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Carlos Ginocchio / Manual del tirano (1 de 3)


La RAE define al tirano como persona que abusa del poder político y gobierna de manera totalitaria, sin limitaciones legales y, normalmente, actuando de forma corrupta y cruenta. Etimológicamente proviene del griego ‘tyrannos’ que significa ‘amo’ o ‘señor’. En la Grecia antigua se usaba el término para indicar poder, mas no para el abuso del mismo.


La historia de la humanidad está plagada de tiranos y personajes que abusaron del poder, probablemente desde las cavernas (no documentadas) hasta nuestros tiempos. Algunos estudiosos reconocen a Pisistrato, gobernador griego durante más de 20 años en el siglo VI a.C, como el primer tirano de la historia.


La expresión ‘tiranía’ se asocia con la de ‘dictadura’, que se define como el ‘soberano que recibe o se arroga el derecho de gobernar con poderes absolutos y sin someterse a ninguna ley’. Los emperadores, reyes y señores feudales de diversas civilizaciones, en las edades antigua y media, son ejemplos de este tipo de gobierno, muchas veces atribuido a la decisión divina. Nuestros incas son un caso, como también lo fueron las dinastías inglesa, francesa, rusa, entre otras. Estos generaron rebeliones de los pueblos – sangrientas la mayoría – en la lucha por acabar con el sojuzgamiento y los abusos. Al respecto, la primera Constitución de derechos se firmó en la Inglaterra de 1215, por el soberano Juan sin Tierra. Incluso, nuestro libertador, Simón Bolívar, es considerado el primer dictador de nuestra historia republicana, por decisión del propio Congreso.


En el siglo XX, los gobiernos más poderosos promovieron, celebraron y hasta aclamaron dictaduras en la medida que sirvieran a sus intereses (Castro en Cuba, Pinochet en Chile, por citar algunas), y solo a partir de las últimas dos décadas de dicho siglo, se instaló un ambiente de repudio a las mismas, en beneficio de la Democracia. La caída del muro de Berlín marcó un hito. Así, hemos tenido personajes nefastos como Hitler, Stalin, Samuel Doe en Liberia, Laurent Kabila en el Congo, Sadam Hussein en Iraq, Somoza en Nicaragua, Trujillo en República Dominicana, Mengistu Haile Mariam en Etiopía, Muamar el Gadafi en Siria, Nicolae Ceacescu en Rumanía, entre otros.


El reconocimiento de la Democracia por el mundo civilizado ha producido individuos que alcanzaron el poder a través de las urnas, y en el mismo, aprovechado los vacíos y debilidades de las instituciones, así como la complacencia esperanzada de diversos sectores, para convertir sus regímenes en tiranías camufladas e interminables, perpetuándose en el poder.


César de Echague afirma que las señales de un supuesto demócrata y sus inclinaciones para convertirse en dictador y mantenerse en el poder eternamente, se manifiestan en seis señales: a) se considera salvador de la patria, b) propone cambio radical de leyes y de la Constitución, c) atribuye todos los males del país a terceros lejanos a su grupo, d) realiza propuestas imposibles de mantener en el tiempo, e) manipula las emociones del pueblo, y f) arremete contra la prensa que le es contraria.


Recientemente observé en Netflix el documental ‘Cómo se convirtieron en tiranos’, en seis episodios narrados por el actor Peter Dinklage, exponiendo las situaciones de Hitler, Stalin, Idi Amín, Gadafi, y Sadam Hussein. Lo interesante es que la serie expone lo que ha denominado el ‘Manual del tirano’, el mismo que comparto en esta columna:


• Cree en el poder

• Sé un hombre de pueblo

• Convoca personas leales antes que inteligentes

• Identifica tu misión divina y aprovecha la ira del pueblo

• Elige cuando atacar y no permitas que te venza la presión de dar el gran paso.

• Hay que tener mucha paciencia antes de actuar y espera el tiempo que sea necesario. Tu paciencia será recompensada.

• Culpa a los que son tus enemigos y del pueblo de cualquier desgracia que lo afecte

• Acaba a cualquiera sospeches que pueda ser un rival, , incluyendo aliados cercanos con ambiciones peligrosas.


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