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Juan Escobar / Agro: el destino nos alcance (1 de 2)

Hace casi 30 años en un diplomado de gerencia latinoamericana, mi recordado profesor de planificación estratégica, Iván Girardin, nos dijo a un grupo de alumnos de varios países lo siguiente: "Mientras la dotación de recursos de los países crece aritméticamente, la tecnología crece a un ritmo geométrico ... muy atentos a ello si quieren contribuir con el desarrollo de sus países". La mayoría de sus alumnos tomamos la frase como una más.


Actualmente, el innovador y empresario más importante del mundo, Elon Musk, dirige el desarrollo y validación de productos de talla global tales como la red Starlink (red de satélites interconectados que ya se encuentran en órbita para proveer Internet); los autos eléctricos autónomos (vehículos que operan sin conductores y con batería de larga duración); naves espaciales que realizan viajes al espacio exterior por encargo de la NASA: entre otros. Asimismo, planea la pronta comercialización de celulares con baterías solares y funciones integradas de desempeño ampliamente superior y mucho más económicos que los dispositivos actuales (basadas en la red 5G, internet de las cosas, inteligencia a1tificial y sistemas ele información digital integrados). Así como él, otros emprendedores y científicos trabajan de forma dinámica e incesante en campos como la física, química, biología, etc.: con la finalidad de seguir avanzando en todas las áreas del conocimiento.


Según se afirma en la Revista Globalización y Desarrollo de España, "a la velocidad de la evolución de la tecnología actual, al final del siglo XXI, el progreso logrado equivaldría no a 100 años, sino a 20,000". Hoy en día, la institucionalidad científica e innovadora ha roto fronteras y apartados tradicionales, permitiendo la constitución de redes y tejidos globales de investigación y desarrollo, siendo principalmente ele origen privado (la vacuna COVID Pfizer fue generada en conjunto entre una empresa americana y una alemana).


En el mundo agrario, campo de nuestro interés, también ha ocurrido un importante progreso en el desarrollo tecnológico ele distintos segmentos del conocimiento como la genética, infraestructura, maquinarias, equipos, insumes agrarios, entre otros. Esto posibilitará, que, en un futuro cercano, se proyecta un nuevo sistema agrario que conlleve a estructurar nuevas condiciones socioeconómicas y de consumo para productores y clientes.


Hoy se logran resultados impensados hasta hace unos pocos años atrás: modificaciones genéticas que permiten el crecimiento de plantas regadas con agua de mar, aceleración del crecimiento de los árboles (de 3 o 4 veces más rápido ele su crecimiento natural); plantas que se autoalimentan absorbiendo nitrógeno del aire (leguminosas 2.0); logro de varias cosechas de tomate equivalentes a 50 TM por vez (en invernaderos de precisión y función múltiple); producción de insumos agropecuarios con mayor efectividad que los actuales fármacos y nutrientes: entre otros. De hecho, los chinos vienen comprobando que es posible crear alimentos para cerdos utilizando el monóxido de carbono. Y ni hablemos de los tractores robots de última generación que se vienen produciendo, inclusive para la pequeña agricultura.


En general, se advierte que, con base en la tecnología, se están generando nuevas propuestas de escala que van a cambiar significativamente el sistema agrario global. Muchas de estas propuestas dan cara a la amenaza que trae consigo el cambio climático y sus secuelas.


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