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Alfonso Velásquez / Agua destructiva y productiva 

  • Foto del escritor: Alfonso Velásquez
    Alfonso Velásquez
  • hace 3 días
  • 2 min de lectura

Del agua que destruye al agua que produce

 

El Perú lleva décadas mirando a El Niño como una amenaza. Llegan las lluvias, se rompen los puentes, se inundan los campos, el Estado repara los daños y volvemos a empezar. Cada ciclo igual al anterior. Cada Niño una tragedia repetida.

 

El ENFEN acaba de confirmar lo que ya se veía venir: El Niño Costero llegará con magnitud fuerte entre junio y setiembre, las lluvias se concentrarán entre setiembre de este año y abril de 2027, y el pico de intensidad ocurrirá en noviembre y diciembre. Tenemos tres meses de ventana. No para resignarnos, sino para hacer algo que nunca hemos hecho bien: convertir el excedente de  agua en capital productivo para el pequeño agricultor.

 

A eso le llamo el Plan  Agua Productiva. No es una propuesta nueva que requiera crear entidades ni esperar leyes. Es articular, con urgencia, lo que el Estado peruano ya tiene.

 

AGRO RURAL entrega hoy kits de semillas y forraje a productores altoandinos bajo el Plan ante Heladas y Friaje, con una ejecución del 95.5% en 2025. Ese mismo mecanismo puede extenderse a la costa norte antes de que lleguen las lluvias. Solo se necesita una transferencia de partidas al interior del pliego MIDAGRI.

 

El Programa de Alimentación Escolar maneja S/ 2,577 millones anuales para más de cuatro millones de escolares, y la ley le obliga a comprar alimentos de la agricultura familiar. Esa es la demanda garantizada que hace viable sembrar frijol, pallar y garbanzo en los meses post-Niño. Pero el compromiso de compra tiene que llegar antes de la siembra, no después.

 

Los gobiernos regionales tienen PROCOMPITE para cofinanciar planes de negocio de productores organizados. Un alcalde o gobernador regional que actúe hoy puede tener bancos comunales de forraje y pequeñas plantas de transformación operativos cuando el agua llegue. A ese modelo lo llamo el Alcalde Productivo: la autoridad subnacional que no espera Lima para actuar.

 

Y para la infraestructura de prevención, ANIN y Obras por Impuestos permiten al sector privado agroexportador financiar encauzamientos y micro-reservorios a cambio de crédito tributario.

 

Julio y agosto son el momento de actuar. Lo que no se haga antes de que caiga el agua no se podrá hacer después.

 

La pregunta que le hago al nuevo gobierno, al MEF, a los gobernadores regionales y a los alcaldes de la costa norte es una sola: ¿vamos a seguir viendo el agua del Niño como una tragedia que solo deja cuentas por cobrar, o vamos, por primera vez, a convertirla en riqueza para quien más la necesita?

 

El agua llega en setiembre. El tiempo es ahora.


 

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