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Embajador Jorge Castañeda / Política exterior y partidos políticos 

  • Embajador Jorge Castañeda
  • hace 2 días
  • 5 Min. de lectura

La institucionalización de la política exterior en los partidos políticos y la sociedad civil

 

Marco general

La política exterior es una política de Estado que va más allá de los cambios de gobierno. Se construye desde el Ministerio de Relaciones Exteriores y busca proteger los intereses del país en dimensiones como la soberanía, la economía, la seguridad, la cultura, el medio ambiente y los derechos humanos. Su propósito es promover el comercio, la inversión, el desarrollo económico, defender la seguridad nacional, difundir los valores del país y atenuar los impactos negativos del exterior y enfrentar desafíos globales como el cambio climático. Por todo ello, se trata de una labor compleja que requiere una visión coordinada entre los partidos políticos y la ciudadanía.

 

Sin embargo, a pesar de la relevancia crucial de la política exterior en el desarrollo nacional, un análisis de los planes de gobierno de los partidos políticos revela que su tratamiento y priorización de acciones son, en gran medida, superficiales y, en algunos casos, prácticamente inexistentes. Por el lado de la sociedad civil, si bien existen organizaciones vinculadas al comercio exterior o a asuntos internacionales, el conocimiento ciudadano sobre los alcances de la política exterior sigue siendo bajo; encuestas cualitativas muestran que la mayoría de la población la asocia exclusivamente con trámites consulares o con la imagen presidencial en el exterior, sin reconocer sus efectos directos en la economía local, el empleo o el acceso a servicios. Esta doble brecha —en los partidos políticos y en la ciudadanía— limita las oportunidades del país en el escenario internacional y debilita su capacidad de acción frente a los retos globales.

 

Acciones específicas que el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú puede implementar para promover la política exterior entre los partidos políticos y la sociedad civil

Para fortalecer la política exterior, el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú puede impulsar acciones concretas de carácter continuo. Una de ellas es aprovechar el Acuerdo Nacional, un espacio de diálogo que reúne al gobierno, los partidos políticos y la sociedad civil. En ese marco, la Cancillería puede solicitar sesiones informativas -al menos dos veces al año- para compartir los temas más relevantes de la agenda internacional y recoger opiniones que ayuden a mejorar la estrategia del país.

 

Para superar la posible resistencia o desinterés de los partidos, estas sesiones deben enfocarse en temas con impacto directo en sus agendas locales (por ejemplo, cómo un acuerdo de cooperación puede beneficiar a una región donde el partido tiene presencia) y generar acuerdos escritos que luego puedan ser verificados por la ciudadanía. Asimismo, se sugiere que la Cancillería elabore, después de cada sesión, un informe de “insumos recogidos y su incorporación en la gestión” que se publique en el portal institucional, dando transparencia a la utilidad del diálogo. También puede elaborar resúmenes ejecutivos dirigidos a los partidos y a la ciudadanía, donde se explique con claridad cómo la política exterior ayuda a aprovechar las oportunidades del país y a reducir riesgos externos.

 

Otra línea de trabajo fundamental consiste en hacer visible cómo la política exterior incide directamente en el bienestar de las personas. Para ello, no basta con difundir acuerdos internacionales o declaraciones diplomáticas; es necesario traducir esos esfuerzos en resultados tangibles que la ciudadanía pueda reconocer como parte de su vida cotidiana.

 

Una vía efectiva es desarrollar campañas de comunicación estratégica en redes sociales y medios locales que muestren, con ejemplos concretos, el impacto de la gestión externa en cada región del país. Por ejemplo, se puede destacar cómo un acuerdo comercial facilita la llegada de insumos médicos a menor costo, cómo una negociación ambiental permite acceder a fondos internacionales para proteger fuentes de agua en comunidades andinas, o cómo la defensa consular ante un cambio en las regulaciones de un mercado de destino evita el cierre de pequeñas empresas exportadoras.

 

Estas historias, contadas desde la experiencia de los propios ciudadanos y productores, construyen un puente entre la labor institucional y los intereses concretos de la población. Para que esta línea tenga sostenibilidad, se propone establecer dos indicadores de seguimiento: (i) número de piezas comunicacionales producidas y su alcance geográfico (desagregado por región), y (ii) variación en el conocimiento ciudadano sobre política exterior medido a través de encuestas anuales.

 

Al mismo tiempo, resulta imprescindible potenciar el rol de las oficinas desconcentradas de la Cancillería. Estas sedes regionales no deben limitarse a trámites documentarios sino en espacios activos de articulación entre las capacidades productivas locales y los mercados internacionales. A través de un trabajo permanente con gobiernos regionales, cámaras de comercio, asociaciones de agricultores, artesanos y pequeñas industrias, las oficinas desconcentradas pueden identificar oportunidades de exportación, alertar sobre barreras técnicas que están por surgir y facilitar el contacto con compradores internacionales.

 

Este acompañamiento descentralizado asegura que los beneficios de la política exterior no queden concentrados en grandes empresas o en la capital, sino que se distribuyan a lo largo del territorio, fortaleciendo economías locales y generando empleo. No obstante, para que esta función sea efectiva, se requiere una asignación presupuestal específica en el pliego del Ministerio, así como la contratación de personal con perfiles de desarrollo productivo local, no solo de gestión documentaria.

 

En paralelo, la transparencia y el acceso a la información se convierten en herramientas de empoderamiento ciudadano. Si bien el portal institucional de la Cancillería contiene informaciones de política exterior de gran utilidad para especialistas, su lenguaje técnico y extensión limitan su llegada al público no especializado. Por ello, se requiere producir versiones de fácil lectura, como resúmenes ejecutivos en formato de “cinco puntos clave”, infografías explicativas y videos breves que desglosen los temas más relevantes de la agenda internacional.

 

Este material debe estar disponible no solo en el portal web, sino también en plataformas de uso masivo y en formatos accesibles para personas con discapacidad o con limitado acceso a internet. Además, considerando que en zonas rurales y periurbanas el acceso a internet es limitado, se sugiere complementar las herramientas digitales con espacios de diálogo presencial en las oficinas desconcentradas, difusión por emisoras de radio locales y alianzas con gobiernos regionales para incluir estos temas en las escuelas de formación ciudadana.

 

Además, es necesario implementar sistemas de alerta temprana dirigidos a sectores productivos, en particular a pequeños productores y microempresarios que no cuentan con equipos de inteligencia comercial. A través de herramientas sencillas como listas de difusión por WhatsApp, boletines por correo electrónico o mensajes de texto, la Cancillería puede informar oportunamente sobre cambios en normativas sanitarias, arancelarias o fitosanitarias en los mercados de destino, así como sobre la apertura de nuevas oportunidades comerciales o eventos internacionales clave.

 

 

Dado que no todos los pequeños productores tienen acceso a estas tecnologías, se propone que las alertas también se canalicen mediante las oficinas desconcentradas, las asociaciones gremiales y los gobiernos locales, utilizando cartillas físicas y reuniones informativas presenciales. Este tipo de comunicación directa y ágil posicionara  al Ministerio de Relaciones Exteriores como un aliado práctico y cercano, que acompaña al ciudadano en su actividad económica y reduce la incertidumbre frente a un entorno global cambiante. Para monitorear su efectividad, se puede establecer una meta de implementación en al menos diez cadenas productivas regionales durante el primer año, con un registro de usuarios atendidos y una evaluación semestral de utilidad percibida.

 

Finalmente, la institucionalización de la política exterior no es un ejercicio técnico reservado a diplomáticos, sino un imperativo democrático que exige el compromiso activo de los partidos políticos y la participación informada de la ciudadanía. Las acciones aquí planteadas —diálogo sostenido en el Acuerdo Nacional, comunicación con impacto tangible, fortalecimiento de las oficinas desconcentradas, transparencia en lenguaje claro y alertas al servicio de los pequeños productores— no serán efectivas si se aplican de manera aislada o temporal.

 

Requieren, por el contrario, una decisión política sostenida, recursos asignados con visión de Estado y mecanismos de seguimiento que permitan corregir y aprender. Solo así la política exterior dejará de ser percibida como un asunto lejano y se convertirá en una herramienta cotidiana para mejorar la calidad de vida de las personas, aprovechar las oportunidades globales y afirmar la presencia del Perú en el mundo con una voz sólida y representativa.

 


 

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