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Huber Valdivia / Mejorando la agricultura del país 

  • Huber Valdivia
  • hace 2 días
  • 5 min de lectura

Este es el camino para mejorar la agricultura en el país

 

La agricultura peruana: una crisis estructural que exige una nueva visión constituye uno de los sectores más afectados de la economía nacional.  La realidad es mucho más profunda: el deterioro del sector agrario es el resultado de problemas estructurales acumulados durante varias décadas, caracterizados por políticas públicas discontinuas, estrategias poco acertadas y una limitada prioridad otorgada al desarrollo rural.

 

Como consecuencia, persisten amplias brechas económicas, sociales y tecnológicas que mantienen en situación de pobreza a millones de familias campesinas. Gran parte del territorio nacional continúa desarrollando una agricultura tradicional, sin incorporar los avances tecnológicos que hoy constituyen la base de la competitividad agrícola en el mundo.

 

Paradójicamente, el Perú es reconocido internacionalmente por el extraordinario crecimiento de sus agroexportaciones.

 

Sin embargo, estos logros corresponden principalmente a un segmento moderno del sector agrícola, impulsado por la inversión privada, el uso intensivo de tecnología, la gestión empresarial, la innovación permanente y la orientación hacia mercados internacionales de alto valor. Se trata de una realidad distinta a la que vive la mayor parte de la agricultura familiar.

 

Gran parte de este articulo ha si sido tomado del libro Mejorar la Competitividad en el Agro Nacional mediante la Extensión Agrícola y la Agricultura 4.0, que es el resultado de varias décadas de experiencia profesional en el sector agrario y propone una ruta para revalorar la importancia estratégica de la agricultura como uno de los principales motores del desarrollo económico, social y territorial del Perú.

 

Recordemos a Jorge Basadre con la frase el "Perú profundo": el país andino, amazónico y rural, donde aún se concentran los mayores niveles de pobreza y exclusión.

En este ámbito, una frase resume con claridad la magnitud del problema: los números no engañan.

 

Según el INEI, la pobreza monetaria en el Perú alcanza el 25,7 % de la población. Sin embargo, en las zonas rurales la incidencia aumenta hasta 35,5 %, lo que significa que aproximadamente uno de cada tres habitantes vive en condición de pobreza.

 

A ello se suma un proceso permanente de migración del campo hacia las ciudades. Actualmente, alrededor del 80,6 % de la población peruana reside en áreas urbanas, mientras que solo el 19,4 % permanece en el ámbito rural. En departamentos como Arequipa, la población urbana supera el 94 %. En muchas comunidades rurales, quienes permanecen son principalmente adultos mayores, mujeres y niños, mientras que la población joven migra en busca de mejores oportunidades de empleo e ingresos.

 

El origen de este fenómeno radica, en gran medida, en la baja rentabilidad de la actividad agrícola. Miles de pequeños productores desarrollan sus cultivos en condiciones geográficas agrestes, sobre terrenos de fuerte pendiente, con limitadas posibilidades de mecanización y severas restricciones para el laboreo eficiente del suelo. A ello se suma la escasa disponibilidad de asistencia técnica, innovación tecnológica y servicios de extensión agrícola.

 

Los bajos niveles de productividad reflejan claramente esta realidad. Surge entonces una pregunta inevitable: ¿cómo es posible que un país reconocido mundialmente por su extraordinaria diversidad biológica y ecológica mantenga elevados niveles de pobreza precisamente entre quienes producen los alimentos?

 

La respuesta coincide con la opinión de numerosos especialistas: a millones de agricultores nunca se les enseñó a producir con tecnologías modernas. Durante décadas han estado excluidos de los procesos de capacitación, transferencia tecnológica y asistencia técnica permanente, pese a que existen experiencias exitosas plenamente validadas tanto en diversas regiones del Perú como en otros países.

 

Los indicadores productivos evidencian esta enorme brecha tecnológica.

En el sector ganadero, las estadísticas del MIDAGRI muestran que la productividad promedio nacional alcanza apenas 6,5 kg de leche por vaca por día, mientras que en la sierra el promedio desciende aproximadamente a 4,4 kg/vaca/día. Esto implica que miles de pequeños productores obtienen apenas 2 o 3 kg diarios por vaca.

 

En contraste, el Servicio Oficial de Productividad Lechera registra establos especializados con promedios superiores a 40 kg/vaca/día para el conjunto del hato y alrededor de 45 kg/vaca/día en vacas en producción. Naturalmente, no se pretende que toda la ganadería nacional alcance esos niveles; sin embargo, resulta inaceptable mantener una brecha tecnológica de tal magnitud.

 

Una situación similar se observa en el cultivo de papa, producto emblemático del Perú y del cual somos centro de origen mundial. El rendimiento promedio nacional apenas alcanza 20 a 21 toneladas por hectárea, mientras que países como Argentina, Chile, Brasil y México registran productividades superiores a 32-35 toneladas por hectárea.

 

Lo más preocupante es que el potencial productivo del Perú supera ampliamente esos promedios. Existen numerosos agricultores en Lima, Ica y Arequipa que obtienen rendimientos superiores a 70 toneladas por hectárea, e incluso algunos predios tecnificados superan las 100 toneladas por hectárea.

 

En el cultivo de trigo ocurre exactamente el mismo fenómeno. Mientras el promedio nacional oscila entre 1,4 y 1,8 toneladas por hectárea, agricultores que aplican tecnologías adecuadas alcanzan rendimientos de 8 a 10 toneladas por hectárea. Incluso el propio INIA ha demostrado, mediante investigaciones desarrolladas en condiciones de la sierra peruana, que estos niveles son perfectamente alcanzables.

 

La respuesta conduce al tema central del libro: la ausencia de un sistema moderno y permanente de extensión agrícola. Mejorar la competitividad del agro requiere una estrategia integral sustentada en tres pilares fundamentales:

 

ü  el manejo eficiente y sostenible del agua de riego;

ü  la conducción técnica de los cultivos mediante servicios permanentes de asistencia y extensión agrícola;

ü  y la incorporación de modernos enfoques de gestión empresarial apoyados en las tecnologías de la Agricultura 4.0, como la agricultura de precisión, la digitalización, los sensores remotos, la inteligencia artificial y el análisis de datos para la toma de decisiones.

 

La experiencia demuestra que incrementar significativamente la productividad no requiere inversiones inalcanzables. En muchos casos, basta con introducir mejoras relativamente simples, como utilizar semillas certificadas, ajustar la fertilización de acuerdo con el análisis de suelos, fraccionar adecuadamente las aplicaciones de nutrientes, controlar oportunamente plagas y enfermedades o adoptar mejores prácticas de manejo agronómico. Medidas de esta naturaleza pueden incrementar la productividad en 30 %, 50 % o incluso más, en una sola campaña agrícola.

 

En consecuencia, el desafío no es tecnológico, sino institucional. Lo que el país necesita es una verdadera política pública orientada a fortalecer la agricultura familiar mediante la transferencia permanente de conocimientos y tecnologías.

 

Ello no constituye paternalismo ni subsidio permanente. Significa brindar a los agricultores el impulso inicial necesario para que desarrollen sus capacidades, incrementen su productividad y mejoren sosteniblemente sus ingresos.

 

Finalmente, este esfuerzo demanda la participación articulada del Estado, el sector privado, las universidades, los centros de investigación, los colegios profesionales, las organizaciones de productores y los gobiernos regionales y locales. Solo mediante una acción coordinada será posible construir un sistema nacional de extensión agrícola que permita cerrar las brechas tecnológicas, elevar la competitividad del agro peruano y convertir a la agricultura en un verdadero motor del desarrollo nacional.

 

La extensión agrícola es el eslabón perdido para cerrar las brechas de productividad del agro peruano.

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