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Fabiola Morales / ¿Que se vayan todos?


Advertimos en un artículo anterior, sobre la estrategia de los llamados “caviares” para patear el tablero del juego de la débil democracia peruana, con la clara intención de traerse abajo y desacreditar al Congreso de la República, con la raída frase: “Que se vayan todos”. Pero, ahora, se les están uniendo voceros que, supuestamente, defienden las libertades y los derechos ciudadanos, frente a un poder Ejecutivo que está copando los puestos de la Administración Pública con personajes incapaces, corruptos y de muy dudosa reputación democrática.


Iracundos, porque una minoría de determinados parlamentarios votaron en contra o en abstención sobre el segundo intento democrático de vacancia, por incapacidad moral del Presidente, afirman que se sienten defraudados por toda la representación nacional, mezclando la paja con el “trigo” que se fajó para conseguir un resultado distinto, y que consiguió no 56, sino 76 votos para presentar la moción respectiva.


Este escenario es el peor que podríamos estar construyendo quienes creemos en las libertades y la democracia, contra el totalitarismo y autoritarismo de los gobiernos de corte marxista leninista que -si son inteligentes- deben celebrar más la “desunión” que se pueda estar gestando en la oposición, por la ceguera y la bilis de algunos, y menos por el segundo intento de vacancia haya abortado.


Los caviares ya probaron las mieles del poder y creen que pueden repetir con facilidad la “operación Sagasti” para volver a Palacio. Salieron de sus sarcófagos, justo días antes en que, hasta el gobierno temblaba de miedo, porque en el Congreso se sumaban los votos. Querían, otra vez, ganar el juego del “Nadie sabe para quién trabaja”. En caso se produjera la vacancia, estaban listos para empujar a que se cierre el Congreso y presentarse, otra vez, como los grandes salvadores. Por eso se entiende su posición.


Pero no se entiende que, parte de quienes se dicen oposición en las calles y que han llegado incluso hasta imponer denuncias por supuestas irregularidades en las últimas elecciones, denuncias que, por otra parte, hasta ahora han fracasado, se unan al coro de los que gritan “Que se vayan todos”, en lugar de fortalecer a las bancadas y parlamentarios que se la juegan desde el primer poder del Estado por mejorar la vida en el Perú.


Si esta actitud prosperara, sin ninguna duda, llegaríamos a un escenario que ningún demócrata desea y que ya recorrió Venezuela los últimos años para llegar donde está ahora, gobernada por el hijo predilecto del comunismo cubano que se enriquece con la miseria de un pueblo que huye despavorido de su país, tan próspero en recursos naturales.


En estos momentos, lo que más nos podría hacer daño en el Perú es que surgiera una oposición irreflexiva, impaciente y hasta envidiosa de las luchas de un gran número de parlamentarios para conseguir enrumbar, de una vez por todas al país, por el camino de la honradez y justicia social, en libertad y democracia.


Por ahora, los estrategas de Palacio “han ganado” el partido, no solo acudiendo a la jugarreta que le querían hacer al Acuerdo Nacional; sino con la de los “Niños S.A” y otras más, pero no se la han ganado a todos, ni fuera ni de dentro del Congreso; sino a quienes queremos un Perú camino a ser un país desarrollado, como el que se merecen las futuras generaciones. Perlo la oposición no se va a quedar con los brazos cruzados.


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