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Herberth Cuba / Carpas de espera y la fallida reforma de salud

La necesidad de abandonar el aseguramiento mercantilista

El 17 de febrero del 2022 los medios de comunicación han dado cuenta que padres de familia acampan en espera de atención médica desde hace meses en zonas aledañas al Instituto Nacional de Salud del Niño (Hospital del Niño, en Breña). Según RPP son 36 carpas que cobijan a padres de familia que “han viajado desde distintas provincias del país y que no tienen recursos para pagar un hospedaje”. También aprovecha para transmitir el llamado de ayuda de estas personas, que ya viven de la caridad de los vecinos, que algunas veces les brindan agua y alimentos. Por otra parte, el Instituto de Salud del Niño posee un albergue para las familias de los niños ya hospitalizados, aunque con capacidad para solo 40 personas. En ese sentido, el diario El Comercio señala que hay 281 menores internados en el hospital. Como se puede apreciar, la capacidad del hospital ha sido rebasada, y la del albergue también.


Una posible explicación a los hechos inhumanos relatados podría ser el centralismo. Sin embargo, si la causa solo fuese el centralismo, no habría motivo para que los pacientes que lleguen a Lima no alcancen cupo. Se agravaría la situación si incluimos a pacientes o usuarios que, por diversos motivos, no pueden viajar desde sus distritos o provincias para engrosar la lista de espera en Lima. Hay enfermos que no son visibles para el conteo de todos aquellos que necesitan atención médica. Por tanto, hay una escasez que es más grave de lo que parece. Esta apresurada conclusión, basada solo en el centralismo, podría empujar a dos líneas de acción: ampliar la infraestructura hospitalaria en Lima o construir un nuevo hospital especializado en niños en cada una de las provincias del país o que sean necesarias ambas acciones.


Como es natural, esta nueva infraestructura hospitalaria implicaría equipos, insumos, medicamentos y un mayor número de especialistas; no solo de médicos, sino también de los otros profesionales de la salud. Sin embargo, a pesar de que sería un costoso avance, aún así no se cerraría la brecha de necesidades de la población, porque no cubriría sus gastos de subsistencia familiar en su lugar de origen. Ni tampoco en el caso del traslado desde los distritos a las capitales de las provincias, donde se ubicarían los supuestos nuevos hospitales pediátricos, ni el traslado a la capital de la República de aquellos que poseen enfermedades más complejas, costosas e invalidantes.


Una segunda explicación sería la falta de oferta de servicios de salud pediátricos; no solo del nivel hospitalario, sino también del Primer Nivel de Atención de Salud. (Postas y centros de salud). De igual forma sería otro gran avance, pero aún insuficiente. La oferta se complementa con la demanda; pero, como es obvio, no todos los que necesitan atención médica generan demanda. Entonces, en el supuesto de que se logre descentralizar y masificar la oferta de servicios pediátricos, en todo el territorio nacional, no implicaría el cierre de brechas de necesidades de salud de los niños del país.


Una tercera explicación sería que es necesario cerrar la brecha entre oferta y demanda mediante servicios gratuitos para los pacientes (incluidos los pediátricos) para todas las enfermedades y en todo el territorio nacional. A pesar de que esa acción representaría un gran avance, aún sería insuficiente. Más aún evidenciaría el abismo que existe, si se comparara con el modelo del aseguramiento mercantilista que se “construye” en el país, en el que los pacientes “gozan” de pólizas de seguros, sólo “para los daños asegurables” más frecuentes y baratos. Además esta protección económica es útil siempre y cuando el paciente logre ingresar al hospital, y además tenga la “suerte” de que su “daño” se encuentre incluido en la póliza del seguro y que el fondo económico de la caja fiscal (SIS) no se haya agotado. En caso contrario, el paciente debe pagar o apelar a la caridad pública o esperar la evolución natural de la enfermedad hasta la muerte.


Una cuarta explicación sería que es imprescindible que se implemente la medicina preventiva, la promoción de la salud, una óptima intervención en los determinantes económicos, sociales y culturales de la salud, con la más amplia participación social, es decir, con enfoque comunitario y con la estrategia de Atención Primaria de la Salud (APS). Parece obvio, que el énfasis en promover la salud y evitar la enfermedad, tendría un gran impacto en la disminución del trabajo hospitalario y en las necesidades de inversiones en la medicina curativa. Sería un nuevo avance, pero aún así, sería insuficiente.


Las carpas de espera y el sufrimiento que ellas cobijan, son la demostración de la necesidad de abandonar la fallida reforma del aseguramiento mercantilista de los últimos dos lustros. Es necesario resolver el aspecto medular para erradicar la exclusión y la inequidad, representado en los conceptos de “acceso” y de “poder de acceso” a la salud. Solo ejercen el acceso aquellos ciudadanos que tienen ventajas económicas, geográficas, culturales, y de óptima condición de salud. El resto tienen barreras para el acceso. En cambio, el poder de acceso implica que todos los ciudadanos, incluso, aquellos que no lo pueden hacer por sí mismos, gocen de las ventajas aludidas para evitar las barreras de acceso.


En ese sentido, la solidaridad que es la base de la seguridad social universal, sirve no solo para otorgar prestaciones sanitarias o de salud, preventivas o curativas gratuitas, y de esa manera, facilitar el acceso, sino también, para brindar prestaciones económicas y sociales, que eliminen las barreras económicas, sociales, culturales y por condición de salud y, de esta manera, el ciudadano adquiera en modo efectivo el poder de acceso a la salud.


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