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  • Foto del escritorAnálisis Efectivo

Fabiola Morales / “No ata ni desata”


Durante su último recorrido por la región San Martín, el presidente José Pedro Castillo paró en seco la carrera que había emprendido, rodeado de miembros de la Seguridad del Estado, para pedir a dos efectivos de la Policía Nacional que le amarren los zapatos, quienes se abajaron rápidamente para cumplir la orden de acordonar los pasadores, de cada uno de los dos zapatos del mandatario.


Desde el punto de vista comunicacional, esta es una foto histórica, que “habla más que mil palabras” y que se podría interpretar desde distintos ángulos. Histórica y única, porque no recordamos ningún antecedente en otro mandatario, ni de aquí ni del mundo, sino más bien de todo lo contrario. Se amarraron los zapatos en público personajes con poder y tan dispares como el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama; el rey emérito de España, Juan Carlos I; o el poderoso empresario, dos veces expresidente de Chile, Sebastián Piñera.


Esta imagen, con intención o sin ella, nos revela a un mandatario orgulloso y soberbio, tan distante a la frase evangélica que afirma la dignidad de quien hace cabeza: “No he venido a ser servido, sino a servir”. Pero, sobre todo, es una imagen que contradice el discurso que el Gobierno repite: “estamos para servir al pueblo”. Sin duda, no son las palabras, sino las acciones, las que nos pintan de cuerpo entero, no a un humilde y pobre maestro rural, sino a un sindicalista bien remunerado, de costumbres despóticas y humillantes.


Por otro lado, quienes se agacharon a amarrar los zapatos del Presidente, no fueron sus hijos, ni su esposa (a la manera de lo que podría ser un “estilo rondero”), sino dos miembros de la Policía Nacional que tendrán sus grados -no sabemos si se trata de oficiales o suboficiales- y son funcionarios del Estado que no están para lustrar botas, ni para lavar los pies de sus jefes, por mucho que se trate de la autoridad máxima de un país. A la discriminación y humillación pública, por la que se les ha hecho pasar, se suma el uso indebido de sus cargos.


Un asunto no menor, que el Congreso no puede dejar pasar por alto, porque es necesario que la Representación Nacional pregunte al ministro del Interior, si la Policía conoce su Manual de Funciones, o si, por el contrario, así como se presta para amarrar zapatos en público, realizan otras labores de “servicio particular” a sus superiores.


Los ciudadanos necesitamos saber si los miembros de la PN, cuyos servicios son tan necesarios para resguardar el orden público y luchar contra la delincuencia, están cumpliendo más bien con “trabajitos” a cambio de no sabemos qué.


En la cuenta de Twitter del Presidente, se lee entre otros: “Expreso mi absoluto respeto al trabajo de la @PolicíaPerú (…) Lamento que se haya mal interpretado una acción voluntaria del efectivo de seguridad, quien quiso evitar que mi lumbalgia recrudezca y se ofreció amablemente a dicha acción”; estamos seguras de que casi todos hemos pasado por la experiencia de una lumbalgia, pero con esa afección de salud, no se corre como lo hacía el Presidente ni se para en seco, para que -no “un efectivo como afirma”, sino “dos efectivos” como todos vimos- le amarren las cuerdas de los zapatos.


¿Significará esta imagen que el Presidente, “no ata ni desata” y como le dijo al periodista Del Rincón de la CNN, ha llegado a “aprender” a Palacio o es una cortina de humo de algo peor?


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