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Herberth Cuba / Golpe fallido y vacancia presidencial

Pedro Castillo: de corrupto a golpista

Cuando el gobierno adoptó la estrategia de la victimización obtuvo buenos resultados y logró un equilibrio estratégico con el Congreso de la República, a pesar de los reiterados “destapes” de corrupción, de la ineficacia e ineficiencia en su gestión y de las contundentes denuncias realizadas por la Fiscalía de la Nación. El Congreso se había mostrado incapaz de doblegar a los 44 congresistas que “blindaban” al presidente Pedro Castillo y, por tanto, la vacancia se mostraba distante. Incluso, los dos fracasos anteriores generaron el fortalecimiento de la estrategia de la victimización, y hasta se percibió un pequeño incremento en la aprobación popular del presidente; aunque, a decir verdad, a niveles inaceptables para el ejercicio de gobierno. La gran mayoría, cercana al 70% de la población, exigía la vacancia o la renuncia del presidente.


Luego de la primera presentación de la cuestión de confianza y debido al rechazo de plano por parte del Congreso, por no reunir los requisitos de admisibilidad constitucional, el Ejecutivo forzó una interpretación fáctica como si se hubiera producido la negativa de la cuestión de confianza. Renunció el presidente del Consejo de Ministros y se produjo una crisis total del gabinete ministerial y, por tanto, solo restaba una segunda cuestión de confianza para disolver el Congreso de la República. El acta de los acuerdos del Consejo de Ministros, daba cuenta pormenorizada, de esta interpretación “antojadiza” e inconstitucional de la negativa de la cuestión de confianza.


El gobierno y el presidente Castillo abandonaron su estrategia de victimización y adoptaron una nueva “de ataque final”. Amenazaron con la presentación, no de uno, sino de “sucesivos pedidos de cuestión de confianza, e incluso en simultáneo”. El cierre del Congreso parecía inminente, a condición de que los 44 congresistas “fieles blindadores” se mantuvieran unidos en su sacrificio por las consecuencias de la disolución del Congreso. Además, el presidente recorrió el país con un discurso polarizador y había recibido el compromiso y el apoyo, incluso, a costa de sus propias vidas de una serie de dirigentes “sociales”, de algunas de las denominadas “organizaciones de los pueblos”, además, sus movilizaciones o marchas culminaban en el patio del Palacio de Gobierno. En ese contexto, el presidente es probable que haya avizorado una gran movilización nacional en su defensa y la algarabía de la población. No en vano, en su discurso de justificación del golpe de Estado hizo un llamado a los ronderos, a las organizaciones gremiales y a la población a cerrar filas a su favor.


No es posible saber si el resultado de la votación para la vacancia hubiese sido distinto si Pedro Castillo no hubiera dado golpe de Estado (ucronía de la vacancia), a pesar de las denuncias por corrupción de la víspera y en la mañana en la Comisión de Fiscalización del Congreso de la República y ventiladas por todos los medios de comunicación. Hasta momentos previos al golpe, la vacancia presidencial era un albur. La extensa y bien motivada moción de vacancia, que relata en extenso y detalle las denuncias de corrupción y mal gobierno, que figuraba en la agenda del Pleno del Congreso, nunca se ha votado. Se ha aprobado una nueva moción y, por tanto, se ha vacado al presidente Pedro Castillo debido al golpe de Estado, por “permanente incapacidad moral” (Inciso 2 Artículo 113) por disolver el Congreso “salvo en los casos previstos en el artículo 134 de la Constitución” como señala el artículo 117 de la Constitución política del Estado.” Así ha sido dado a conocer este momento histórico en los diversos medios de comunicación, no solo del Perú, sino, también del mundo.


La sincronización y rapidez de las respuestas de los organismos del Estado en la defensa de la democracia y la república ha sido encomiable. Desde el pronunciamiento de la Fiscalía de la Nación, pasando por el Poder Judicial, el Tribunal Constitucional, la Defensoría del Pueblo, hasta las Fuerzas Armadas y Policía Nacional, entre otros. Cada uno de los órganos del Estado hizo la parte del trabajo que le corresponde. Asimismo, la Organización de Estados Americanos (OEA) y algunos países, como EE. UU., rechazaron el golpe de Estado y saludaron con beneplácito a la nueva presidente del Perú. Sin embargo, no hubo una marcha o movilización ciudadana de apoyo a la vacancia contra el presidente golpista. Fue innecesario debido a la rapidez de las acciones y a la orfandad “en pueblo” del presidente. La aventura golpista no ha sido apoyada por nadie.


Pedro Castillo fue aupado a la presidencia por un partido político que en su ideario se reclama como marxista leninista mariateguista, en un proceso electoral muy polarizado que ganó con una diferencia escasa de votos frente a su rival, que incluso, los resultados merecieron cuestionamientos. En la composición política del Congreso su agrupación política era minoritaria, por tanto, requería realizar acuerdos y consensos. Desde antes de su juramentación como presidente insistía en cambiar las reglas de juego de la democracia y cambiar el régimen económico, mediante una asamblea constituyente. Es obvio, que la mayoría congresal, que, además, detentaba la conducción del Congreso, haya agudizado su sentido fiscalizador. Sin embargo, logró una bancada sólida de 44 congresistas que lo protegía, los menos por ideología y la mayoría, por conveniencia.


El presidente del Congreso, José Williams Zapata, general de división, considerado como héroe en el rescate de los rehenes en la operación Chavín de Huántar y otras operaciones militares, ha tenido un rol importante en las decisiones de los altos mandos de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional. Acción que contrasta con las declaraciones altisonantes de los dirigentes “de los pueblos”, que fueron incluso incapaces de defender la palabra empeñada. Los hechos han demostrado que el presidente estaba “fuera de la realidad.” Sus allegados construyeron una narrativa ajena a los hechos. No había combatientes, ni pueblo, ni partidos políticos apoyándolo. Su entorno era de incapacidad para gobernar, pero, eso sí, de mucha corrupción. La decisión de dar un golpe de Estado ha cambiado el epitafio político de Pedro Castillo, de corrupto a golpista. La nueva presidente, que proviene del mismo partido, aunque ya ha renunciado, debe sacar lecciones, rodearse de gente capaz, pero sobre todo ser honesta.


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