Embajador Jorge Castañeda / Equilibrio estratégico con USA
- Embajador Jorge Castañeda
- hace 2 días
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Perú-Estados Unidos: Un equilibrio estratégico entre Seguridad y Soberanía
La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que refuerza una visión actualizada de la Doctrina Monroe para contrarrestar la influencia de potencias extra-hemisféricas —principalmente China, pero también Rusia e Irán— en América Latina, plantea un desafío diplomático inmediato para el Perú. Este reto se intensificó en diciembre pasado cuando el expresidente Donald Trump designó al país como "Aliado Principal no miembro de la OTAN", un estatus que conlleva expectativas de alineamiento estratégico.
Frente a este escenario, el Perú ha articulado una postura pragmática y de equilibrio. Esta posición busca convertir un posible dilema en una oportunidad de obtener ganancias concretas sin comprometer la autonomía nacional, y se estructura en tres pilares fundamentales.
El primer pilar es la reafirmación de la autonomía y el multialineamiento pragmático. La respuesta peruana se fundamenta en el principio constitucional de autonomía en la política exterior, lo que se traduce en una práctica de "multialineamiento activo". Esta consiste en la búsqueda deliberada de relaciones beneficiosas con múltiples actores, a veces contrapuestos, sin adherirse a un bloque único. Esta postura se ve reforzada por una agenda activa de diversificación diplomática, que incluye fortalecer la Alianza del Pacífico y APEC como bloques de integración pro-mercado, mantener un diálogo privilegiado con la Unión Europea y explorar oportunidades, entre otros, con la India, ASEAN y los países del Golfo.
El segundo pilar consiste en la cooperación concreta en seguridad con Estados Unidos. Perú coopera selectivamente con Washington en áreas donde sus intereses convergen claramente, aprovechando el estatus de aliado para modernizar sus capacidades. Dado que la inversión económica estadounidense es principalmente privada y volátil, el foco se ha puesto en la cooperación en defensa y seguridad. Esta se materializa en proyectos de alta visibilidad como la modernización de la Fuerza Aérea —con una negociación avanzada para la adquisición de aviones de combate F-16—, el diseño y construcción de una nueva base naval en el Callao con apoyo técnico estadounidense, y la suscripción de un acuerdo con la NASA para construir un puerto espacial en Talara. Esta cooperación se enmarca en la lucha contra amenazas transnacionales priorizadas como el narcotráfico, el crimen organizado y la minería ilegal.
El tercer pilar es la protección de los vínculos económicos con China. Paralelamente a la cooperación en seguridad con Estados Unidos, Perú protege celosamente su relación económica con China, su primer socio comercial y fuente principal de inversión en minería e infraestructura. La estrategia busca "compartimentalizar" los temas, separando la cooperación en seguridad con Washington de la agenda comercial con Beijing. En consecuencia, el gobierno peruano evita cualquier discurso o acción que pueda interpretarse como apoyo a una contención de China en la región, insistiendo en que sus alianzas no son excluyentes.
Cuadro Comparativo: La Oferta de Cooperación de Estados Unidos y China

Sin embargo, esta estrategia pragmática no está exenta de riesgos y desafíos futuros. Entre ellos, destacan el riesgo de presión extraterritorial por parte de Estados Unidos —que podría condicionar la cooperación en seguridad a un distanciamiento estratégico con China—, la posible percepción de Beijing de que la creciente interoperabilidad militar con Estados Unidos amenaza sus intereses a largo plazo, y el desafío interno de mantener la coherencia de esta política de Estado frente a los cambios de gobierno y la polarización política, lo que podría debilitar la postura y hacer al país más vulnerable a presiones externas.
En conclusión, la reacción peruana constituye un acto de alto equilibrio diplomático conducido por un servicio diplomático profesional y experimentado. No se trata de una alineación automática, sino de una calculada instrumentalización de su estatus de aliado de Estados Unidos para obtener capacidades de seguridad, mientras se defiende con firmeza el derecho a mantener una asociación económica profunda con China. El éxito de esta fórmula dependerá de la habilidad para mantener ambos frentes activos sin que uno cancele al otro, en un contexto global de creciente rivalidad entre grandes potencias. De este modo, la histórica resistencia latinoamericana a la Doctrina Monroe se transforma, en el caso peruano, en una expresión de pragmatismo sofisticado y soberano.




