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Alfonso Velásquez / Oportunidad el Perú frente a USA 

  • Foto del escritor: Alfonso Velásquez
    Alfonso Velásquez
  • hace 32 minutos
  • 2 Min. de lectura

La oportunidad estratégica del Perú frente a Estados Unidos

La reciente designación del Perú como Major Non-NATO Ally (Aliado Mayor fuera de la OTAN) por parte de los Estados Unidos no es un gesto protocolar ni una medalla diplomática para la vitrina. Es, sobre todo, una señal estratégica en un mundo que se está reordenando y donde los países que entiendan temprano las nuevas reglas del juego podrán convertir la geopolítica en desarrollo económico real.

 

Vivimos una etapa de competencia global marcada por la seguridad de las cadenas de suministro, el acceso a recursos estratégicos y la estabilidad institucional. En ese contexto, Estados Unidos está redefiniendo sus alianzas y priorizando socios confiables, predecibles y alineados con el orden internacional. Que el Perú haya sido incorporado a ese círculo reducido es un reconocimiento, pero también una responsabilidad.

 

Este nuevo estatus no implica defensa automática ni membresía en la OTAN. Lo que sí implica es algo quizás más relevante para el crecimiento: confianza estratégica. Y en economía, la confianza reduce riesgos, baja costos y acelera decisiones de inversión.

 

Para el Perú, esta relación abre una ventana concreta en tres frentes claves: mercados, inversiones y asistencia técnica.

 

En materia de mercados, el país puede dejar de ser visto solo como exportador de materias primas para convertirse en socio de cadenas de valor estratégicas. Minerales críticos como el cobre, una agroindustria sofisticada y servicios especializados pueden integrarse a los circuitos productivos de empresas estadounidenses que hoy buscan diversificar proveedores y reducir dependencias geopolíticas. El nearshoring y el friend-shoring ya no son conceptos teóricos: son decisiones empresariales en curso.

 

En inversiones, el impacto puede ser aún mayor. El reconocimiento como aliado estratégico mejora la percepción de riesgo país, fortalece el atractivo para fondos de inversión, banca internacional y aseguradoras, y abre el acceso a instrumentos de financiamiento y garantías de agencias estadounidenses. Pero el capital no llega solo: exige reglas claras, estabilidad jurídica y proyectos bien estructurados. Aquí el reto es interno.

 

La asistencia técnica es el tercer pilar, y muchas veces el menos visible. La cooperación con Estados Unidos no se limita al ámbito militar. Incluye transferencia de tecnología, fortalecimiento institucional, ciberseguridad, logística, infraestructura crítica y formación de capital humano. Estas capacidades son esenciales para elevar la productividad y competir en mercados exigentes.

 

Nada de esto, sin embargo, sustituye las tareas pendientes del país. El estatus MNNA no reemplaza reformas, no resuelve la conflictividad social ni corrige la fragilidad política. Al contrario: eleva el estándar de responsabilidad. Un socio estratégico debe ser serio consigo mismo.

 

El desafío es claro: convertir esta coyuntura en una estrategia de desarrollo productivo, donde el Estado facilite, el sector privado invierta y la sociedad vea resultados concretos. Si el Perú entiende que la geopolítica también es economía, empleo y bienestar, esta alianza puede marcar un punto de inflexión.

 

 

Las oportunidades no esperan. Las aprovechan quienes saben leer el momento histórico y actuar con visión de futuro.

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