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Carlos Ginocchio / Los valores y el deporte


La Super Bowl de 2022 atrajo 208 millones de espectadores, la final del Mundial Qatar 2022 a 517 millones, según el portal Statista (relevo.com). La serie final de la NBA 2022, disputada entre Golden State Warriors y Boston Celtics (4-2), tuvo una audiencia media de 12,4 millones. La final de Roland Garros entre Nadal y Djokovic, en Eurosport y DMAX, 2.1 millones. Dado los diferentes tipos de competencias, los espectadores comunes serían una cantidad mínima, por lo que más de 700 millones disfrutaron dichos torneos.


Los ingresos de la élite deportiva, son astronómicos: Cristiano Ronaldo (E200 millones anuales), Mbappe (E630 millones por tres temporadas), Patrick Mahomes (US$ 51 millones anuales), Ryan Tannehill (E33 millones por año). Tras el Australian Open 2023, Novak Djokovic acumula US$ 166 millones, según la ATP. Stephen Curry (US$ 48 millones /año), Russell Westbrook (US$ 47 MM /año), y, LeBron James (US$ 44 millones por año). Los ingresos anuales de los diez basquetbolistas mejor pagados en la NBA doblan el presupuesto anual de inversión en la región Piura.


Las estrellas del deporte, el cine y la música, perciben en un año más ingresos que los científicos, médicos e ingenieros en toda su carrera profesional. Merecido o no, la realidad es que atienden la necesidad en divertimento de millones, y generan notables dividendos a las instituciones que los contratan. Es la ley del Mercado, que la izquierda latinoamericana pretende modificar con un cambio constitucional. Para Marx, Leonel Messi sería un proletario explotado del PSG, aún cuando gana más de US$ 40 MM anuales.


Sin envidias ni reproches. El deporte une los pueblos. Cuando gana la selección peruana de fútbol, las diferencias se acaban, y los abrazos se multiplican. Son muchísimos los seguidores de los deportistas de élite, adentro y fuera de los campos de juego. Son ídolos, y en algunos casos elevados – erróneamente – hasta divinidades. En la década de los 60’ del siglo pasado, John Lennon declaró que Los Beatles eran más conocidos que Jesucristo, y Eric Clapton tuvo que manifestar que no era dios. También están los testimonios iletrados: "Como todo equipo africano, Jamaica será un rival difícil" (Cavani, 2015), “me gustaría jugar en un equipo italiano, como el Barcelona” (Mark Draper), o “¿Cuántos pulmones tengo? Uno, como todo el mundo" (Merlo).


No es lo sustancial, lo principal es su comportamiento, habida cuenta su influencia en niños y jóvenes. En una época donde los valores y conductas dejan que desear, cuando hace falta el ejemplo, ellos pueden iniciar una cruzada por su recuperación. Depende de la institución que los alberga (FIFA, ITF, NBA, IFAF), aunque la FIFA no es un modelo de proceder, considerando los antecedentes de corrupción, como dirigentes sentenciados y encarcelados.


Si la FIFA implantara un ‘Comité de Conducta’ (por llamarlo de alguna manera) que castigue actitudes reñidas con la corrección, por más sutiles que parecieran, sería un modelo beneficioso para difundir lo que es apropiado, aunque se trate de luminarias. Ejemplos de reacciones destempladas, que ameritan ser reprobadas, fueron las reacciones de Messi en Qatar 2022 (‘qué miras bobo’) o la de Cristiano cuando le arrebató el micrófono a un periodista y lo arrojó a un lago. Estos comportamientos no deben ser celebrados. Más graves, los casos de Dani Alves y Hudson Odio, acusados de violación. Aunque parezca intromisión en la vida privada, es reprensible Renato Tapia al no reconocer a su hijo, y un dechado como Diego Maradona, por su adicción a la droga.


Para ser justos, hay actuaciones que merecen destacarse: Mané, en 2017 entregó US$234.000 para la construcción de una escuela secundaria, envía 70 dólares mensuales a las familias de su barrio, desarrolla programas de prevención del VIH y donó US$ 56,600 para ayudar a su país por la pandemia del Covid-19. Luis Suárez donó 50 mil dólares para los damnificados en los desastres de El Niño en Perú. Messi ha ayudado a la reconstrucción del Hogar Convivencial para niños en Buenos Aires, y la construcción de 14 centros de salud en Nepal. Cristiano Ronaldo donó US$ 83 mil para una operación de cerebro a un niño de diez años, y US$ 165 mil para un centro de tratamiento contra el cáncer en Portugal. La web estadounidense athletes gone Good califica anualmente a los atletas más solidarios.


Si buscamos recuperar los valores y principios para las próximas generaciones, estamos en la obligación de señalar las actuaciones como son. Al pan, pan, y al vino, vino. No juzgo los extraordinarios emolumentos (vituperarlos es propio del subdesarrollo, el éxito debe ser apreciado), pero justamente por ello, la necesidad de la exigencia de conductas adecuadas a quienes lo reciben. Sólo así, evitaremos el retorno a Sodoma y Gomorra.


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