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  • Foto del escritorCarlos Ginocchio

Carlos Ginocchio / Paradojas y apariencias


La ‘paradoja’ se define - según la RAE – como un ‘hecho o dicho contrario a la lógica o que emplea expresiones contradictorias’. Según Vanessa Hayes, investigadora del Garvan Institute of Medical Research, en Sidney, ‘el homo sapiens apareció hace 200 mil años, asociado al desarrollo de la tecnología de esos tiempos, donde el fuego y la rueda figuraron entre sus principales descubrimientos’.


La modernidad nos inunda de información a través de diferentes medios y, proporciona herramientas para una vida más cómoda que, supuestamente, nos permitiría contar con mayor tiempo para el ocio, lo cual no ha sucedido (esclavos del móvil), y nos ha convertido en superficiales para el análisis y el pensamiento. Aunado a la desaparición de ideologías, un pragmatismo que destrona a la deontología, y la concepción del éxito en término de logros materiales y consumismo, el ‘homo sapiens’ deviene en ‘homo-paradoxa’ u ‘homo-species’, apelando a recursos de cualquier calaña para figurar (‘figuretismo’, cuantos crímenes se convierten en tu nombre). Para colmo, las apariencias ya no engañan, y ello agrega más agua al caldo.


Estos comportamientos son más evidentes entre los políticos, pero presentes en todos los sectores. El ‘doble rasero’ es el nuevo chip, lo encontramos en el Perú, y en el planeta.


- El presidente López Obrador critica el gobierno de la presidente Boluarte por ‘autoritario y represor’, pero condecora a Díaz-Canel, presidente de Cuba, país represor y donde la democracia está ausente. Además, declara que ‘un gobierno sin corrupción no sirve para nada, y México está entre los 50 países más corruptos del mundo, según Transparencia Internacional Lula – supuesto defensor de los derechos humanos – defiende la tiranía de Maduro.

- La denominada ‘tercera toma de Lima’ (nunca la tomaron) reunió a diferentes grupos que expresaron su legítimo malestar respecto a temas esencialmente políticos. Estuvieron presentes políticos y periodistas que no vacilaron en hacerse ‘selfis’, frivolizando su participación, más interesados en hacer notar su presencia. El clásico del fútbol peruano reunió cuatro veces más asistencia en Lima que las manifestaciones en todo el país.

- La libertad de expresión es condición indispensable en una Democracia. La prensa la exige, pero no duda en acosar a personas cuando se niegan a aceptar una entrevista, o aprovecha su medio para lanzar epítetos a quienes no son de su simpatía, y no pasa nada, o muy poco. El respeto debe ser mutuo.

- El empresariado defiende la economía social de mercado, que establece la Constitución, pero ¿existe en el Perú?, ¿qué decir de las concentraciones en sectores como medicamentos y otros?, ¿por qué su protesta cuando el Estado otorga beneficios a los pequeños empresarios (algunos, ciertamente, inconvenientes), y celebra cuando se dirigen a la gran empresa?

- Los inmigrantes de países musulmanes se esfuerzan por ser recibidos en el llamado ‘primer mundo’, en especial Estados Unidos y Europa; no obstante, una vez radicados pretenden modificar las costumbres del anfitrión, lo cual, si un visitante lo intentara en sus países, acabaría en la cárcel o en el cementerio.

- Se critican acciones de grupos que acosan a personas en sus residencias, las que claramente constituyen excesos que deben ser penalizados, pero la reprobación es únicamente a las organizaciones contrarias a las preferencias de los críticos.

- Brasil defiende al futbolista Vinicus Jr. por las agresiones racistas en los estadios españoles, pero es uno de los países donde más racismo existe en América Latina. Según la web ‘Nueva Sociedad’: la brutal matanza de personas a manos de la policía en las favelas de todo Brasil, y más notoriamente en Río de Janeiro, está tan intrincadamente entretejida en la sociedad brasileña como lo están la samba o el fútbol.

- Las organizaciones de derechos humanos no sancionan a China, los partidos de izquierda no la critican, pese a ser un país donde manifestaciones como las recientes en el Perú, son reprimidas, y las condiciones laborales, infrahumanas. En cambio, satanizan al presidente Nayib Bukele – 90% de aprobación en su país – por aplicar políticas discutibles, pero similares.

- ¿Pueden ser padres de la patria quienes le arrebatan sueldos a sus trabajadores (junto con el no reconocimiento a un hijo son las infracciones más condenables de un ser humano), defienden intereses personales antes que los nacionales, o se movilizan de un partido a otro solo por su popularidad?

- En las últimas elecciones generales uno de los reclamos más ardorosos, entre quienes las perdieron, fue la inscripción de la fórmula del partido ganador, y particularmente la presencia del vicepresidente que laboraba en un organismo electoral. La defensa de sus partidarios fue encendida; sin embargo, cuando reemplazó - legalmente – al presidente golpista, los ataques de sus anteriormente simpatizantes se tornaron furiosos.

- Cuando el poder lo ostenta el partido de mis preferencias, es legal. Si lo tiene un opositor, es ilegítimo, adjetivo hoy utilizado para denostar a quienes no comparten nuestras simpatías.


Las situaciones son innumerables y en todos los países. Hasta hace cinco décadas este tipo de proceder ocasionaba desaprobación social, renuncia del personaje, ostracismo, y desaparición de la escena si estaba en un cargo público. Aparecer en la prensa era por algún logro, hoy basta cualquier desatino o hasta infracción, y genera sentimiento de orgullo. La vergüenza en peligro de extinción. Grotescos y estrafalarios la han herido de muerte. Antes, para ser reprobado no era necesario la comisión de un delito, bastaba la transgresión ética, hoy comprendida, justificada, y defendida por abogados cuya bandera es la celebridad y la guita, elementos que han asesinado al prestigio.


El problema no es de derechas, izquierdas, o centro (como gusta considerarse a la mayoría de los partidos políticos), sino en el respeto a la moral, en una eficiencia con decoro, comportamientos cabales, y la liquidación del doble rasero. Las protestas deben encaminarse hacia la condena de actitudes como las mencionadas, que son las causantes de los problemas que nos aquejan, vengan de donde vengan. La decencia y su enemiga, la deshonestidad, no tienen banderas de tipo alguno.


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