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Carlos Ginocchio / Las palabras malditas 25


35. Pendejo, según la RAE, significa tonto, estúpido, cobarde, pusilánime, falto de entendimiento en México, Guatemala Honduras, España, Nicaragua, Paraguay, Cuba, República Dominicana, Colombia, Ecuador, Panamá, Venezuela, Puerto Rico, Uruguay. Es la persona simple, crédula y fácil de engañar en Panamá, Puerto Rico, Colombia

(donde también se usa de forma amical: ‘hola, pendejo), y Ecuador. En Guatemala y Honduras es, también, una cosa de escaso valor. En España y Nicaragua, una persona inútil para hacer algo. En Panamá, Chile, Paraguay, Argentina, y Uruguay tiene otra acepción: persona que se comporta como un niño siendo adulta. En República Dominicana puede entenderse como algo excesivo o abundante, y en España, borracho o drogado. También tiene significados de vida irregular y desordenada. Muérdago, especie de calabaza. En Argentina y Uruguay, muchacho, adolescente. También, pelo que nace en el pubis y en la ingle, acepción reconocida en Perú, y contrariamente a todos los países hispanos, la RAE reconoce que en el Perú -y en Bolivia - es una persona astuta y taimada, muy hábil para realizar una actividad o tarea, y al respecto, agrego que en sentido de conducta negativa. Estos últimos significados se resumen en un chiste nacional: ¿por qué los pelos de la cabeza se caen y no los del pubis?, porque son pendejos. En ese sentido, mientras en la mayoría de países hispanos se usa para designar a una persona con habilidades la expresión ‘no tiene un pelo de pendejo’, en el Perú se modifica a ‘no tiene un pelo de cojudo’.

El escritor David Bowles en la web https://www.milenio.com/cultura explica ‘¿por qué la palabra ‘pendejo’ se volvió una grosería?’: hay quienes afirman que tiene un origen misógino. Viene del latín, en específico de la palabra "pectiniculus" (diminutivo de "pecten"), es decir…peine pequeño. ¿Qué tienen que ver “peine” y “pendejo”? Para llegar a esta respuesta, hay que explicar cómo evolucionaron ciertos sonidos de esta antigua lengua. El latín vulgar —que es el que utilizaba la gente que no tenía acceso a la educación ni pertenecía a las clases altas— empezó a crecer en la penísnula ibérica durante la época del Imperio romano. Uno de sus cambios fue que en las palabras con el sonido /kt/, /k/ se fue sustituyendo por /i/ y /t/ empezó a tener el sonido /ch/. Este fenómeno da cuenta de la evolución de ciertas palabras del latín clásico al vulgar y finalmente a nuestro español moderno, por ejemplo: noctem > nocte >noite > noche pectus > pectu >peitu > pecho tēctum > tectu > techo Ahora, el sustantivo “pecten” viene del idioma protoindoeuropeo —la lengua madre de donde se cree vienen todas las demás— y significa "peine". En el latín vulgar también se volvió verbo: “pectere” ("peinar").

Con el tiempo, los hablantes empezaron a asociar "pecten" con el tejido de hilo y con la lana. ¿Y qué otra cosa se parece a esta fibra? Bueno, los latinos también hacían uso del albur y fue así como “pecten” era un sinónimo del… vello púbico. En el latín, se usaba el sufijo "culus" para crear los diminutivos. De esta forma, de "pecten" se empezó a popularizar "pectiniculus" para referirse tanto a los peines pequeños, como al vello púbico corto. ¿Y cómo llegó eso a convertirse en la palabra "pendejo"? Para esto, explica Bowles, hay que entender otro fenómeno lingüístico conocido como metátesis "La metátasis es cuando una consonante cambia de lugar de una sílaba a otra", explica el escritor. Esto ocurrió en bastantes palabras del latín vulgar. Incluso hubo cambios de consonantes a sílabas que estaban muy lejos de las palabras. Así es como "periculum" derivó en "peligro". Lo mismo ocurrió con "pectiniculus". Estos fueron sus cambios: Se perdió el sonido /c/ e /i/ Se perdió la primera /u/ La /t/ se movió mediante un proceso de metátesis a estar después de la /n/ El /cl/ derivó en un sonido /j/ La /t/ empezó a sonar como /d/ Debido al cambio anterior, la posición de la lengua hacía más fácil que la /i/ se pronunciara por /e/ pectiniculus > petniculu > penticlu > pendejo. Para el siglo XVI, "pendejo" se utilizaba para referirse al vello púbico, como lo dice este poema de Sebastián de Horozco: "Lucas, capado cantor, decidme sin sobrecejo, si os ha nacido pendejo, a vos y a Montemayor, y responded con primor”. De acuerdo con el filólogo ruso Yakov Malkiel, la palabra empezó a usar como burla en los jóvenes cuando aún no les crecía el vello púbico: "¿No te ha crecido todavía el pendejo?". De esta manera, la palabra se empezó a asociar con la inexperiencia y la cobardía, como explica el Diccionario nuevo de las lenguas española y francesas de 1705, que traduce "pendejo" como "cobarde". También dice que "pendejería" significa "cobardía". Para el siglo XIX se seguía manteniendo esa definición de "hombre cobarde", como explica un diccionario español-catalán. Ahora, según Bowles, hay otra teoría de cómo se empezó a asociar el "pendejo" con la "cobardía". Según el Primer diccionario general etimológico de la lengua española, publicado en cuatro volúmenes entre 1880 y 1883, "pendejo" es: "vocabulario obsceno y torpe, que empieza el vulgo con aplicación a las partes púbicas de la mujer". Es decir, en tanto el sexo de la mujer es algo inferior u opuesto a la hombría, era utilizado como una ofensa a los hombres que consideraban cobardes —como se utiliza pussy en inglés —. Otra acepción del término es para referirse a la experiencia. Para 1910, el Diccionario encliclopédico hispano-americano de literatura, ciencias y artes explica que "pendejo" es un "chico joven que trata de actuar como si fuese más grande". En Argentina y Uruguay, pendejo es un sinónimo de niño o punk. Esto explicaría la frase "hacerse el pendejo", que se empezó a popularizar en la literatura de las décadas de 1930 y 1940. Con el paso del tiempo, la palabra se empezó a asociar con ser ingenuo, ser engañado y por tener poca hombría, por lo que se volvió un insulto. Por ejemplo, el Refranero panameño: contribución a la paremiología hispanoamericana recoge una serie de canciones con insultos que utilizan esta palabra. "El que es más pendejo al cielo no va, porque lo joden aquí y lo joden allá". Queda la reflexión de por qué a lo largo de nuestra historia —que se puede ver en la evolución de nuestras palabras—, se ha exigido a los hombres valores como la valentía. O también por qué el sexo se asocia con la debilidad y por lo tanto se considera una ofensa. La palabra "pendejo" tiene, desde el latín, un uso popular por la clase popular. Ello explica por qué hoy esta palabra, y no otras que también se utilizan como ofensa, se considera una grosería que hay que censurar: no se trata sólo de su carga negativa sino de qué tipo de hablantes las utilizan. https://www.milenio.com/cultura/pendejo-significado-y-origende-la-palabra.

En el Perú tiene un significado contrario al punto que se denomina ‘pendejada’ a una gran viveza, por lo general no para hacer el bien. Incluso es utilizado para personas promiscuas (esa gila (chica) no te conviene, es una pendeja, solo busca ‘sacarte billete’). Raúl Merino Yana afirma, y coincido, que ‘pendejo’ realmente no significa “astuto” en Perú exactamente, pendejo en Perú es alguien que quiere pasarse de listo, y engañar a alguien.


En su libro “Rostros criollos del mal”, Gonzalo Portocarrero pone el énfasis en realizar una lectura histórica del mal en el Perú. Desde esta óptica es necesario conceptualizar la viveza criolla (después ‘pendejada’) como una construcción inmersa en el contexto poscolonial, el mismo que se encuentra erigido sobre el racismo como forma de exclusión social, del desconocimiento de la humanidad del otro-diferente, exclusión que implica goce de los poderosos, de los exclusivos y admiración mezclada de envidia y resentimiento de los débiles, de los excluidos. En este sentido, las particularidades de la transgresión o el mal criollo se van configurando en diálogo con nuestros ciclos históricos, desde la Colonia hasta nuestros días y constituyeron al sujeto criollo como paradigma de las tensiones entre sus anhelos de reconocimiento y occidentalidad por un lado, y su desprecio –y consecuente culpa- frente a los no criollos (indígenas y negros) por otro. “Entonces, la ambigüedad es consustancial al término y resulta que los criollos nos amamos y nos odiamos al mismo tiempo (…) Es claro que estas valoraciones resultan de un pasado colonial que está aún demasiado presente, de un conflicto que no termina de resolverse y en cuya raíz está el anudamiento entre la imposición colonial y la resistencia criolla (…) En realidad, la sociedad criolla se caracterizó por la transgresión del orden, por la “‘pendejada’”, es decir, por el rechazo subterráneo de un sistema legal sentido como abusivo, ilegítimo y corrupto” (Portocarrero 2004; pág.,190). En una reseña del libro, Rocío Silva Santisteban apunta que para Portocarrero “el mal criollo dividiría a las personas en dos: los sujetos que serían los ‘pendejos’, los vivos, los criollos y los objetos, que serían aquellos de quien se debe sacar ventaja, a quien se debe abusar, que serían los ‘lornas’ o los llanamente ‘cojudos’. La relación que se plantea entre unos y otros es de violencia social y el dilema implícito en la lógica que la convoca es ‘atrasar o ser atrasado. Entonces toda la vitalidad de los individuos se debe dirigir a sacar ventaja de los demás como sea posible’” (Santisteban 2009; pág.,126). Por todo ello, a diferencia del “achorado”, el ‘pendejo’ no es necesariamente hijo de la migración –como en el concepto heredado de Quijano y retomado por Neira-, el producto de una lógica por la supervivencia, el émulo desafiante de ciertos comportamientos marginales; el ‘pendejo’ es simplemente el que utiliza su astucia para sacar provecho de la debilidad o ceguera del sistema, pero sobretodo de la debilidad del otro. En este sentido, se instituye un “culto a la ‘pendejada’” (Portocarrero 2004; pág., 98); porque el más ‘pendejo’ es el exitoso, el ganador. Fuente: Nuevas subjetividades transgresivas: un estudio sobre la viveza post criolla. Tesis para optar al grado de magíster en la especialidad de Sociología. Pontificia Universidad Católica del Perú. Presentada por: Hernán Aliaga Tejeda.


Concluyo con dos ejemplos. En Cuba existió un programa llamado ‘La tremenda corte’ donde el personaje central donde el actor Leopoldo Fernández interpretaba al personaje ‘Tres Patines’, un tipo listo y vivo que siempre buscaba aprovechar las situaciones en su beneficio, justificándolas con sustentos absurdos pero convincentes. El programa se inició en la radio desde 1942 hasta 1961. En 1966, México lo llevó a la televisión y fue el primer programa cómico exportado a diversos países de América Latina, entre ellos al Perú. Lo significativo es que el juez (el actor Aníbal del Mar), al finalizar el programa, siempre sentenciaba a Trespatines a la cárcel. En contraposición al mismo, en el programa televisivo peruano ‘¿Quién soy?, yo soy papá, el ‘vivo’ interpretado por el genial actor Adolfo Chuiman, siempre se salía con la suya. Una segunda mención que incluyo es cuando Diego Maradona, en el mundial en Estados Unidos en 1994, fue suspendido por haber salido positivo en el doping, ello encendió las protestas de la mayoría de comentaristas deportivos argentinos, pero hubo uno cuyo nombre no recuerdo, que manifestó lo siguiente: “la diferencia entre el vivo y el inteligente está en que el primero se mete en líos, y puede salir airoso o no, pero el segundo jamás se metería en ellos”. Allí la explicación del porqué en el Perú -país de la frase y la chirigota, según el periodista Federico More), ‘pendejo’ tiene una acepción diferente al resto de los países.


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