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Fabiola Morales / Presidenta de cristal


El llamado “factor Dina” se convirtió en definitivo para el desenvolvimiento de la crisis política en nuestro país; la Vicepresidenta Dina Boluarte, se convirtió en la primera Presidenta de la República, permitiendo una sucesión pacífica y democrática, después de un golpe de Estado fallido del ex Presidente Castillo y de que el Congreso consiguiera vacarlo con 101 votos a favor, acontecimientos todos que ocurrieron en unas horas del ya histórico 7 de diciembre del presente.


A Dina Boluarte, se le entregó, junto a la banda presidencial, de manos del Presidente del Congreso José Williams, la difícil tarea de darle estabilidad política al Perú, para lo cual, no tiene suficiente experiencia dada su corta incursión en estas lides. Ha empezado su mandato afirmando que se quedaría hasta el 2026; pero rápidamente, ha tenido que retrucar ante la prensa, afirmando que esta decisión dependerá de posteriores conversaciones con los grupos políticos.


La actual Presidenta, ha sido rápida en reunirse con la mayoría de bancadas del Parlamento en Palacio para intercambiar las primeras impresiones; sin embargo, le ha costado formar su gabinete de ministros que, según prometió en su primer discurso, debía ser de “unidad nacional”. En este punto, debe hilar muy fino, porque las protestas en las carreteras han empezado a serle hostiles y no van a cesar con facilidad.


Por otra parte, Boluarte ha afirmado que visitará en su celda al ex Presidente, como lo han hecho ya muchos congresistas, ex presidentes del Consejo de Ministros y hasta el mismo Embajador de México. Es obvio que, aunque en este momento no lo pueda llevar a cabo, su deseo sería el de buscar una salida para el alejamiento del país del ex mandatario, mediante la figura del asilo, lo cual, posiblemente, calmaría las protestas.


Pero este, “deseo” de la Presidenta no está en sus manos, una vez cumplido el plazo de prisión preventiva impuesta al ex Mandatario por el delito de rebelión in fraganti –no solo absurdo, sino del que ahora afirma “no recordar”, según declaración de colaboradores–, el Ministerio Público y el Poder Judicial deberán decidir si le amplían la misma, mientras responde a las numerosas acusaciones de corrupción recogidas por la Fiscalía.


Recordemos también que, Dina Boluarte, fue expulsada de Perú Libre, el partido que la llevó al poder y, actualmente, no tiene bancada en el Congreso que la respalde incondicionalmente. Las protestas en las carreteras están dirigidas contra su gobierno, “Dina no me representa”, gritan los manifestantes y le echan en cara su promesa de irse, en caso de que Castillo fuera vacado. Por tanto, el panorama político que se le presenta es muy difícil de gestionar.


En este país, donde la política se está convirtiendo en un asunto no apto para cardíacos, no llamaría la atención que los días de la actual Presidenta estuvieran contados y que, en tal caso, el Presidente Williams, tuviera que asumir la conducción de la nación, siguiendo el orden de sucesión constitucional. Si Boluarte no logra calmar los ánimos y concertar con el Congreso, lo más probable es que tengamos que ir, urgentemente, a un proceso electoral no exento del peligro de que los ciudadanos elijan autoridades, aún más impresentables.


Después del golpe fallido, el Perú ha recibido un balón de oxígeno, gracias a la fortaleza de sus instituciones democráticas; pero no podemos ignorar que tenemos una Presidenta de cristal que se puede quebrar con facilidad.


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