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Yefferson Llonto Y Brenda Vallejo / Estado aún no llega a la gente 

  • Yefferson Llonto
  • hace 31 minutos
  • 3 min de lectura

Perú ante el desarrollo esquivo: crecimiento, cohesión social y un Estado que aún no llega a la gente

 

El debate centrado en el desarrollo peruano vuelve a ser el debate central de si la economía peruana es mejor que la política. Ello involucra que las fortalezas macroeconómicas no solo han logrado convertir una estabilidad de bienestar amplio, con instituciones aún sólidas, pero con una ruptura histórica relacionada entre la economía, política, Estado y ciudadanía.

 

Por ello que recurrir a la economía política de largo plazo, involucra que la economía no puede ir separado de la política, sino que ambas deben complementarse mutuamente. A pesar que en diversos escenarios a lo largo de la historia del país, la economía se ha desempeñado en diversas etapas, donde la economía funcionó mejor que su sistema político, pero también donde la economía erosionó las posibilidades de estabilidad democrática.

 

Involucrar el análisis en el diagnóstico del modelo económico desde la Constitución de 1993 ha permitido lograr sostener una base macroeconómica donde es relativamente fuerte a diferencia del sistema político donde se ha degradado de forma exponencial en los últimos años. Si bien la macroeconomía ha funcionado aún no llega a su máximo potencial de crecimiento, relacionado a que la política no ha desarrollado los candados institucionales necesarios para evitar su deterioro.

 

La historia Republicana peruana, detalla que se arrastra una dificultad de origen donde el país nació formalmente como república de ciudadanos, pero con una mayoría indígena excluida del idioma, de la representación efectiva y de la participación política plena. Esa fractura inicial ayuda a comprender por qué la inclusión política es reciente y por qué la inclusión económica aún no termina de consolidarse.

 

La fata de cohesión expresada como la manera en que distintos grupos sociales interpretan el crecimiento, el mercado, el Estado y la promesa democrática. Donde el voto todavía se vincula con condiciones de ingreso, territorio y altura, lo que refleja un país donde la ideología no se separa plenamente de la experiencia material de exclusión. Allí se ubica uno de los mensajes más importantes, dado que, sin cohesión social, el desarrollo seguirá siendo esquivo, incluso si los indicadores macroeconómicos muestran orden o estabilidad.

 

Si bien el Perú de hoy es más desarrollado que décadas atrás, porque existen mejores condiciones materiales que en el pasado. Sin embargo, se advierte que, en comparación con otros países, la brecha relativa no se ha cerrado de forma suficiente. La economía peruana ha crecido en términos absolutos, pero ese avance no ha bastado para alcanzar un desarrollo comparable al de economías que lograron combinar crecimiento sostenido, instituciones inclusivas y sociedades más cohesionadas.

 

Por ello, el capital humano aparece como una prioridad ineludible. De esta manera los malos servicios públicos en educación y salud impiden la equidad de oportunidades, y el deterioro o retiro de políticas orientadas a ampliar esas oportunidades revela una falla profunda de nación. Es decir, una economía del conocimiento, educar a las personas no es un gesto asistencial, sino una condición para que el crecimiento tenga productividad, innovación y legitimidad social.

 

Siendo importante destacar que el Estado refleja a la sociedad, dado que, si la ciudadanía exige poco, el Estado responde poco; si la sociedad exige más, puede empujar un aparato público distinto. Por lo que el problema va más allá de la administración pública como aparato técnico. Sino el reto no es solo contar con más normas, sino construir una relación más exigente entre ciudadanía, Estado y democracia, capaz de producir servicios efectivos y decisiones sostenibles.

 

Pero el problema de fondo refleja la incapacidad de los sectores en defender el mercado para lograr conectar emocional y materialmente con los más pobres. De ahí que no basta con invocar la propiedad privada o la estabilidad macroeconómica ante ciudadanos que trabajan todo el día y reciben ingresos bajos. Si el crecimiento quiere sostenerse políticamente, debe presentarse como una invitación concreta a participar del futuro con empleo, servicios públicos, educación, salud, infraestructura y oportunidades reales de movilidad social.

 

Ante una inestabilidad política que los últimos años erosionó la democracia y que hoy nos encontramos en dos rutas claras de dos candidatos que tienen altos costos económicos de la inestabilidad política. En esa línea, el problema no es únicamente quién gobierna, sino si el sistema permite que las buenas decisiones duren lo suficiente para producir resultados.

 

La conclusión que aborda el desarrollo inequitativo, implica que lograr el continuo desarrollo peruano no se resuelve con una sola fórmula. Sino que crecer es indispensable, pero a espaldas de instituciones, sin cohesión social y sin inversión en personas lo que sucede es una fractura entre la macroeconomía y el bienestar. Por lo que se vuelve indispensable tener democracia para lograr sostener buenas políticas.

 

 


 

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