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Carlos Ginocchio / Las palabras malditas 28


40. Pinga, según la RAE, es una expresión coloquial (no menciona un vulgarismo) en Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, República

Dominicana, Venezuela, y Perú, que significa ‘pene’. En Nicaragua tiene, también, la acepción de ‘poca cantidad de algo. Una pinga de sal’. En Filipinas es una percha, por lo común de metro y medio de longitud, que sirve para conducir al hombro toda carga que se puede llevar colgada en las dos extremidades del palo. En Honduras es un trompo pequeño, y en el juego y juguete del enchute, varita o eje de madera de unos diez centímetros que debe introducirse en el agujero de la pieza superior, que tiene forma de copa invertida. En Cuba, algo muy bueno o excelente. En Brasil se le denomina de esa forma a la cachaza, una bebida alcohólica destilada obtenida de la fermentación del jugo de la caña de azúcar. En el Perú es el sinónimo vulgar más usado – y vulgar – para designar al pene, e incluso se utiliza como una interjección de rechazo ante una propuesta inaceptable: ‘la pinga’.

La palabra pinga puede que se atribuya como interjección a Simón Bolívar, pero es mucho más antigua, aparece ya en el diccionario de Rosal en 1611, y luego varios palabra en otros sucesivamente, con sentidos que siempre tienen relación con la idea de colgar. En realidad, pìnga y pingo derivan de pingar, y este del latín pendicāre, un derivado de pendĕre (colgar) http://etimologias.dechile.net/?pinga y pendicare a su vez del verbo pendeo, pendes, pendere, pependi cuyo significado es colgar, estar colgado https://diccionarioactual.com/pinga/ De allí por supuesto la similitud con el órgano viril masculino que le cuelga.

Ricardo Palma en sus ‘Tradiciones en salsa verde’ publicó ‘La pinga del Libertador’. Wikisource.org nos ilustra: tan dado era don Simón Bolívar a singularizarse, que hasta su interjección de cuartel era distinta de la que empleaban los demás militares de su época. Donde un español o un americano habrían dicho: ¡Vaya usted al carajo!, Bolívar decía: ¡Vaya usted a la pinga!. Histórico es que cuando en la batalla de Junín, ganada al principio por la caballería realista que puso en fuga a la colombiana, se cambió la tortilla, gracias a la oportuna carga de un regimiento peruano, varios jinetes pasaron cerca del general y, acaso por halagar su colombianismo, gritaron: ¡Vivan los lanceros de Colombia! Bolívar, que había presenciado las peripecias todas del combate, contestó, dominado por justiciero impulso: ¡La pinga! ¡Vivan los lanceros del Perú! Desde entonces fue popular interjección esta frase: ¡La pinga del Libertador! Este párrafo lo escribo para lectores del siglo XX, pues tengo por seguro que la obscena interjección morirá junto con el último nieto de los soldados de la Independencia, como desaparecerá también la proclama que el general Lara dirigió a su división al romperse los fuegos en el campo de Ayacucho: "¡Zambos del carajo! Al frente están esos puñeteros españoles. El que aquí manda la batalla es Antonio José de Sucre, que, como saben ustedes, no es ningún pendejo de junto al culo, con que así, fruncir los cojones y a ellos". En cierto pueblo del norte existía, allá por los años de 1850, una acaudalada jamona ya con derecho al goce de cesantía en los altares de Venus, la cual jamona era el non plus ultra de la avaricia; llamábase doña Gila y era, en su conversación, hembra más cócora o fastidiosa que una cama colonizada por chinches. Uno de sus vecinos, Don Casimiro Piñateli, joven agricultor, que poseía un pequeño fundo rústico colindante con terrenos de los que era propietaria doña Gila, propuso a ésta comprárselos si los valorizaba en precio módico. -Esas cinco hectáreas de campo -dijo la jamona, no puedo vendérselas en menos de dos mil pesos. -Señora contestó el proponente-, me asusta usted con esa suma, pues a duras penas puedo disponer de quinientos pesos para comprarlas. -Que por eso no se quede -replicó con amabilidad doña Gila-, pues siendo usted, como me consta, un hombre de bien, me pagará el resto en especies, cuando y como pueda, que plata es lo que plata vale. ¿No tiene usted quesos que parecen mantequilla? -Sí, señora. -Pues recibo. ¿No tiene usted chanchos de ceba? -Sí, señora. -Pues recibo. ¿No tiene usted siquiera un par de buenos caballos? Aquí le faltó la paciencia a don Casimiro que, como eximio jinete, vivía muy encariñado con sus bucéfalos, y mirando con sorna a la vieja, le dijo: -¿Y no quisiera usted, doña Gila, la pinga del Libertador? Y la jamona, que como mujer no era ya colchonable (hace falta en el Diccionario la palabrita), considerando que tal vez se trataba de una alhaja u objeto codiciable, contestó sin inmutarse: -Dándomela a buen precio, también recibo la pinga.


Es una palabra con muchos sinónimos: falo, palo, órgano viril, miembro, pichula, verga, plátano, pájaro, paloma, polla, pincho, pipí, porongo, trola, pija, picha, garrote, pico, rabo, chorizo, salchichón, la sin hueso, nabo, huevo, corneta, maní, pirulín, manguera, culebra, palanca, aparato, pero hay uno que me llama la atención: ‘pito’, y es que a los hombres y mujeres que aún no tienen relaciones sexuales, en el Perú se les dice que ‘están pito’.

41. Poto no es una palabra maldita estrictamente hablando, pero no es una expresión que sea bien recibida en sociedad, por más atractivo que sea el poto admirado, siendo la única excepción cuando nos referimos a los que contienen la chicha en Catacaos (región Piura).

Según la RAE, en Perú es una vasija pequeña, para líquidos, especialmente para mate. Un poto de chicha. También del mochica ‘potos’ y del quechua ‘putu’, partes pudendas. En Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, y Perú, nalgas, porciones carnosas y redondeadas. De allí vendría la expresión de ‘qué buen poto’ referida a las nalgas de una dama. La web definiciones.com presenta otras acepciones: en Chile, la parte cóncava y arrugada de los frutos, y una araña venenosa que tiene en el abdomen algunas manchas rojas. En Perú, la calabaza. En Chile, Bolivia, Argentina, y Perú, extremidad inferior o posterior.

Es una palabra típica peruana que proviene del mochica, y luego pasó al quechua, para referirse a las vasijas (por la forma de estas es que se denomina así a las nalgas). Luego, pasó al mapuche para referirse a la parte de debajo de algo, como un recipiente, y de allí al castellano a las porciones carnosas y redondeadas situadas al final de la columna vertebral http://etimologias.dechile.net/

Se usa en expresiones para describir lugares lejanos: ‘queda en el poto del mundo’. Tarapoto, ciudad selvática del Perú, es conocido como la Ciudad de las Palmeras. El nombre Tarapoto viene de un tipo de palmera que crece en el bosque de San Martín, la Taraputus. Otras cuentas dicen que el nombre viene del uso local de dos palabras: tara por una medida y poto, un tipo de calabaza de árbol usado para un contenedor. Word Reference no la incluye entre sus sinónimos, desplazada por la expresión ‘culo’.


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