga interés real, obtiene rentabilidad real. El productor rural obtiene acceso a mercado real.

Todos ganan porque es crédito, no regalo.

 

¿Cuándo empezamos?

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