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Fabiola Morales / Llueve sobre mojado


Piura y todo el norte del país están atravesando por un nuevo fenómeno pluvial causado, esta vez, no por el Fenómeno del Niño, sino por el ciclón Yaku, el cual está destruyendo viviendas, carreteras, puentes y la infraestructura de las ciudades por la intensidad y persistencia de las lluvias y el desborde de los ríos.


Estos desastres no son novedad, se repiten cada cierto tiempo; pero hasta ahora no hemos sido capaces de concientizar a nuestra población para que no levanten viviendas en las quebradas o riberas de los ríos; ni menos de llevar a cabo los proyectos de una solución integral que corresponde realizar al organismo gubernamental “Reconstrucción con Cambios”, en coordinación con los ministerios, los gobiernos regionales y locales.


Desde el año 1925 al menos, a Piura y el norte, le llueve sobre mojado. Nuestros abuelos que vivieron también otros fenómenos, nos contaban de los desastres que se produjeron aquel año en que gobernaba el presidente Leguía. En ese entonces, el puerto de Paita se preciaba de tener empresarios que contrataban compañías de ópera, teatro y zarzuela directamente desde Italia y España. Felícita Castillo Colonna, mi tía abuela, nos refería que las “lluvias del 25” sorprendieron a los paiteños saliendo de una de esas actuaciones teatrales y que a las damas las tuvieron que cargar a hombros para subirlas al tranvía que, en esa época, también existía.


En mayo de 1984, la cola de un huracán tocó el mismo puerto y, lo viví por casualidad, en la casa de la tía Feli. A las 3 de la tarde, después de almuerzo, mientras ella disfrutaba de su balcón frente a la plaza y el mar, nos hizo notar que había oscurecido y que veía un movimiento inusual en las olas que casi no existían en la pacífica bahía. No pasó más de una hora en que todo se oscureció y vimos olas de hasta cinco metros y fuertes vientos que se prolongaron por toda la noche; como consecuencia, embarcaciones como las tuna clipper se partieron en dos, las lanchas y los botes de los pescadores artesanales se destrozaron y fueron a parar playa afuera.


En Piura y todo el departamento, vivimos esos años una crisis casi de guerra; pero seguíamos estudiando y trabajando, en medio de todas esas dificultades. Un día nos tocó caer en un dren de lluvias con correntada, casi de noche, volviendo de la universidad; pero no faltó una mano amiga que nos localizó por las voces que dábamos.


Los alimentos no llegaban, no había luz, ni combustibles. Un domingo de junio cuando en la casa sólo teníamos una gallina que no podíamos cocinar, porque no había gas, ni kerosene, ni nada; y nos repartimos entre 5 personas una manzana para almorzar, fue cuando tuvimos conciencia que habíamos tocado fondo.


Fue muy parecido el año 1998, cuando cayeron los puentes de Piura, como el Bolognesi, tragedia en la que fallecieron muchas personas y, entre ellas, un niño, hijo de unos amigos muy queridos. Se relatan pronto estos hechos, pero quienes los vivimos a diario en esos años, sabemos del sufrimiento, principalmente, de esas familias vulnerables que se quedan de la noche a la mañana, sin casas, sin enseres, sin cultivos, sin agua, sin luz, sin alimentos, sin nada.


Las justificaciones son muchas del ahora organismo para la “Reconstrucción con Cambios” y del Ejecutivo, pero lo cierto es que, a casi 100 años de ese fenómeno de 1925, del que tuvimos noticia, las poblaciones siguen esperando soluciones.


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