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Fabiola Morales / Miguel Grau, el hombre


Hoy, 8 de octubre, se celebra el Día de la Marina de Guerra y se conmemora el combate de Angamos donde se inmoló nuestro Héroe del Milenio, en una lucha desigual con el acorazado Cochrane que a las 09:50, en pleno combate, lanzó un cañonazo que impactó en la torre donde se encontraba el comandante del glorioso Huáscar, Miguel Grau.


El ilustre historiador, José Agustín de la Puente, escribió el voluminoso libro “Miguel Grau”, de donde rescatamos rasgos del hombre que se convirtió en héroe; porque los héroes no nacen, sino “se hacen” creciendo en virtudes, viviendo los valores y podando sus defectos a lo largo de su vida; ejercicio que no es fácil, porque es necesario empezar por reconocerse como “ser humano” frágil: “Yo no soy sino un pobre marino que trata de servir a su Patria…todo lo que puedo ofrecer es que si el Huáscar no regresa triunfante al Callao, tampoco yo regresaré”, manifestó antes de partir.


Escribió don José Agustín que para acercarse a la intimidad de Grau “es necesario conocer su actitud frente al otro, su vida familiar y religiosa, su vocación de marino y su sincero patriotismo que son quilates medulares de su personalidad”. Subrayó también, su compromiso ciudadano con la tierra donde vivió, estudió y nació como marino; porque Grau fue Diputado en el Congreso de la República, por la Provincia de Paita, cuando ésta geográficamente comprendía el Puerto, como las actuales provincias de Tumbes, Talara y Sullana.


Fue un marino y ciudadano preocupado por el Perú, en especial por la situación precaria que vivían las Fuerzas Armadas, como lo manifestó reiteradamente en el Parlamento, previendo una guerra como lo fue la del Pacífico; porque sabía de la rivalidad comercial con Chile y de su superioridad armamentística. Lamentablemente, no fue escuchado y en defensa de Bolivia, sufrimos un desastre con consecuencias funestas en todo del Perú.


Tenía un talante sobrio, era sencillo y la naturalidad era nota constante en su conducta, aun en momento difíciles y hasta dramáticos, apunta De la Puente y añade: “Grau manifiesta siempre respeto por la otra persona, uniéndolo a una sincera cordialidad. Esto se hace evidente en el trato con los miembros de su familia, especialmente con su esposa y sus hijos.”


Esta cordialidad y respeto, Grau la extendía a sus amigos, colegas y subordinados en la Marina. “Conoce perfectamente cuál es su sitio y cuáles son sus obligaciones y derechos, pero todo lo vive con sencillez y buenas formas” continúa describiéndolo el historiador. Rasgos genuinos del líder que, desde un puesto de mando, sabe valorar a sus colaboradores como personas y, en consecuencia, las trata bien, sin servirse de ellas como peldaños.


Su carácter, sin embargo, tendía a las actitudes duras; pero las supo cincelar en un proceso de autodominio que está en la raíz de la formación de su personalidad. “Posee la fuerza necesaria para refrenar odios y someter las tentaciones de venganza”. Hasta sus adversarios reconocen su señorío y dignidad en las horas de combate. Escribió don José Agustín


El maestro De la Puente, admiraba tanto al héroe y se le asemejaba tanto que nos acompañó a Paita para entregar una réplica de su curul del Congreso a la Municipalidad y en la Plaza de Armas nos regaló una Lección Magistral sobre el marino inmortal.


Miguel Grau, educado en la Escuela Náutica de Paita, numerosas veces hemos pedido que, en honor a sus raíces, se reabra esta Escuela para la formación de las nuevas generaciones.


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