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Armando Pillado / Horarios, modorra y siestas

Me quedo dormido más que antes, a intervalos, del día en la pandemia. Hasta me preocupó que sea un síntoma de Covid, aunque no tengo ninguno de los otros (fiebre, tos, fatiga). No es, no tiene que serlo, si no va acompañado de al menos dos de esos otros. Entre otras cosas, el trabajo en casa de quien lo despliega (y lo tiene) permite flexibilzar los horarios, tareas, los días y hasta el descanso y el sueño: es eso. Una nota del Post Most -diario por email del WshPost- habla de cómo ahora son posibles y habituales los paseos a un parque, hablar sólo, o dormir una siesta, cosas que en una oficina o recinto de trabajo con gente otra no es posible. Lo último es lo que más aprecia el autor: el siesteo frecuente, cuando lo pida el cuerpo, a la menor modorra.


Buscó a expertos para averiguar por qué resultan las siestas cortas, y por qué son tan gratas y positivas: hay dos procesos biológicos que hacen a esa modorra: el circadiano, que estimula estar despierto con luz y dormido cuando oscuro. A mediodía hace que la hormona cortisol vaya bajando su efecto y que la temperatura del cuerpo disminuya levemente, lo que va en la dirección de quedarse dormido, según Sara Mednick (ciencia cognoscitiva de la U California, autora de “¡Toma una siesta! Cambia tu vida").


El segundo es el homeostático: aumenta la predisposición a dormir a medida que se pasa más tiempo despierto. Cuando el día avanza, aumenta la 'presión durmiente', dice la autora comentada en la nota. A mediodía, los dos convergen en una 'tormenta perfecta' que causa fatiga, aunque esto vale distinto para cada quien.


Una encuesta del Pew Research Center halló que un tercio de los adultos en EEUU hacen siesta en un día promedio. necesitar una siesta es una señal de insuficientes horas de sueño nocturno, dice.


Otro experto afirma que no dormir bien crónicamente afecta la eficiencia, el humor, la concentración, los procesos fisiológicos para tener una buena salud, y esa falla leva a obesidad, hipertensión y problemas cardiacos. Para los insómnicos, una 'pestañita' corta dormido es clave, dice. Mejora el ánimo, la creatividad, la percepción, todo. Los siesteros cortos igualan a los largodurmientes y tienen más aptitud creativa para resolver problemas pues las siestas aumentan el poder cerebral. Experimentan más alegría, toleran mejor la frustración y bajan la impulsividad.


Hay personas que no toleran siestas y se despiertan groguis y aturdidos al despertar. Quizá porque tienden a un sueño lento y profundo que va a ser interrumpido. A mis aprox seis años de edad me obligaban a hacer una siesta hasta las cuatro de la tarde, justo encima de la puerta de calle donde mis amigos del barrio se juntaban -yo sabía- llamándome para bajar a jugar. Detesté la siesta por eso siempre, pero ya nadie me obliga a hacerla ni me buscan para jugar, así que a siestear, a siestear, que el miedo al Covid se va a acabar. Cancelo nomás la cama (para dormir) y transformo mi sillón favorito.


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