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Embajador Jorge Castañeda / Impactos de “América primero” 

  • Embajador Jorge Castañeda
  • hace 3 días
  • 6 Min. de lectura

La Nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU y la Política ¨América Primero¨: Potenciales impactos en lo interno

 

La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y la política "América Primero" del presidente Trump están generando, tanto a nivel interno como externo, impactos significativos en lo económico, sociopolítico y geopolítico, con consecuencias mixtas, por lo cual es pertinente analizar dichos impactos.

 

Ello se debe a que no corresponde asumir que esta estrategia y política estadounidense cuentan o contarán siempre con un respaldo ciudadano mayoritario, dado que los impactos internos están sujetos al escrutinio cotidiano de los votantes, cuya percepción determinará su sostenibilidad.

 

El primer gran termómetro político de esta estrategia y política serán las elecciones de mitad de mandato de 2026 para el Congreso de los Estados Unidos el 3 de noviembre de 2026. Estos comicios funcionarán como un referéndum crucial sobre cómo los ciudadanos estadounidenses perciben los costos y beneficios recibidos. Un resultado adverso para el partido en el gobierno no derogaría la estrategia de inmediato, pero sí podría paralizar o redirigir drásticamente su implementación práctica. Un cambio en el control del Capitolio alteraría la capacidad de la administración para financiar iniciativas, aprobar tratados o sostener alianzas, redefiniendo el rumbo concreto de la política exterior y de seguridad en los años siguientes.

 

 

I.               Impactos Positivos Internos

 

En lo económico

La estrategia de seguridad nacional y la política "América Primero" del presidente Trump buscan promover la reindustrialización y la creación de empleos en sectores estratégicos, como la manufactura y la tecnología, a través de la inversión en infraestructura y la reducción de regulaciones.

 

En lo socio político

La política de "América Primero" puede fortalecer el sentimiento nacionalista y la identidad estadounidense, así como llevar a una reducción de la inmigración ilegal, lo que puede ser especialmente atractivo para aquellos que se sienten marginados o ignorados por la globalización y el cambio demográfico.

 

En lo geopolítico

La estrategia de seguridad nacional busca demostrar la fuerza y la determinación de EE. UU. en el escenario internacional, reducir la dependencia de China al promover la producción nacional y la inversión en sectores estratégicos, y otorgar mayor flexibilidad diplomática para negociar acuerdos bilaterales y multilaterales que beneficien sus intereses.

 

 

II.              Impactos Negativos Internos

 

En lo económico

La política "América Primero" y la nueva estrategia de seguridad nacional conllevan una serie de impactos negativos internos que pueden agruparse en tres dimensiones principales: costo de vida, empleo y dinámicas sectoriales, y competitividad empresarial.

 

En primer lugar, la imposición de aranceles y barreras comerciales tiende a encarecer el costo de vida para el ciudadano, al trasladarse el costo de los aranceles al precio final para el consumidor. Este impacto ya tiene expresiones concretas en la relación con aliados. Un ejemplo es la decisión de la administración de imponer un arancel general del 10% a las importaciones desde Perú, incumpliendo el espíritu y la letra del TLC vigente. Esta medida, justificada en principios de "América Primero", no solo perjudica a los exportadores peruanos, sino que encarece productos para el consumidor estadounidense y erosiona la credibilidad de los acuerdos comerciales.

 

En segundo lugar, la política comercial plantea riesgos significativos para el empleo y la estabilidad de ciertos sectores económicos. La reducción de importaciones y la reubicación de cadenas de suministro pueden provocar pérdidas de puestos de trabajo en sectores altamente globalizados, como la manufactura y la logística.

 

En tercer lugar, la incertidumbre regulatoria y el aumento de costos comerciales perjudican la competitividad de las empresas, especialmente las de menor tamaño. Las pymes enfrentan mayores dificultades para adaptarse a barreras arancelarias repentinas, que encarecen la importación de insumos esenciales y limitan su acceso a mercados internacionales.

 

En lo socio- político

La estrategia de seguridad nacional puede tener consecuencias negativas significativas en la sociedad estadounidense por sus efectos excluyentes y discriminatorios hacia ciertos grupos, como los inmigrantes y las minorías. Esto puede llevar a un aumento de la xenofobia y el racismo, lo que puede tener efectos devastadores en la cohesión social y la estabilidad del país.

 

Además, la estrategia de seguridad nacional puede debilitar la democracia, al permitir la manipulación de la información y la supresión de la disidencia. Esto puede llevar a una erosión de las libertades civiles y a una mayor concentración de poder en manos del ejecutivo, lo que puede ser peligroso para la estabilidad institucional del país.

 

Además, la política de "América Primero" según sus críticos, este enfoque conlleva el riesgo de erosionar libertades civiles, al priorizar medidas de seguridad que podrían justificar una vigilancia masiva y la detención de personas sospechosas de terrorismo o de ser una amenaza para la seguridad nacional. Esto puede ser un peligro para la privacidad y la libertad de los ciudadanos, y puede llevar a una sociedad más represiva y autoritaria.

 

En lo geopolítico

La estrategia de seguridad nacional y la política de "América Primero” puede, de un lado, llevar a una mayor militarización de la política exterior de EE. UU. y a una mayor competencia con potencias rivales como China y Rusia, lo que puede aumentar la inestabilidad global, y de otro, puede llevar a una percepción de aislacionismo y unilateralismo en la escena internacional, lo que puede dañar las relaciones con aliados tradicionales y reducir la influencia de EE. UU. en la política global. Esto puede ser especialmente perjudicial en un mundo cada vez más interconectado, donde la cooperación internacional es crucial para abordar desafíos globales como el cambio climático, las pandemias y la seguridad cibernética.

 

La política de contención a China, pilar de la estrategia, se traduce en presiones directas sobre terceros países. Para Perú, esto se manifiesta en una creciente presión estadounidense para neutralizar proyectos de infraestructura estratégica con capital chino, como el puerto de Chancay, y para limitar futuras inversiones. Para un país como Perú, que busca diversificar sus alianzas y atraer inversión, esta dinámica de competencia impone una cautela adicional y complejidad a su política exterior, forzándolo a calibrar decisiones entre socios estratégicos.

 

III.            Las elecciones de medio término del 2026

 

Las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre de 2026 para el Congreso de los Estados Unidos traducirán en los discursos de campaña los impactos negativos o positivos de la Estrategia de Seguridad Nacional y de la política "América Primero".

 

Los comicios funcionarán como un referéndum donde los votantes juzgarán los impactos económicos y de seguridad en su vida diaria. Los candidatos traducirán estos temas a narrativas locales y partidarias, creando una batalla política cuyo resultado redefinirá la capacidad de la administración para ejecutar su agenda.

 

Este análisis deja en claro que el futuro de la estrategia "América Primero" no está escrito en los documentos de la Casa Blanca, sino en la experiencia cotidiana de los votantes estadounidenses. Los impactos internos aquí descritos —desde el precio de los bienes en el Medio Oeste hasta la percepción de seguridad en los suburbios— serán los que finalmente traduzcan una política presidencial en un veredicto electoral en noviembre de 2026.

 

Para Perú, esta dinámica es fundamental. No debe verse a la política exterior de EE. UU. como un monolito estático, sino como un proceso en constante evaluación y potencial corrección por parte de su electorado. La incertidumbre que esto genera —¿se mantendrá el impulso proteccionista? ¿habrá un giro tras las elecciones? — es el principal riesgo y a la vez la oportunidad. La diplomacia peruana, por tanto, debe priorizar el monitoreo de estos indicadores socioeconómicos y políticos internos de EE. UU. con la misma atención que presta a sus declaraciones oficiales.

 

El objetivo es anticipar escenarios, construir relaciones resilientes que sobrevivan a posibles cambios de rumbo en Washington, y posicionar los intereses peruanos de manera que sean viables tanto bajo la política actual como bajo cualquier ajuste futuro que imponga la voluntad del electorado estadounidense. En esencia, entender los impactos internos en EE. UU. es la clave para navegar con realismo su política exterior.

 

El objetivo es anticipar escenarios, construir relaciones resilientes que sobrevivan a posibles cambios de rumbo en Washington, y posicionar los intereses peruanos de manera que sean viables tanto bajo la política actual como bajo cualquier ajuste futuro que imponga la voluntad del electorado estadounidense. En esencia, entender los impactos internos en EE. UU. es la clave para navegar con realismo su política exterior.

 

Conclusión

Para el Perú, esta dinámica convierte a la política interna estadounidense en un factor de riesgo y oportunidad que exige una gestión exterior activa y preventiva. La potencial volatilidad generada por la política "América Primero" —con sus posibles giros bruscos en comercio, seguridad y alianzas— impacta directamente intereses nacionales críticos: el acceso preferencial a mercados para exportaciones tradicionales (minería, agroindustria), la cooperación en seguridad frente al crimen organizado transnacional, y el equilibrio geopolítico en la región, donde una retirada o confrontación unilateral de EE. UU. podría alterar el espacio de maniobra frente a actores como China.

 

La política exterior peruana debe, por tanto, operar en dos niveles simultáneos: un trabajo técnico continuo con la administración de turno en Washington para proteger los acuerdos concretos, y una diplomacia de Congreso y de estados clave (especialmente aquellos con intereses mineros, agrícolas o de seguridad vinculados al Perú), construyendo coaliciones de apoyo que trasciendan la polarización partidaria y amortigüen los vaivenes de la Casa Blanca. El objetivo no es solo reaccionar, sino blindar la relación bilateral institucionalizando sus beneficios en marcos legales, acuerdos subnacionales y alianzas multisectoriales, asegurando que los intereses de largo plazo del Perú perduren más allá del próximo ciclo electoral estadounidense

 


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