Juan de Dios Guevara / Cómo ser, pudiendo serlo
- Juan de Dios Guevara

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De nuestra renta geográfica a la madurez política
A raíz de mi último artículo, “Soberanía o dependencia”, recibí el comentario de un lector, Embajador del Perú, que resume con agudeza un sentir generalizado: “Tu análisis desde el punto de las fortalezas del Perú como base para su desarrollo es impecable, pero lamentablemente las debilidades políticas y sociales neutralizan grandemente el aprovechamiento de esas fortalezas. Solo cuando las superemos, podremos ser lo que nuestras fortalezas nos ofrecen, pero que hoy no sabemos aprovechar”.
Esa frase retumba en la mente. Pareciera que en nuestro país nos asusta ganar, ser alguien importante en el escenario mundial. Arrastramos, al parecer, una mentalidad de sumisión heredada de la colonia, carente de una identidad nacional cohesionada y de una visión a futuro. La pregunta que surge inevitablemente ante tanta frustración colectiva es: ¿Cómo ser el gran país que estamos destinados a ser, pudiendo serlo?
Nuestra mayor ventaja: La renta geográfica ignorada
Para entender la magnitud de lo que estamos desperdiciando, basta mirar el mapa. El Perú no es solo un país con gran biodiversidad e historia; poseemos una renta geográfica incalculable. Estamos ubicados estratégicamente en el centro occidental de Sudamérica, lo que nos otorga la capacidad natural de ser el hub central y el puerto de interconexión más importante de la región.
Tenemos la llave para dominar dos ejes fundamentales. El eje Este-Oeste, que nos permite captar y trasladar los inmensos flujos comerciales desde el Atlántico (países como Brasil, que necesitan una salida eficiente hacia Asia) directamente hacia la cuenca del Pacífico, el actual centro de gravedad de la economía mundial. Y el eje Norte-Sur, que nos posiciona como el punto de articulación ineludible de las Américas.
Si tuviéramos un Plan Estratégico de Desarrollo a largo plazo, estaríamos enfocados en construir la infraestructura logística, ferroviaria y portuaria para capitalizar esta renta geográfica. Sin embargo, en lugar de mirar hacia el Pacífico y el futuro, nos miramos el ombligo, enfrascados en disputas estériles.
El diagnóstico: El «peruano desubicado» y la política podrida
¿Por qué no aprovechamos esta posición de privilegio? Para curar esta ceguera, hay que diagnosticarla con crudeza. El reconocido psicólogo social Jorge Yamamoto nos ofrece una radiografía exacta. Según sus estudios, en nuestra sociedad conviven dos identidades en pugna.
Por un lado, el «peruano respetuoso»: empático, culto en su trato y consciente de los derechos del otro; lamentablemente, hoy una minoría. Por el otro, el «peruano desubicado»: egoísta, envidioso, enfocado en su provecho a costa del resto y que es infeliz ante los logros del otro.
Este último ha normalizado la anomia, un estado destructivo que surge cuando las reglas sociales se degradan y la premisa es: «hago lo que quiero, porque me da la gana».
Este «chip cultural» tiene su expresión más nefasta en nuestra clase política. Como advierte Yamamoto, el actual sistema electoral desincentiva a la gente decente. Buscar un buen candidato hoy es “como ir al mercado y encontrar verduras lavadas, pero podridas por dentro”. El sistema de elecciones ha sido secuestrado por grupos que solo buscan seguir en el poder para manejar unos presupuestos públicos que crecen cada año a un ritmo menor del que podríamos lograr si fuéramos verdaderamente eficientes.
La trampa de la polarización y la ignorancia
A este panorama se suma un pesimismo generalizado, graves diferencias socioeconómicas y un nivel educativo deficiente, tristemente confirmado por los últimos resultados de la prueba PISA.
Este bajo nivel crítico es el caldo de cultivo ideal para una polarización tóxica impulsada por los extremos. Hoy en día, cualquier deseo genuino de una mayor justicia social, sin mayor razonamiento, es respondido por sectores de la derecha con campañas millonarias de alienación que tildan al ciudadano de «caviar», «comunista» o «terrorista». Así, anulan el debate técnico y racional, dividiéndonos aún más para reinar sobre nuestra ignorancia.
La Acción: ¿Qué hacemos a un mes de las elecciones?
A 30 días de elegir a nuestro próximo Presidente, Senadores y Diputados, no podemos quedarnos en la queja. Cambiar esta inercia requiere que esa minoría de «peruanos respetuosos» se despierte, se multiplique y actúe.
1. Voto consciente: Sabemos lo que necesitamos: honestidad, competencia y respeto democrático. Hay candidatos fuera del circuito tradicional que no hacen alarde mediático, pero tienen el perfil. Debemos buscarlos y rechazar el extremismo.
2. Exigir visión de Estado: A los candidatos debemos exigirles que dejen de ver al Estado como un botín. Necesitamos un compromiso real para aprovechar nuestra ubicación estratégica y convertirnos en ese hub sudamericano que conecte el Atlántico con el Pacífico.
3. Rescatar nuestros valores: Es imperativo reconectar con los principios básicos de la cultura Inca, originaria de este territorio: Ama sua, ama llulla, ama quella (no seas ladrón, no seas mentiroso, no seas ocioso).
El Perú es un gigante dormido y despertarlo es nuestra mayor tarea. Hagamos que este 12 de abril sea el inicio para transformar esta suma de individualidades frustradas en una verdadera Nación: soberana, desarrollada y con visión de futuro. ¡Basta ya de postergarnos




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