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Alfonso Velásquez / La Niña como oportunidad 

  • Foto del escritor: Alfonso Velásquez
    Alfonso Velásquez
  • hace 32 minutos
  • 2 min de lectura

La Niña como oportunidad, para la resiliencia posdesastre

 

El fenómeno El Niño que se aproxima con intensidad sin precedentes traerá consigo una realidad inevitable: la formación de la Laguna La Niña. Durante el evento de 1998, esta laguna alcanzó una extensión de 2,100 kilómetros cuadrados, con profundidades que llegaron a formar un espejo de agua de 130 kilómetros de largo, almacenando más de 8,000 millones de metros cúbicos de agua dulce. Pero los modelos meteorológicos indican que esta vez será diferente—y sustancialmente mayor. Se proyecta que la próxima Laguna La Niña superará en al menos 50% esos volúmenes históricos.

 

Esta noticia, que debería generar pánico, contiene en sí misma una oportunidad transformadora si actuamos con visión estratégica.

 

Mientras miles de familias en Lambayeque y Piura enfrentarán el desborde de ríos—Chancay, La Leche, Cascajal—y perderán completamente sus cosechas, existe un recurso gigantesco que permanece subutilizado: los 12,000 millones de metros cúbicos de agua que reposarán en las lagunas remanentes del Niño. Esta agua no solo representa riesgo; representa oportunidad de vida económica y, literalmente, oportunidad de salvación alimentaria.

 

Cuando las carreteras queden destrozadas por los huaicos y el caos logístico impida el acceso desde Lima, ¿cómo alimentaremos a las comunidades aisladas? Aquí emerge el problema de la anemia: El Niño no solo destruye infraestructura; destruye el acceso a proteína local. En Piura y Lambayeque, donde la desnutrición crónica infantil ya ronda el 25%, un colapso alimentario prolongado profundizará la crisis de anemia hasta convertirla en una catástrofe de salud pública.

 

La solución está ante nosotros: piscigranjas modulares de bajo costo en las lagunas del Niño.

 

El ciclo es simple. Las tilapias alcanzan peso comercial en 4-5 meses. La Laguna La Niña mantiene condiciones de temperatura y salinidad ideales para estos cultivos. Asociaciones de pescadores locales—los mismos que hoy ven destruidas sus artes de pesca tradicionales—pueden convertirse en acuicultores organizados. En 90 días, tendremos proteína fresca disponible localmente. En 180 días, piscigranjas escalonadas produciendo continuamente hasta que la laguna retroceda.

 

Pero esto requiere gobernanza: articulación entre actores.

 

FONDEPES debe comenzar ahora a planificar una producción de alevines certificados. PRODUCE debe agilizar las autorizaciones temporales de las categorías de Acuicultura de Recursos Limitados (AREL) y Acuicultura de Micro y Pequeña Escala (AMYPE). IMARPE debe proveer monitoreo técnico. Las universidades regionales deben capacitar en manejo de jaulas flotantes. Las empresas privadas de procesamiento—como las que hoy exportan congelados—deben instalar plantas móviles de eviscerado y enfriado en las orillas, generando cadena de valor. Los gobiernos locales deben formalizar las asociaciones acuícolas y garantizar acceso a crédito blando a través de FONDEPES.

 

No es caos; es oportunidad planificada.

 

Cuando los cultivos desaparezcan bajo el agua, cuando las familias pierdan sus cosechas anuales, necesitarán una renta emergente inmediata. Las piscigranjas ofrecen exactamente eso: ingresos en días, no en meses. Y generan proteína en el momento exacto y constante en que será más escasa y crítica.

 

La Laguna La Niña vendrá, 50% más grande, inevitable. Podemos esperar pasivamente y contar los daños—como lo hemos hecho históricamente. O podemos actuar ahora: movilizar instituciones, capacitar actores, financiar inversión modular, y convertir una catástrofe climática en una ventana de resiliencia económica para las comunidades que más la necesitan.

 

La gobernanza integrada existe. Solo falta que los líderes políticos decidan usarla.

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