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  • Ernesto Morales

Ernesto Morales / Revolución de Independencia II (1 de 2) 

Noticias enviadas a esta redacción por el cronista de la Libertad, correspondientes al mes de marzo de 1824. Leamos.

 

Huimos de Lima, los que quisimos y pudimos. Seguimos los pasos de las columnas patriotas, lentas con todo lo que en carretas sacaron de tan desgraciada ciudad, ahora nuevamente bajo el yugo realista. La guerra es sufrir tanto mal. Importante la fuerza de voluntad, de estar convencidos que toda penuria es nada… cantábamos con lágrimas en los ojos, tantas aflicciones personales que a muchos avergüenza siquiera confesar “…somos libres, seámoslo siempre…” para dormir soñando con una sociedad de Libres e Iguales. Algunos de los recién llegados nos comentan sobre los días de pillaje, violaciones, robos…que ocurrieron. No faltó quien entre dientes se quejase de la retirada patriota, disculpase la llegada de las tropas realistas pues los vecinos necesitaban seguridad, o rezara porque Bolívar liderase tanto venganza como libertad.

 

Febrero, en resumen, realistas avanzaron desde sus puntos fuertes en Ica y Jauja dirigidos por Rodil y Monet. Se reunieron en Lurín, ocuparon Lima, recibieron la rendición del presidente José Tagle, vicepresidente Diego de Aliaga, ministro de guerra Juan de Berindoaga y la cabeza del Congreso Carlos Pedemonte. Dos días persiguieron, mataron o apresaron; para qué, si luego comunicaron que perdonaban a todo el que se uniese a la causa del rey.

 

Llegado a Ancón embarque a Huacho, haciendo descanso en Chancay. De ahí a lomo de burro por Huaura con rumbo a Pativilca pues deseaba entrevistar a Bolívar. Por donde voy doy fe que el norte es bastión patriota. A cualquiera debiera asombrar que los enfrentamientos, que incluyeron movimientos de tropas, pronunciamientos y capturas, entre Tagle, Riva Agüero y Bolívar, no derivasen en que peruanos se decidiesen a abandonar el apoyo a la Independencia. Fuimos a Huamachuco donde acantona y entrenan las fuerzas patriotas. Entre los que reunió Riva Agüero, los que trajo el caraqueño libertador, los de Tagle, e incluso los llegados con San Martín, más los nuevos voluntarios suman ya casi cinco mil hombres y aumentando.

 

En Huamachuco, todo era caminar, beber, danzar y entrenar. Pregunte a tantos. Hombres con sombreros blancos, hechos con paja de palma, toquilla o junco según lo que cada uno podía pagar; discutían por si los mejor tejidos eran los de Huancabamba, en El Faique, o de la Rioja en ceja de selva. Mujeres con faldas largas plisadas. De pronto el baile, Ella que juega a levantar falda mostrando tobillos o enaguas, batiendo pies descalzos ante sombrero y pañuelo del paisano, hasta que aparece un jinete peruano que envuelto en poncho de lino es desafiado por los ojos de ella, para que guie al caballo a marcar paso al ritmo de su cadera. Movimiento, alegría, no parecía que esos miles se congregaban para ir a matar o morir.

 

He pensado mucho en algo que escuche. Que tal vez estamos viviendo una guerra entre bandos, entre los que apoyaron a Riva Agüero, San Martin, Tagle incluso a la Serna. … dicen que nuestra revolución de Independencia es una guerra civil. Al que apodan limeño tercio diciendo “Juan Antonio Álvarez de Arenales nació español, vasco, y es patriota. ¡che, gua paisano, te contaré mi historia ¡[1]”.

 

“…era enero de 1781, tenía catorce años. Escuche a los arrieros de la revolución del indio Túpac Amaru, quien tenía meses levantado en guerra prometiendo crear una nueva nación[2]. ¿Se imagina? un país nuestro, ser libres, donde primero seamos peruanos y luego lo que quieras”. Me cuenta, sigue. “Mi padre era de Jaén de Bracamoros, enjuto arriero de ojos azules, tan prieto que sus dientes los recuerdo blanquísimos. Presumía tener sangre española, gua bien que de moro o indio venia jajaja… sus correrías lo llevaban de Bagua al Cruce, de ahí al norte, a Paita, donde llegaban sus familiares de Guayaquil con mercaderías de Cartagena, o a Pimentel a buscarse la vida. Se unió a mi madre. Mulata chiclayana, le hubiese querido ver jaja, piel blanca como el algodón. Vivíamos en Saña, buena vida”.


 


[1] Verónica Chumacero Ancajima “Y qué piurana al decir ¡gua!”, publicado 28 de octubre de 2013 en https://www.udep.edu.pe/castellanoactual/y-que-piurana-al-decir-gua/ 

[2] Miguel Maticorena Estrada estudio la idea de nación. Señalo que Túpac Amaru II tuvo idea de “nuevo cuerpo de nación”, planteamiento recogido por investigadores como José de La Puente Candamo, Alberto Flores Galindo, Charles Walker. Imagen del “cuerpo”, metáfora organicista decía el erudito sanmarquino, mediante la cual enseñaban a cada persona que lugar ocupaba en la sociedad bajo la cabeza  rey hispano. Así, el mayor crimen del cacique fue pretender desmembrar a la nación española, integrada por naciones diferentes, para formar un nuevo cuerpo, el de una nación de personas libres.

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