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Carlos Ginocchio / Las palabras malditas 1


La palabra maldito viene de la expresión latina male dictus, participio de la expresión latina male dicere, en que male es un adverbio (mal, malamente) y dicere el verbo decir. La palabra latina male, malus, nos dio malo, maligno, malevo, malaria, maldecir, maldito, malware y parece venir de la raíz indoeuropea. Para la Biblia, significa ‘condenado y castigado por la justicia divina’, y para la RAE, ‘perverso, de mala intención y dañadas costumbres, o que va contra las normas establecidas, especialmente en el mundo literario y artístico’.


En la historia hemos tenido poetas considerados como malditos debido a la publicación ‘Los poetas malditos’ (Les poetes maudits) de Paul Verlaine, en 1884, donde incluye a Tristán Corbiere, Arthur Rimbaud, Stéphane Mallarmé, Marceline Desbordes-Valmore, Auguste Villiers de L'Isle-Adam, y Pobre Lelian (anagrama del propio Paul Verlaine). Verlaine expuso que, dentro de su individual y única forma, el genio de cada uno de ellos había sido también su maldición, alejándolos del resto de personas y llevándolos de esta forma a acoger el hermetismo y la idiosincrasia como formas de escritura.1 También fueron retratados como desiguales respecto a la sociedad, teniendo vidas trágicas y entregados con frecuencia a tendencias autodestructivas; todo esto como consecuencia de sus dones literarios. El concepto de Verlaine del poeta maldito fue en parte tomado del poema de Charles Baudelaire llamado Bendición, que inicia su libro ‘Las flores del mal’ (Wikipedia). No fueron los únicos, a Poe, Nerval, Artaud y De Vigny, entre otros, se les consideró como tales, pues sus vidas estuvieron muy alejadas de los comportamientos aceptados por sus sociedades.


Hubo ciudades malditas. Sodoma y Gomorra, condenadas a la destrucción por Dios por no reunir ni siquiera diez justos y sus costumbres licenciosas. Las maldiciones son muy aceptadas por los diferentes pueblos y existen desde la Grecia y Roma antigua, y antes.

Fueron muy comunes en la Edad Media con las mujeres (ocasionalmente, hombres) acusados de brujerías y quemados en las hogueras.


Esquire publica las maldiciones más sonadas de la historia, y menciona a Tutankamón y la muerte para quienes profanen su tumba. Otzi, el hombre de las Nieves. La de los Habsburgo desde el siglo XIII, probablemente a causa de uno de los hijos de Rodolfo I, que violó a una doncella. Ted Kennedy declaró que una maldición pesaba sobre su familia. Los tenedores del diamante Hope, cuyos primeros afectados fueron Luis XVI y María Antonieta. El Club de los 27, relativa a los músicos que murieron a dicha edad (Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Jim Morrison, Kurt Cobain) y se dice que el pionero fue Robert Johnson, quien murió en 1938 a esa edad, por haber vendido su alma al diablo a cambio de convertirlo en el mejor en su campo.


En el Perú existen algunas palabras reconocidas por la RAE, algunas muy comunes en el habla popular que, sin embargo, son condenadas, y por ende malditas, no por la justicia divina, sino por las costumbres sociales, aunque muchas de ellas se pronuncian y utilizan entre grupos pequeños o en reuniones de amigos. Algunas, incluso, trascienden al país y mantienen significados similares u opuestos en los países de habla hispana.


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