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Carlos Ginocchio / Peruanidad


El término fue acuñado por Víctor Andrés Belaúnde, quien fue presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1959 y 1960, y se refería al sentimiento de identidad que vincula e integra a los ciudadanos peruanos, sustentado en el aprecio de sus tradiciones, y la expectativa de un destino común.


¿Cuáles son los elementos que Belaúnde considera como sustento de la peruanidad?, la existencia de una civilización andina, y la posterior participación de diferentes culturas, no solo europea como la española, sino la contribución de africanos y asiáticos.


Destaca que la cultura occidental no niega la cultura nativa, sino que ambas se funden e integran en una nueva, y agrega como concepto de Nación, aquello que nos identifica, producto de siglos de tradición, y de esa forma desarrolla una propuesta de identidad nacional, atendiendo a las diferentes situaciones, características y condiciones de nuestra historia y sus pobladores, pero destacando la importancia de la ética y la moral, pues sin ellas el Estado se corrompe, y agrego, que hace imposible la institucionalización y el respeto a las leyes, y por lo tanto, a los líderes de todos los sectores, no solo los políticos, lo cual afecta el desarrollo y prosperidad de los pueblos. Dos aspectos que merecen mencionarse de su obra son que “el odio y los rencores son disolventes y conducen siempre a la disgregación, y son en el orden moral, lo que la incoherencia en el orden intelectual”, así como el proceso de identidad nacional no ha concluido.


Hasta ahí don Víctor Andrés Belaúnde que, a mediados del siglo pasado no podía tener una visión de la inmensa diversidad que nuestro país presenta, la misma que se refleja a través de los medios de comunicación, redes sociales, organizaciones populares, gremios empresariales, sociedad civil, y en las numerosas y diversas asociaciones y posturas del país. En ese sentido, considero se debe reemplazar el concepto de ‘identidad’ por el de ‘destino manifiesto’, por cuanto la personalidad de un poblador de la costa piurana es diferente al que reside en la sierra de Apurímac, e incluso el habitante de Trujillo en La Libertad difiere en hábitos y costumbres al de Otuzco, en la misma región. Incluso, quienes viven en San Juan de Lurigancho, se distinguen de los habitantes de Jesús María, en Lima Metropolitana.


Aunque la teoría del ‘Destino Manifiesto’ comienza a presentarse desde el arribo de los primeros inmigrantes ingleses y escoceses a los Estados Unidos de Norteamérica, en los siglos XVI y XVII, su concepción definitiva se atribuye al presidente James Monroe, en 1823, en su discurso‘América para los americanos’, contra el colonialismo europeo, y reafirmada en 1850 por el presidente James Polk, en su pretensión de apropiarse de Texas, Oregón, California, y la rivalidad con los británicos en Centro América.


J.Ferrer en su ‘Definición de Destino Manifiesto’, en 2018, afirma que para amplios sectores de la sociedad estadounidense el Destino Manifiesto era un motivo de orgullo. Quienes creían y creen en este ideal consideran que el afán dominador es legítimo porque cuenta con la aprobación de Dios. En los billetes estadounidenses hay una leyenda que ejemplifica muy bien la filosofía del Destino Manifiesto: "in god we trust" (confiamos en Dios).


Hoy se puede puntualizar es la condición que diferencia un país de los demás, un atributo valorado que hace sentir orgulloso a sus pobladores, que les es inculcado desde su nacimiento. Por ello, elogiar una etapa de nuestra historia, vituperando otra, no contribuye a generar esa identidad, que prefiero llamar Destino Manifiesto.


Entre otros, los incas nos legaron diferentes cultivos (papa, maíz, yuca, entre otros), su arquitectura, cerámica, y el ama sua, ama llulla, y ama quella; los españoles, idioma, religión, y hasta el sombrero; los negros, el Cristo Morado, la zamacueca, el cajón musical, y el frejol colado; los chinos, el tradicional ‘chifa’; los italianos, el tallarín al pesto y técnicas artísticas en la pintura y el arte. Esto solo por citar algunos de sus aportes en estos grupos, pero también están las contribuciones de otras culturas, por lo que es incoherente criticar unas sobre otras. Los incas fueron, también, imperialistas y sojuzgaron a numerosas culturas, e incluso asesinaron en el norte a decenas de curacas tallanes para asentar su poderío. Los españoles también hicieron lo suyo, y lo mismo chinos, italianos, rusos y otras naciones, en diversos territorios durante sus expansiones.


Un proverbio ruso dice ‘añorar el pasado es correr tras el viento’, y el político inglés Harold Macmillan, declaró que “deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá”. A ello, el compositor polaco Fredric Chopin, mencionó que “es inútil volver sobre lo que ha sido y ya no es”. Todos coinciden en la importancia de mirar hacia el futuro – la visión de futuro de un estadista – construyendo y no destruyendo, mejorando sobre bases firmes y no sobre las que ya no existen. En el Perú, la mejor frase está en “quien no tiene de inga, tiene de mandinga’.


Somos un país afortunado donde puede crecer todo el año cualquier tipo de cultivo, y donde la variedad pesquera es abundante. Perú posee 84 de los 103 micro climas del planeta. Gracias a ello, tenemos la gastronomía más reconocida del mundo, y no es lo único. Diversidad de razas, culturas, historias, geografía, música, folklore, comidas, creencias, y tradiciones. Estas supuestas diferencias deberían unirnos para reconocer, como Destino Manifiesto, que somos el país más diversificado del mundo, respetando las características propias de cada grupo, en lo social, cultural, económico, y político. Esta condición es la que debe unirnos en la consecución de objetivos nacionales, por encima de los intereses personales o de grupo, y reemplazando el término ‘inclusión’ por el de ‘integración’. Esa es nuestra peruanidad, hoy Destino Manifiesto.



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