Henrry Zaira / Hacia un modelo multipolar
- Henrry Zaira
- hace 32 minutos
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El sistema portuario peruano atraviesa una transformación que trasciende lo técnico y se inscribe en el plano político y estratégico. Durante décadas, la costa del Pacífico ha girado en torno al Puerto del Callao, convertido en el nodo central de la actividad marítima nacional. Sin embargo, hoy asistimos a un proceso de redistribución de funciones y poder que busca diversificar la estructura portuaria y reducir la dependencia de un solo enclave. Esta transición responde tanto a la necesidad de descongestionar el Callao como a la presión de integrarse en cadenas globales de valor, en las que los puertos han dejado de ser simples puntos de transferencia para convertirse en plataformas logísticas capaces de ofrecer servicios integrales, desde la recepción de mercancías hasta la entrega puerta a puerta.

La emergencia de nuevos polos portuarios en el litoral peruano abre la posibilidad de un modelo multipolar, en el que distintos puertos asumen roles complementarios y estratégicos. Tal diversificación no solo distribuye la carga física y operativa, sino que también democratiza el acceso a oportunidades de desarrollo regional, generando corredores económicos más equilibrados y reduciendo las asimetrías históricas entre Lima y las demás regiones. En este escenario, los puertos se convierten en catalizadores de inversión, innovación tecnológica y articulación territorial, capaces de dinamizar cadenas productivas locales y proyectarlas hacia mercados internacionales.
El tránsito hacia un sistema multipolar implica, además, repensar la gobernanza portuaria. La planificación ya no puede limitarse a la infraestructura física, sino que debe integrar la gestión digital, la seguridad logística, la sostenibilidad ambiental y la participación de actores públicos y privados. La competencia entre puertos se transforma en cooperación estratégica, donde cada terminal aporta ventajas específicas —ubicación geográfica, especialización de carga, conectividad terrestre o aérea— dentro de una red nacional que busca posicionarse en el comercio global.
En suma, el sistema portuario peruano se encuentra en un punto de inflexión: dejar atrás el modelo centralizado y avanzar hacia una arquitectura multipolar que fortalezca la resiliencia del país frente a las exigencias del comercio internacional. Este proceso no solo redefine la logística marítima, sino que también abre un horizonte de desarrollo regional más equitativo, donde los puertos se consolidan como motores de integración, competitividad y soberanía económica.
Los actores del nuevo sistema multipolar portuario
La configuración del sistema portuario peruano hacia un modelo multipolar no puede comprenderse sin atender a la irrupción de nuevos actores internacionales y nacionales que, con sus inversiones y estrategias, reconfiguran el tablero geopolítico y redefinen la soberanía logística del país. La presencia de capitales diversos en distintos enclaves portuarios expresa una dinámica de competencia y cooperación que trasciende lo económico, situándose en el plano político y estratégico de la integración global.
La influencia china en Chancay
Destaca, en primer lugar, la influencia de China, que a través de Cosco Shipping Ports impulsa el megaproyecto del Puerto de Chancay. Con una inversión de US$ 1,300 millones en su primera fase, este enclave se proyecta como un hub regional de alcance continental, capaz de conectar directamente la costa peruana con los mercados asiáticos mediante rutas directas y de reposicionar al Perú en las rutas del comercio transpacífico. El proyecto ha generado tensiones diplomáticas entre Estados Unidos y China, evidenciando que la infraestructura portuaria ya no es solo un asunto económico, sino un campo de disputa geopolítica (Infobae, 2026; La República, 2026).
La presencia europea en San Martín
Por su parte, Europa se hace presente mediante la Mediterranean Shipping Company (MSC), que a través de Terminal Investment Limited (TiL) ha adquirido el Puerto General San Martín en Pisco por aproximadamente US$ 200 millones (Puente de Mando, 2026; Indecopi, 2026). Esta inversión asegura la presencia de la naviera más grande del mundo en el sur del Perú, consolidando un hub agroexportador que descongestiona el Callao y fortalece la competitividad de la región de Ica. La operación refuerza la diversificación portuaria y consolida la presencia europea en la infraestructura logística nacional, aportando experiencia en gestión y operación de terminales de clase mundial.
El capital nacional en Matarani
El capital nacional también ocupa un lugar estratégico en este nuevo escenario. El Grupo Romero, mediante Terminal Internacional del Sur (Tisur) en el Puerto de Matarani, representa la continuidad de actores locales con capacidad de competir en un entorno globalizado. Ha extendido su operación hasta 2059 con una inversión de US$ 700 millones en modernización (Infobae, 2025; La República, 2025). Su especialización en minerales y granel lo convierte en el principal nodo logístico para la minería del sur y la conexión con Bolivia. Su participación reafirma la importancia de contar con operadores nacionales que aseguren la articulación de intereses locales y regionales en el sistema portuario.
El capital privado internacional en Paita
Finalmente, el capital privado internacional se manifiesta en el Puerto de Paita, a través de Terminales Portuarios Euroandinos (TPE), conformada por Yilport Holding (Portugal) y DP World Logistics. Este enclave se consolida como el eje agroexportador del norte, con planes de extensión de concesión por 30 años y nuevas inversiones para enfrentar fenómenos climáticos como El Niño Costero (Gestión, 2025; APN, 2024). Fortalece la conectividad del norte peruano y amplía la red de actores globales presentes en el país, consolidando la lógica multipolar que caracteriza la nueva etapa del sistema portuario.
El Puerto del Callao: el corazón que enfrenta desafíos
El Puerto del Callao, operado por APM Terminals y DP World, sigue siendo el corazón del comercio exterior peruano, movilizando más del 70% de la carga nacional. Sin embargo, enfrenta el dilema de la saturación y la necesidad de inversiones adicionales por más de US$ 2,300 millones para mantener su competitividad (La República, 2025; Rumbo Minero, 2025). Su hegemonía histórica se ve desafiada por la emergencia de nuevos actores y puertos, lo que obliga a repensar su rol en el sistema multipolar emergente.
Una nueva arquitectura portuaria
En conjunto, estos actores configuran un escenario en el que la soberanía logística del Perú se redefine bajo un esquema de interdependencia global. La coexistencia de capitales chinos, europeos, nacionales e internacionales privados no solo diversifica la infraestructura portuaria, sino que también plantea desafíos de gobernanza, regulación y articulación estratégica. El tránsito hacia un modelo multipolar exige una visión de política pública capaz de equilibrar intereses, garantizar la competitividad y preservar la autonomía nacional en un contexto de creciente complejidad geopolítica.
Integración: oportunidades y riesgos
La integración de los principales puertos del Perú con operadores logísticos internacionales constituye un proceso que redefine el papel de la infraestructura portuaria en el comercio global. Esta tendencia, marcada por alianzas estratégicas con actores como Mediterranean Shipping Company (MSC), DP World, Terminales Portuarios Euroandinos (TPE) y Cosco Shipping, ha permitido ofrecer servicios de transporte multimodal y soluciones completas de cadena de suministro. Los puertos peruanos se consolidan, así como plataformas logísticas capaces de articular transporte marítimo, terrestre y aéreo, respondiendo a las exigencias de cadenas de valor cada vez más complejas.
Las oportunidades derivadas de esta integración son múltiples. En primer lugar, se amplía la competitividad internacional de los exportadores nacionales, quienes acceden a redes globales de distribución con menores tiempos y costos. En segundo lugar, se promueve la transferencia tecnológica, especialmente en ámbitos de digitalización de procesos, trazabilidad de carga y gestión predictiva de flujos logísticos. Asimismo, la presencia de operadores internacionales contribuye a la profesionalización de la gestión portuaria, incorporando estándares de eficiencia y sostenibilidad que elevan la calidad de los servicios. La articulación con plataformas globales abre la posibilidad de diversificar mercados, reduciendo la dependencia de destinos tradicionales y ampliando la oferta exportadora hacia nichos especializados.
No obstante, este proceso también plantea riesgos que deben ser considerados en la formulación de políticas públicas. La creciente dependencia de operadores internacionales puede generar una pérdida de soberanía logística, al trasladar decisiones estratégicas sobre infraestructura crítica a actores externos. Asimismo, existe el riesgo de una asimetría tecnológica, en la que el país se convierta en usuario pasivo de sistemas digitales sin lograr una apropiación plena del conocimiento. La concentración de poder en grandes corporaciones globales puede, además, limitar la capacidad de negociación de productores locales y generar brechas de acceso para pequeñas y medianas empresas. La integración acelerada sin mecanismos de regulación adecuados puede derivar en impactos ambientales y sociales que comprometan la sostenibilidad de los territorios portuarios.
En este sentido, la transición hacia un modelo multipolar exige una visión crítica que combine la atracción de inversión extranjera con la preservación de la autonomía nacional. La política portuaria debe garantizar que la integración con operadores internacionales se traduzca en beneficios tangibles para el país, promoviendo la transferencia de conocimiento, la participación de capital nacional y la construcción de capacidades locales. Solo así el sistema portuario peruano podrá consolidarse como un actor competitivo en el comercio global, sin renunciar a su soberanía logística ni a su responsabilidad con el desarrollo sostenible.
Proyectos de futuro: Corío y Marcona
Un capítulo aparte merece la consideración de los proyectos de Corío y Marcona, que, de concretarse, podrían transformar de manera sustantiva el mapa portuario nacional hacia mediados de siglo. El Puerto de Corío, concebido como un megaproyecto multimodal con una inversión superior a los 7,000 millones de dólares, busca posicionarse como competidor directo de Chancay en escala y alcance, ofreciendo una plataforma logística internacional capaz de articular corredores bioceánicos hacia Brasil y Bolivia. Por su parte, el Puerto de Marcona, impulsado por la empresa china Jinzhao Mining, se proyecta como un terminal multipropósito con énfasis en la exportación de minerales como hierro y cobre, pero con potencial para dinamizar la agroexportación y el comercio regional en Ica y Apurímac.
Ambos proyectos, aún en fase de planificación, reflejan la creciente influencia de capitales extranjeros en la infraestructura estratégica del país. De materializarse, Corío y Marcona no solo complementarían la red existente —Callao, Chancay, San Martín, Matarani y Paita—, sino que podrían convertir al Perú en un verdadero hub portuario continental, con múltiples nodos especializados que redistribuyan funciones y equilibren intereses globales en el Pacífico.
proyección hacia 2050
Plantea un horizonte en el que el Perú podría consolidarse como un corredor logístico bioceánico, articulando rutas hacia Brasil y Bolivia y afirmando su papel como puente estratégico entre Asia y América Latina. Este escenario, sin embargo, no depende únicamente de la magnitud de las inversiones, sino de la capacidad del Estado para ejercer una regulación firme, garantizar la sostenibilidad ambiental y evitar que la competencia internacional erosione la soberanía nacional.
El desafío central no es solo atraer capitales, sino asegurar que estos se traduzcan en un desarrollo territorial equilibrado y en una mayor resiliencia frente a crisis globales. Si los proyectos de Corío y Marcona logran materializarse, el país podría convertirse en un verdadero hub portuario continental, con múltiples nodos especializados que redistribuyan funciones y equilibren intereses globales en el Pacífico. En esa perspectiva, el sistema portuario peruano se proyecta como un actor clave en la integración regional y en la construcción de un modelo logístico capaz de sostener la competitividad nacional en un mundo crecientemente interdependiente.




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